Pasaje Clave: Lucas 15:13.

El futuro está en manos de los hijos. Ahora son ellos los que toman las decisiones importantes. Y el tiempo pasa y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos.
Juntarlo todo significa que vendió todas las posesiones que le correspondían y lo convirtió en dinero. Lo hizo rápido, probablemente lo vendió a un precio más barato por las prisas. Para una familia, las tierras eran la herencia más preciada, pero este hijo decidió vender su parte, con la vergüenza que eso supondría para su familia y su hermano mayor que veía como su patrimonio disminuía por las decisiones de su hermano. Toda una deshonra. Y ¿para qué quería hacerlo? para irse, para independizarse. No quería ningún vínculo con su familia. Vivía en la ilusión de que él, por sí mismo, podía vivir lejos. Y así lo hizo.
Y llegó a una provincia apartada; apartado de todo lo que había conocido hasta ahora, un nuevo mundo lleno de posibilidades, con una libertad que había deseado desde hacía tiempo. Sin normas, sin tener que rendir cuentas a nadie, la libertad ilusoria delante de él. Lejos de casa.
Y allí desperdició sus bienes.
¿Cómo? No lo sabemos. Más adelante su hermano mayor afirmará que lo derrochó con prostitutas, pero quizá solo fuera una acusación basada en el dolor. En cualquier caso “mal-gastó” lo que tenía. No produjo nada, porque no tenía tierras, no estaba en casa. Tenía muchos bienes, sí, pero limitados, siempre limitados. Y se limitó a vivir y a gastar lo que tenía. Su tiempo, su juventud, su inteligencia, fuerza, relaciones, posesiones, futuro, vida. Lo desperdició todo.
Como nosotros. Podemos tener muchos recursos, mucho tiempo, mucha fuerza e inteligencia. Pero todo eso, si estamos apartados, solo conseguiremos desperdiciarlo. Aunque tengamos muchos “bienes” siempre serán limitados. Siempre limitados. Olvidamos que todo eso es una herencia del padre, pero “apartados” la herencia se termina, tarde o temprano.
Queremos que la fuente de energía no se acabe nunca, que nuestras pilas alcalinas duren para siempre, pero eso no es posible. Apartados, separados de la fuente, todo acaba.
El hijo pródigo; así es como lo conocemos, como un derrochador de bienes, que no supo valorar lo que tenía.
Que malgastó todas sus posesiones. Porque él pensaba que la riqueza consistía en esos bienes, olvidando que lo más valioso que tenía era un padre, su mayor bien. Pero lo abandonó.
Y por eso, este hijo pródigo, lejos, apartado, perdido, malgastaba lo que tenía viviendo perdidamente.
Y este adverbio nos habla de una manera de vivir. Hiciese lo que hiciese lo hacía “perdidamente”.
Perdía fuerzas, perdía momentos, perdía vida. Perdía tiempo. Perdía herencia.
El tiempo, lo más valioso que tenemos, se pierde y nunca vuelve, y esta era la historia de este hijo.
Podía pensar que estaba disfrutando la vida, pero estaba perdiendo el tiempo. Creía que estaba madurando, pero estaba perdiendo el tiempo; creía que estaba construyendo su futuro, o ganando dinero, afianzando su autoestima, autorrealizándose, o haciendo historia, pero… Estaba perdiendo el tiempo.
Viviendo perdidamente.
Porque vivir perdidamente, vivir lejos, es desperdiciar los bienes, malgastar tu vida.
Porque lo importante no es si tienes mucho o poco de todo eso, sino quién eres y quién serás. Con o sin bienes.
Él creía que por fin era libre, pero estaba tomando un rumbo que le llevaría, casi sin darse cuenta, a la mayor esclavitud y humillación que jamás había experimentado.

PARA VOLAR

1. ¿Qué diferencias hay en la gestión de unos bienes cuando sabemos que son limitados, comparándolo a una gestión de bienes ilimitados?
2. Haz una lista de las 5 cosas más valiosas que posees, sean o no cosas materiales. Una vez hecha la lista, medita en qué dice de ti tu lista.
3. ¿Crees que la relación de este hijo con su Padre era su verdadero bien? ¿Por qué?
¿Qué implicaciones tiene esto en nuestra vida?
4. Piensa en dos o tres actitudes, comportamientos o costumbres de tu vida actual que quizá se podrían catalogar como “vivir perdidamente”.
Solo identifícalas y piensa por qué actúas como lo haces.

Extracto del libro “Perdido”

Por Alex Sampedro

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