El Motor del Cambio

Pero hay algo más en ese proceso de transformación. Lo más importante, el ingrediente indispensable, la receta ineludible.

«Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda la ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve» (1 Corintios 13).

Las palabras de Dios parece que están bastante claras. Si no tenemos amor, de nada servirá todo el esfuerzo, toda nuestra perseverancia, valentía, amistades… ni siquiera mi cambio. Mi seña de iden­tidad es el amor, pues mi Dios es amor. Y aunque en todo este libro te voy a invitar a experimentar todo, a descubrir todo, a luchar, ser crítico y ser diferente, te animo, sobre todas las cosas, a entre­garte entero. ¡Eso es amor!

Cuando decides que lo principal en la vida no eres tú, sino los demás, comienza una verdadera transfor­mación en tu interior. Del amor es muy complicado hablar, porque el amor hay que vivirlo, experimentarlo, no se explica con palabras. Amar es saber valorar justamente a las personas, amar es extraer lo bueno, amor es sinceridad. Pon el amor como objetivo, busca la sencillez, porque la sencillez es amor, nuestro esti­lo de vida, nuestro modo de vivir. Mis padres no son perfectos, no son aquello que imaginé que eran cuan­do era niño. Se han equivocado cientos de veces, pero tienen amor, y eso es suficiente. Mis amigos, igual­mente, muchas veces son poco sensibles, fallan, pero aquellos que tienen amor, siempre están ahí. El amor mueve el mundo. El amor está en todas partes.

Cuando el amor es el motor de tu vida no te importa el sacrificio, ni el trabajo, ni la perseverancia, no te im­porta ser vulnerable y que otros puedan hacerte daño, porque el amor cubre multitud de fallos, como dice la Biblia (1 Pedro 4.8). El amor es el centro de nuestro mensaje, el amor es lo más determinante de la rela­ción con Jesús, el amor es la manera en que puedo entender a mi Dios.

Cuando me casé con mi mujer, fue algo increíble. A nuestra boda vino mucha gente. Teníamos ganas de compartir ese día tan especial con todos aquellos que nos rodeaban, y aprovechar para que no se fueran con las manos vacías. Queríamos transmitirles un mensaje transformador. Durante meses buscamos el presente que queríamos entregar a las personas, algo que no fueran los típicos cigarrillos, puros, licores y bombones. Tampoco el típico adorno que acabas tirando a la basura porque no le encuentras utilidad.

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