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Productividad por placer: En una era donde todo tiene que ser ya y ahora, queda poco espacio para pensar en producir para el futuro. Los jóvenes de hoy dicen que quieren disfrutar del momento. Nuestros abuelos tenían una especial fascina­ción con el trabajo. En especial para los hombres, su trabajo era todo. Había que avanzar y había que hacer. La publicidad nos llevó al extremo de quedar culturalmente embobados con cosas que predican producirnos instantáneamente esos tesoros por los que nuestros abuelos luchaban. Es increíble lo que las publicidades tratan de hacernos creer. «Si tienes una tarjeta de crédito el mundo está en tus manos. Si tienes una Pepsi serás aceptado por los de tu generación. Si tomas la cer­veza correcta unos ojos azules quedarán mirando a los tuyos. Nunca en la historia ha habido tantas formas de entretenimiento, tantos gustos, tantos productos ni tanta ropa. La industria del placer es un gigante. La vida será cada vez más cómoda y este cambio ira formando nuestra manera de pensar. Ya están lejos esos inmigrantes europeos que llegaron a América a sudar la gota gorda para trabajar la tierra. Si pue­des obtener placer sin esfuerzo eres genial para tus amigos. Relax era una mala palabra generaciones atrás, hoy es sinónimo de bienestar.

Rebeldía por indiferencia: A la juventud de los años sesenta y setenta le encan­taba la rebeldía social. Las protestas estudiantiles estuvieron de moda por años. Los primeros movimientos ecologistas empezaron a hacer sus reclamos naturales. El rock ‘n roll era el himno que sonaba y la onda era oponerse. No importaba mucho a qué rebelarse pero traía status. Desde la antigüedad los jóvenes eran considerados la mayor fuerza de cambio social y entre los 60 y los 70 se encargaron de gritarlo. Pero pese a las manifestaciones, los colores estridentes y los nuevos ritmos la sociedad se siguió moviendo en dirección a la corrupción y el materialismo consu­mista. El resultado fue que las nuevas generaciones instalaron la frase «qué me importa» como una expresión de sus sentimientos. Hablo con adolescentes y les pregunto qué piensan de la sociedad y de la política y a la mayoría no les interesa. «Son todos unos corruptos» es la respuesta más común. Algunos que piensan un poco más me dicen que no es posible cambiar nada porque es parte de todo un «sistema» corrupto. La mayoría ni piensa al respecto pero es evidente que las nuevas generaciones tienen mucho más interés en sí mismos y menos interés en la comu­nidad de lo que sucedía tiempo atrás. El razonamiento popular ha funcionado más o menos así: «Si nada voy a lograr, realmente no me interesa involucrarme». Por otro lado, si no hay disciplina no hay contra qué rebelarse.

Familia por multifamilia: Un tercio de los niños de Estados Unidos se van a la cama sin un padre en la otra habitación. En Argentina, la hermana menor de mi esposa era la única de su clase con una familia con papá y mamá en casa. Ocho de cada diez de los jóvenes del ministerio entre latinos que pastoreaba en California tenían uno de sus padres ausentes. Sean cuales sean las causas de cada ruptura familiar, Dios quiere que compartamos su amor y su poder con esta generación teniendo en cuenta la posición en que se encuentran. Mucho material para estudio bíblico y muchos sermones no tienen en consideración cuántos de los jóvenes que están en la iglesia viven esta situación y sin querer pecan de imprácticos o hasta hacen sentir culpables a los que heredaron este problema. Los hijos de estas fami­lias tienen hermanos compartidos con otros papás y mamás y muchas veces son criados por padres no naturales.

Logros por carácter: Alguien que llegaba a un puesto de reconocimiento era alguien. Se paraba un líder político, social o religioso y la gente escuchaba. Si una persona era médico, ingeniero, abogado, pastor o sacerdote, instantáneamente tenía el oído atento de los jóvenes que los admiraban por lo que habían logrado. Hoy los títulos no quieren decir nada. Se levantan los políticos, dan discursos con fuertes car­gas morales y ninguno de nosotros cree nada de lo que dicen. Esta generación no está segura de que los que llegaron lejos lo hicieron porque se esforzaron. Quizás hicieron trampa, quizás alguien les dio el dinero, quizás… Hoy se sospecha de los logros de los demás. Lo que cuenta es lo que somos en la realidad… Las nuevas generaciones van a estar más y más interesadas en ver gente que es consistente en todas las áreas de la vida. Fíjate en las expectativas puestas en los padres. Ahora puedes ver muchas publicidades donde el padre es el que tiene al niño en brazos y ve trayéndole el café a la cama a su esposa. Antes solo importaba que trajera dine­ro.

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