PASO 7: MALDICIONES CONTRA BENDICIONES

El último paso a la libertad es darle la espalda a los pecados de tus antepasados —padres, abuelos, bisabuelos, etcétera— y a cualquier maldición que pueda haber sido puesta sobre ti. Dios dijo cuando dio los Diez Mandamientos: «No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás, porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen» (Éxodo 20:4-5 BLA). Los malos espíritus pueden habernos sido pasados por miembros pecadores de las generaciones anteriores de nuestra presente familia. Nosotros no somos culpables de sus pecados, pero, debido a esos pecados pasados, Satanás ha ganado lugar en nuestra familia. Debemos renunciar a todos los pecados y maldiciones de nuestros antepasados y reclamar nuestra libertad espiritual en Cristo. Para caminar libre de las influencias del pasado, declara y ora lo que sigue:

Declaración: Desde este momento renuncio y repudio a todos los pecados de mis antepasados. Como uno que ha sido librado de los poderes de la oscuridad y trasladado al reino del amado Hijo de Dios, cancelo toda obra demoníaca que me haya sido pasada de mis antepasados. Como quien ha sido crucificado y levantado con Cristo y que se sienta con El en los lugares celestiales, rechazo cualquier asignación satánica dirigida a mí y cancelo toda maldición que Satanás y sus demonios me hayan puesto. Anuncio a Satanás y a todas sus fuerzas que Cristo fue hecho maldición por mí (Gálatas 3:13) cuando murió por mis pecados en la cruz. Rechazo todas y cada una de las maneras en que Satanás pueda reclamar posesión de mí. Yo pertenezco al Señor Jesucristo que me compró con Su propia sangre. Rechazo todo otro sacrificio de sangre por el cual Satanás puede reclamar posesión de mí. Me declaro eterna y completamente entregado y consagrado al Señor Jesucristo. Ahora, por la autoridad que tengo en Jesucristo, mando a todo espíritu familiar y a todo enemigo del Señor Jesucristo, que está dentro o alrededor de mí, que se vaya de mi presencia. Me consagro a mi Padre celestial y a hacer Su voluntad desde este momento en adelante.

Oración: Amado Padre celestial, vengo a Ti en mi calidad de hijo Tuyo, comprado por la sangre del Señor Jesucristo. Tú eres el Señor del universo y el Señor de mi vida. Te someto mi cuerpo como instrumento de justicia, sacrificio vivo para que puedas glorificarte en mi cuerpo. Ahora te pido, Padre celestial, me llenes con Tu Espíritu Santo. Me comprometo a renovar mi mente para probar que Tu voluntad es buena, perfecta y aceptable para mí (Romanos 12:2). Todo esto lo hago en el nombre y autoridad del Señor Jesucristo. Amén.

Una vez que hayas asegurado tu libertad dando estos siete pasos puedes hallar, días o meses después, que las influencias demoníacas tratan de volver a entrar. Alguien contó que escuchó a un espíritu que le decía a su mente «volví» a los dos días de haber sido liberada; esta persona proclamó en voz alta «¡No, no has vuelto!» y el ataque se detuvo de inmediato.

Una victoria no significa que la guerra fue ganada. La libertad debe ser mantenida. Seguirás libre en la medida que permanezcas en la justa relación con Dios. Si tropiezas y caes, párate al instante y sigue en armonía con Dios de nuevo.

Una víctima de increíbles atrocidades compartió esta ilustración: «La atadura espiritual es como ser forzada a participar en un juego con un tipo extraño, desagradable, que entró en mi casa. Yo seguía perdiendo y quería dejar de jugar, pero este tipo extraño no me dejaba. Al fin llamé a la policía —una autoridad superior— y ellos vinieron y sacaron al extraño. Cuando éste tocó a la puerta de nuevo intentando regresar, yo reconocí su voz y no lo dejé pasar».

Hermosa ilustración de nuestra libertad en Cristo. Pedimos ayuda a Jesús, la autoridad suprema en cielo y tierra y Él saca al enemigo de nuestras vidas. Sin embargo, nosotros somos responsables de no dejarlo entrar de nuevo. Debemos conocer la verdad, paramos firmes y resistir al maligno. Únete a un grupo de jóvenes de la iglesia y comprométete a pasar momentos diarios habituales estudiando la Biblia y orando. Dios te ama y nunca te abandonará ni te desamparará.

ENCUENTRO CON LA VERDAD

Lee: Gálatas 5:1. Reflexiona: Encontrar la libertad en Cristo es el resultado de confesar, perdonar, renunciar y abandonar…

  • ¿Cuál de estos aspectos es el que más te resulta un desafío?
  • ¿Hay algo en que puedas pensar que te impida vivir libre en Cristo hoy?
  • ¿Hay algunos pasos que te parece tienes que repasar?
  • ¿Cuáles pasos fueron los más significativos o animadores para ti? ¿Por qué?
  • ¿En qué formas crees que podrás compartir este mensaje de libertad con otros muchachos y chicas que pueden estar luchando?

Responde: Ora y dale las gracias a Dios por la libertad que nos ofrece. También ora comprometiéndote a seguir creciendo y caminar en libertad.

Extracto del libro Rompiendo Las Cadenas Edición Para Jóvenes

Por Neil T. Anderson y Dave Park

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