El tema principal del Nuevo Testamento es la posición que disfrutamos en Cristo por medio de nuestra fe en El. Esta es la buena noticia: Cristo en ti y tú en Cristo. Pero si hay un tema negativo en el Nuevo Testamento que resume la oposición que encaramos de parte de Satanás cada día, este es la decepción. Hay tres maneras, por lo menos, en las que Satanás trata de alejarte de la verdad de Dios y engañarte para que creas sus mentiras: el autoengaño, los falsos profetas y maestros, y los espíritus engañadores. Somos el blanco del engaño del diablo en esos tres aspectos si no llenamos nuestras mentes con la verdad de la Palabra de Dios.

CUIDADO CON ENGAÑARTE

¿Es realmente posible que los cristianos se autoengañen? Sí, muy posible. La Biblia revela varias maneras de engañarnos que tenemos los cristianos.

1. Nos engañamos a nosotros mismos cuando oímos la Palabra, pero no la hacemos (Santiago 1:22; 1 Pedro 1:13). Oímos el sermón del pastor o la lección del estudio de la Biblia que nos explica el líder de jóvenes y decimos «¡Vaya, eso sí que es una gran verdad!” y salimos, apurados, para compartirlas con otra persona, sin pensar cómo se aplica a nuestras propias vidas. Santiago dijo que se engaña la gente que oye la Palabra, pero no la hace (1:22).

2. Nos engañamos a nosotros mismos cuando decimos que no pecamos o no tenemos pecado (1 Juan 1:8). La Biblia no dice que somos pecado, sino que es posible que pequemos y es posible que el pecado resida en nuestros cuerpos (Romanos 6:12). No somos santos sin pecado sino santos que pecamos ocasionalmente. Importa reconocer las propias fallas, confesarlas a Dios y recibir Su perdón. Se dirige a una gran caída aquella persona que se engaña a sí misma ignorando su conducta pecadora y la cual permite que se acumulen sus pecados… Cuando vivimos obedeciendo la Palabra de Dios y tratamos nuestro pecado diariamente, evitamos que se armen los terremotos espirituales grandes en nuestra vida. Si seguimos diciendo «no tengo pecado» o si no admitimos nuestras fallas a Dios cuando Él nos hace convictos de ellas, estamos listos para «el grande».

3. Nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que somos mejor de lo que somos (Romanos 12:3; Gálatas 6:3). Decimos: «Pero yo sé quién soy; soy hijo de Dios, estoy sentado con Cristo, todo lo puedo en Cristo, y esto me hace ser muy especial». Sí, somos muy especiales a los ojos de Dios pero somos lo que somos por la gracia de Dios (1 Corintios 15:10). La vida que llevamos, los talentos que poseemos, y los dones que hemos recibido no son logros personales sino expresiones de la gracia de Dios. Nunca debemos vanagloriamos por lo que Dios provee; antes bien, que sea nuestro deleite hacer cosas que glorifiquen al Señor.

4. Nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que somos más inteligentes de lo que somos (1 Corintios 3:18-19). A veces somos tentados a pensar que somos tan inteligentes como Satanás, el dios de este mundo. Cada vez que pensamos que podemos ganarle en viveza al diablo por cuenta propia, nos volvemos blancos especiales para ser alcanzados por uno de sus astutos trucos. Sin embargo, Satanás no es rival para Dios. Importa mucho que nosotros no nos confiemos en nuestra propia inteligencia, sino que empleemos la mente de Cristo y lo pongamos primero en todos nuestros caminos (Proverbios 3:5-6; 1 Corintios 2:16).

5. Nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que somos buenos cristianos, pero no controlamos nuestra lengua (Santiago 1:26). Nada entristece más a Dios que cuando hablamos mal de otras personas en vez de edificarlas con nuestro hablar. Nunca debemos usar la lengua para difamar al prójimo; en cambio, tenemos que edificamos unos a otros con lo que decimos. Si la lengua está descontrolada, nos estamos engañando al creer que nuestra vida espiritual está bien.

6. Nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que nuestros pecados no tendrán sus consecuencias (Gálatas 6:7). Como cristianos pensamos, a veces, que tenemos privilegios especiales y que nuestros pecados no tendrán malas consecuencias. Pero tendremos que vivir con los resultados y consecuencias de nuestros pensamientos, palabras y acciones, exactamente como si fuéramos incrédulos.

7. Nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que pueden ser cristianas las personas que viven totalmente en pecado (1 Corintios 6:9-10). Una compañera mía de trabajo —Neil— llegó a la oficina una mañana completamente desecha. Acababa de enterarse que su hermana mayor, la cual había llevado a Cristo, se había alejado de Dios y estaba viviendo con otra mujer homosexual; esta hermana le había alegado que «mi estilo de vida no importa. Dios me ama y estoy perdonada». Mi compañera estaba destrozada y confusa. Le mostré 1 Corintios 6:9-10. La hermana de mi compañera, y otras como ella, están completamente engañadas. Llevar una vida consistentemente pecadora es una evidencia fuerte de que la persona no está en buena relación con Dios. Estamos absolutamente engañados si creemos que nuestro hacer no tiene que alinearse con nuestro decir.

8. Nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que podemos andar siempre en mala compañía sin que nos influyan (1 Corintios 15:33). Mi cuñado —Dave— fue criado en una sólida y amante familia cristiana así que creía que podía andar en malas compañías sin ser afectado por ellas, pero fue tentado a alejarse tanto de sus valores que, efectivamente, se hizo parte de un aborrecible grupo de odio, conocidos como los pelados.

¿Significa esto que no debemos ministrar a los inmorales? No, debemos compartir a Cristo con ellos, pero si nos sumergimos en su ambiente y nos pasamos todo el tiempo con ellos, nuestro ministerio va a verse disminuido al fin de cuentas, y nuestra moralidad será afectada en forma negativa.

Extracto del libro Rompiendo Las Cadenas Edición Para Jóvenes

Por Neil T. Anderson y Dave Park

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