Pasaje Clave: Nehemías 12.

Dado que este es el capítulo de la dedicación de los muros de la ciudad, es bastante lógico que comience mencionando a los sacerdotes y levitas. Se mencionan a todos los sacerdotes y levitas que regresaron a Israel desde la época de Zorobabel (en el 538 A.C.) hasta la época actual de Nehemías en la que se narran estos acontecimientos. Veámoslos por partes:

1º Grupo.(vs.1-7). Esta primera lista corresponde a la época de Zorobabel. Son las primeras familias sacerdotales que regresaron del exilio. El sumo sacerdote en esa época era Jesúa.

2º Grupo (vs.8-9). Aquí se mencionan a los levitas que regresaron a Israel con Zorobabel.

3º Grupo (vs.10-11). Esta es la lista de los sumo sacerdotes desde la época de Zorobabel, comenzando con Jesúa, hasta la época de Nehemías.

4º Grupo (vs.12-21). Se mencionan otras familias sacerdotales, pero ahora el sumo sacerdote es Joiacim.

5º Grupo (vs.22-26). Nuevamente es el turno de los levitas bajo la supervisión de varios sumos sacerdotes que oficiaron como tales en diferentes épocas.

LA PREVIA DE LA FIESTA DE DEDICACIÓN
¿A quiénes convocan desde todas las ciudades de Israel para la gran fiesta de dedicación de los muros? (vs.27-29)
Todos ellos tendrán una función importantísima en esta fiesta. ¡Es un alto privilegio ser convocados y participar! ¡Es un acontecimiento histórico y sin precedentes! Esta será la primera vez (en toda la historia de Israel) que se dediquen los muros de una ciudad.
La Biblia nos cuenta de personas dedicadas a Dios, de objetos dedicados a Dios, incluso de ciudades dedicadas a Dios, pero es la primera vez que se dedican los muros de una ciudad a Dios. ¡Nadie quiere perderse esta fiesta!
Luego de la convocatoria vino la purificación.
¿Quiénes se purifican y qué purifican? (vs.30)
En algunos casos la purificación se hacía con agua. ¡Se bañaban! En otros casos la purificación era limpiando y sacando ropas y objetos inmundos o paganos. En otros casos la purificación era mediante la sangre de animales consagrados. Y en otros casos la purificación era una combinación de todas las anteriores. Pero, independientemente de cómo fuera, el objetivo siempre era el mismo: estar limpios en la presencia de Dios para servir a Dios.
Fíjate que las puertas y el muro también fueron purificados. Era una manera de consagrarlos a Dios y de dejar establecido que aquella ciudad era una ciudad santa. Jerusalén, ciudad santa para Dios.

¿Cómo andas de “purificación”? No me refiero a que si te bañas (¡se supone que debes bañarte!), me refiero a la purificación de tus ojos (lo que miras), tus oídos (lo que oyes), tu boca (lo que hablas), tus manos (lo que tocas, acaricias, golpeas o haces en general), tus pies (los lugares a los que vas) y tus pensamientos (lo que piensas y maquinas en tu cabeza).
Te purificas cuando confiesas tus pecados y crees que la sangre de Jesús te limpia y lava.
Te purificas cuando renuncias a todo aquello que te contamina y hace mal.
Te purificas cuando te cuidas de lo que miras, oyes y hablas.

¡QUE COMIENCE LA FIESTA!
Claramente la purificación de las puertas y del muro fueron parte de la fiesta de dedicación (vs.30). Pero hay más…
¿Cómo continúa la fiesta? (vs.31-39)
¡Alto espectáculo! Dos enormes coros avanzaban sobre el muro en sentido opuesto mientras hacían música, cantaban y alababan a Dios. Y parte del pueblo también los seguía caminando sobre estos ¡enormes muros! ¡Woooowww! ¡Tremendo espectáculo!
¿Qué sucede cuando ambos coros se encuentran? (vs.40-42)
En algún punto cercano a la puerta de las Aguas, el grupo dirigido por Esdras se encontró con el grupo dirigido por Nehemías y juntos entraron en los atrios del templo, ofrecieron sacrificios y disfrutaron a full.
¿Hasta dónde se escuchaba esta gran fiesta? (vs.43)
Si algún aburrido se había quedado en su casa podía oír lo que sucedía en la ciudad. Luego de décadas de cautiverio y dolor, volvían la fiesta, el disfrute y el gozo en el pueblo. Una vez más, Dios había sido bueno con ellos.

Nos dedicamos a Dios cuando pasamos tiempo con Él y su Palabra.
Nos dedicamos a Dios cuando tomamos decisiones de santidad.
Nos dedicamos a Dios cuando invertimos tiempo para servirle.

Extracto del libro «Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Nehemías»

Por Edgardo Tosoni

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