Pasaje Clave: Nehemías 7:37-73.

RECONSTRUYENDO GENEALOGÍAS 2
La laaaaaaaaaaaaarga lista de Nehemías es muy similar a la de Esdras, aunque existen algunas pequeñas diferencias. Puedes leer más acerca de esto en “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Esdras. Día 4”.
Esta genealogía lo ayuda a Nehemías a tener una idea clara de las diferentes familias que habitaban el territorio y especialmente qué familias sacerdotales estaban en condiciones óptimas de servir a Dios en el templo.
Hasta el versículo 36 (que leímos ayer) no hay mayores novedades salvo algunas pequeñas diferencias con la lista de Esdras, pero a partir del versículo 37 encontramos algunos datos importantísimos.
Vamos por partes.
Las familias sacerdotales (vs.39-42).
Las familias de los levitas (vs.43).
Las familias de los cantores (vs.44).
Las familias de los porteros (vs.45).
Las familias de los servidores del templo (vs.46-60).

Todas estas familias tienen algo en común: servían en el templo, en diferentes turnos, días y horarios, y todas tenían una responsabilidad específica ministrando a Dios y al resto del pueblo. Sus genealogías habían sido claramente comprobadas, por lo tanto estaban aptos para sumarse al ministerio y servir. Sin embargo, no a todos les fue tan bien.

¿Qué sucede con estas personas que afirmaban “pertenecer” a las familias de sacerdotes y levitas? (vs.61-64)
¡Uuuuuuhhhh! No pudieron demostrar su ascendencia israelita. ¡Chau! Fueron excluidos del sacerdocio.
Ellos “parecían” israelitas, viajaron desde el exilio con los israelitas, hablaban como israelitas y respetaban todas las costumbres israelitas, algunos incluso tenían “vocación” sacerdotal y se imaginaban a sí mismos sirviendo en el templo (¿o viviendo sin tener que “trabajar” la tierra como el resto de los israelitas?), sin embargo y a pesar de las semejanzas, no pudieron demostrar que fueran israelitas. ¡Y bueh! ¡A labrar tierras y criar animales! ¡No hay lugar para ustedes en el ministerio a Dios!

Puede sonarte duro, durísimo, pero con las cosas santas de Dios no se negocia. Los “extraños” no podían servir a Dios ni a los israelitas. Los servidores (fueran sacerdotes, levitas, cantores, porteros, etc.) tenían que ser auténticos israelitas, comprometidos con los valores y principios de Dios, fieles a la Palabra y temerosos de Dios.
Imagínate que se infiltrara un pagano con “apariencia” de santidad y que una vez adentro comenzara a tergiversar enseñanzas, a cambiar principios o a meter extrañas ideologías que confundieran a los más jóvenes e inexpertos. ¡Sería un desastre total! No se trata de “discriminar”, se trata de proteger la santidad del servicio a Dios.

NUESTRA GENEALOGÍA ESPIRITUAL
¿Quieres servir a Dios, ministrar a Dios? ¿Quieres servir como maestro, como líder, como pastor, como evangelista, como profeta o como apóstol? ¿Quieres utilizar tus dones y habilidades para servir a la iglesia y a la sociedad en general? ¿Quieres ser un profesional de Dios, un político de Dios, un artista de Dios o un deportista de Dios? ¿Y quieres hacerlo bajo la aprobación y bendición de Dios? ¡Genial! ¡Buenísimo! ¡Felicitaciones!
Entonces… ¡demuestra tu genealogía espiritual! ¡Demuestra que realmente perteneces al pueblo de Dios! No alcanza con “parecer”, tienes que “ser”.

Nuestra genealogía tiene su origen en Dios. Comienza con Él. Desde antes de la fundación del mundo, desde antes que tus padres pensaran en ti, desde mucho antes de tu nacimiento (y sin importar cómo fuiste engendrado y cómo naciste), Dios ya te había pensado, te había soñado y te había escogido. Naciste, pasaron los años y creciste, y un día te hiciste amigo/a de Jesús creyendo en Él y recibiéndolo en tu vida como tu Señor, y desde ese día, oficialmente hablando, fuiste adoptado/a hijo/a de Dios y te fueron dados todos los derechos, privilegios y responsabilidades de un hijo de Dios.
Desde ese día recibiste una nueva y eterna identidad. Eres conocido en el cielo, en la tierra y en el infierno como HIJO/A DE DIOS, aceptado, amado, escogido, perdonado, redimido, justificado, santificado, llamado, capacitado y glorificado. Lo que comenzó en el corazón de Dios (ese es tu origen real, el corazón de Dios), se completó ese día en el que decidiste creer en Él, recibirlo y seguirlo. Por lo tanto, eres apto/a para servir y ministrar a Dios independientemente de la edad que tengas. ¡Bienvenido/a! ¡Tu genealogía espiritual ha sido correctamente verificada! ¡Eres HIJO, eres HIJA y lo eres para SIEMPRE! ¡Perteneces a Dios y perteneces al pueblo de Dios!

Extracto del libro «Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Nehemías»

Por Edgardo Tosoni

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