Pasaje Clave: Lucas 15:3.

El público es un collage de actitudes, inquietudes, intenciones y resentimientos. Cada uno es de un padre y de una madre. Pecadores, fariseos, publicanos, escribas…
Gente de todos los estratos sociales, sensibilidades muy distintas, con niveles de educación y alfabetización diferentes. Intelectuales y parias, personajes de la política y callejeros, nativos y extranjeros de todas las edades. Pero todos expectantes por ver actuar a Jesús, para bien o para mal. Unos se quejaban, otros estaban comiendo, otros miraban con recelo, la tensión se olía en el ambiente. La sociedad en su conjunto esperaba una respuesta del Maestro. Ante tanta diversidad y necesidad ¿Qué haría Jesús entonces?
La situación era difícil de manejar.
Cada palabra que pronunciara sería juzgada, examinada. Años después sería puesta por escrito.
Millones de personas leerían, escucharían su respuesta. No sé si Jesús sería consciente de esto en ese momento, pero sin lugar a dudas la ocasión requería sabiduría, creatividad, amor, verdad, gracia y un poco de pedagogía, para que pudiera ser recordada. Jesús tenía todo eso de sobra, por eso él les refirió esta parábola.
En lugar de responder de manera sistemática y de frente nos cuenta una historia sugerente. No desarrolla argumentos lógicos que aplastan a sus oyentes sin dejarles opción, algo que nos encantaría hacer a muchos de nosotros.
Podría hacerlo, pero ese no es el estilo del Maestro.
Él exponía su pensamiento a través de una narración que era necesario que fuera interpretada por el oyente, de tal forma que la libertad humana no se viera vulnerada por el peso de las evidencias sino que podías ejercer tu libre albedrío para comprender su discurso y escoger comprenderlo o no. Así es Dios.
Podías incluirte en la historia o mantenerte al margen.
Era la verdad, pero solo para aquellos que la quisieran: “El que tenga oídos para oír, oiga” cobra sentido en esta actitud de Jesús. La voluntad humana y la divina se encuentran de manera misteriosa cuando Él habla. Su Palabra puede no ser obedecida, incluso podemos decidir no comprenderla, porque Dios siempre ejerce su soberanía respetando nuestra libertad. La decisión es nuestra: adentrarnos en su historia, formar parte de la parábola y que ella nos afecte de manera profunda o escucharla desde fuera, siendo un espectador pasivo que no comprende, que no quiere comprender que sus historias son en realidad las nuestras.
Las parábolas son narraciones breves extraídas de la cotidianeidad de los oyentes que contenían enseñanzas para la vida. Jesús establecía una comparación de la historia que contaba con algún principio del Reino de Dios. De maneras sencillas y concretas nos hacía ver “cómo son las cosas”.
¿He dicho sencillas? Perdón, quería decir complejas. Eran difíciles de entender, pero cuando las entendías eran sencillas. A veces Jesús las explicaba a los suyos, en petit comité y otras veces nos quedamos con las ganas de más luz al respecto. Pero siempre se gana nuestra atención por derecho propio.
Era un excelente comunicador. Me pregunto si la vida no es una parábola de Dios. Para ganar nuestra atención. ¿Qué nos querrá enseñar Dios? Quien tenga oídos para oír…
Aunque las parábolas no son alegorías, donde cada detalle tiene un simbolismo, un significado, la verdad es que en el evangelio de Mateo, Jesús en algunas ocasiones las explica como si fueran alegorías, como en el caso de la parábola del sembrador. No es tan fácil encasillar las historias de Jesús en un solo género.
Usualmente, Jesús introducía dentro de lo común algún detalle extraordinario que asombraba y por eso permanecía en la memoria de los que escuchaban. Algo importantísimo en una cultura de tradición oral. Sí, eran historias cortas, lo bueno si breve, dos veces bueno; pero estaban llenas de contenido, con un mensaje central, pero permíteme sugerir que los detalles también eran importantes para reforzar la enseñanza central. Era Jesús, y estaba haciendo obras de arte. A un artista no se le escapan los detalles de sus obras.
Jesús, nunca me cansaré de decirlo, era un genio, un Maestro de la enseñanza.
Por eso, todos querían escuchar lo que continuaría diciendo: ¿Y tú?

PARA VOLAR

1. ¿Qué observas en la forma en la que Jesús interactúa con las personas a través de parábolas?
¿Es un acercamiento amistoso, superficial, arriesgado, relacional, agresivo? ¿Por qué?
2. ¿Por qué usaba parábolas? ¿Qué ventaja tiene contar historias? ¿Vale siempre y para todos?
3. ¿Qué relación tienen las parábolas con nosotros? ¿Hablan de nosotros? ¿Cómo lo hacen?

Extracto del libro «Perdido»

Por Alex Sampedro

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