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Los medios masivos de comunicación han contribuido a que el ritmo de cambio llegue a ser tan vertiginoso que las consignas sean renovadas constantemente. Las noticias de ayer, hoy ya son parte del pasado. Muchas veces la reacción cultural a la información de los medios es la producción de dos mitos:

  • Si algo importante ha ocurrido se escuchará de ello en los medios.
  • Si no se vio en televisión, no se escuchó en la radio o no se leyó en los diarios, no es suficientemente importante.

Nada parece ser importante si no es transmitido por los medios y como conse­cuencia, estos se convierten en los dispositivos que manipulan la valoración gene­ral de la realidad. Es increíble pero para muchos jóvenes ver algo en una pantalla hace que ese algo sea mucho más atractivo que verlo en vivo.

Pero los medios no solo alteran los sucesos sino que a veces logran confundir lo real y lo imaginario. Cuando CNN transmitió en vivo la guerra del golfo, sentó un precedente en la historia. Por primera vez podía verse la sangre de los soldados, los misiles destruyendo ciudades o escuchar el clamor de dolor, en vivo desde el sillón de tu casa. Como resultado, para tus jóvenes se hace cada vez más difícil diferenciar lo que es real de lo sucede en las películas. Hoy parecerá ridículo, pero el día del atentado a las Torres de Nueva York yo estaba en Buenos Aires y vi lo que esta­ba ocurriendo desde el televisor de un restaurante. El hombre que estaba al lado mío me miró y me dijo: «¿Será verdad? Parece una película».

¿Qué del Internet? La mega red expone el mundo y permite todo tipo de interac­ción desde el aislamiento de una computadora portátil. Aunque existen dispositivos parentales para controlar esto, el acceso a material pornográfico por parte de ado­lescentes y niños es indiscriminado. El problema es que son especialmente los ado­lescentes y hasta los niños los que mejor manipulan la computación mientras que los padres no saben ni cómo prender el aparato.

Otra de las características de la sociedad condicionada por los medios es la lla­mada cultura de la imagen. Seguramente escuchaste la frase: «Una imagen habla más que mil palabras?’. Una de las notas sobresalientes de este ambiente es el videoclip. Desde la aparición de MTV en 1981, el videoclip se ha extendido de tal mane­ra que no hay hoy un programa televisivo o multimedia que no haga uso de este recurso. Los videoclips no tienen palabras, solo imágenes superpuestas a un ritmo vertiginoso que a su vez forman parte de la estética posmoderna.

Tenemos en frente una generación que se ha criado y se sigue desarrollando ante la sombra de lo que los medios masivos de comunicación ofrecen. Los mensajes que los medios transmiten directa o indirectamente, condicionan la autoestima, la voca­ción, el desarrollo volitivo, la moral y la socialización de las siguientes generaciones con un poder cada vez más determinante. Pero el imperio de la imagen y la cultura mediatizada no solo ha afectado a los adolescentes. Los medios han proyectado la adolescencia como la edad de la virtud desprejuiciada. Las modelos que en su mayo­ría son adolescentes de menos de 18 años son el paradigma de la imagen femenina vendida desde los medios. Revistas plagadas de mujeres y hombres con cuerpos adolescentes y recomendaciones de dietas para tener la cintura ideal, que solo una adolescente puede tener, han provocado un ideal estético que es acompañado por ropa y actitudes. En el caso de la delgadez, esta ha capturado el estado de valor supremo para la mayoría de los adolescentes de todo el mundo y probablemente ya puedes dar una conferencia de los problemas de bulimia y anorexia.

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