LAS ARENAS MOVEDIZAS DE LA ACUSACIÓN

Importa mucho para nuestra victoria diaria en Cristo que aprendamos a resistir las acusaciones de Satanás. Todos nos hemos sentido, a veces, como un Don Nadie sin valor alguno. Cuando nos sentimos como un Don Nadie sin valor alguno, nos comportamos como tal sin valor alguno y nuestras vidas sufren hasta que resistimos a Satanás y volvemos a vivir triunfantes. Pero el diablo nunca se da por vencido y tratará de desanimarnos más a menudo y mantenernos en el suelo por más tiempo, disparándonos una falsa acusación tras otra. Si no seguimos resistiéndole podemos llegar a ser blancos de ataques aún más graves de su parte.

Lo que le pasó a Janelle es un caso extremo, pero muestra lo que puede pasarle a un cristiano que no se para firme frente a Satanás el acusador. Janelle era una joven cristiana con graves problemas emocionales que fue traída a mi oficina —de Neil— por su pastor ya anciano. El novio de Janelle, Curt, los acompañaba. Luego de presentarme a Janelle y a Curt, el pastor se levantó para irse. Entonces le dije: «Un momento, prefiero que se quede con nosotros».

El pastor dijo: «Mi corazón no está muy fuerte». Le aseguré que no pasaría nada ese día que pudiera afectar su corazón, ¡yo no tenía idea de lo que iba a pasar! y «además, usted es su pastor y yo apreciaría su apoyo en oración». El pastor accedió, pero de mala gana.

Mientras Janelle me contaba su vida me di cuenta que Satanás, el acusador, había hecho, realmente, una obra completa con ella. Janelle había sido víctima de un abuso tras otro desde su niñez y en su adolescencia. Su trasfondo abarcaba también una relación enfermiza en el pasado con un novio que estaba metido en el ocultismo. A través de los años ella había llegado a creer las mentiras de Satanás que la acusaban de ser la causa de sus problemas y que ella no valía nada ni para Dios ni para nadie más. Esta muchacha se veía a sí misma como enterrada en el fango.

Al reconocer la familiar estrategia del diablo dije: » Janelle, podemos ayudarte con tus problemas porque hay una batalla que se libra por tu mente la cual Dios nos ha dado autoridad para ganar». Janelle se puso en blanco de repente, mientras yo le decía esas cosas. Se sentó tan quieta como una piedra, los ojos vidriantes fijos en el vacío.

«¿Ustedes la han visto antes así?» —le pregunté al pastor y al novio. «No» —me contestaron, con los ojos muy abiertos, estaban realmente asustados. «Bueno, en realidad no hay de qué preocuparse. Yo lo he visto antes. Vamos a tomar autoridad sobre esto pero es muy importante que ustedes dos estén bien seguros de que su relación con Dios es buena para evitar que la influencia demoníaca se pase a ustedes» —dije.

Conduje al pastor en una oración parecida a las que hay en el Capítulo 12 de este libro. Cuando me volví para dirigir a Curt en oración, él empezó a temblar. «Curt, ¿hay algo entre tú y Dios que no está bien?» —le pregunté—. «De ser así, te sugiero que lo aclares ahora mismo». Dada la situación ¡el muchacho no necesitó mucho más impulso! Empezó a confesar sus pecados hasta el hecho de que él y Janelle tenían relaciones sexuales. Le aconsejé que terminaran eso y él dijo que así lo haría. Mientras tanto, ella seguía sentada, inmóvil, totalmente en blanco.

Después que oramos juntos, enderezando así su vida con Dios, le di a Curt un papel con una oración para que la leyera. Janelle volvió a la vida en cuanto él empezó a leer. Dejó escapar un gruñido, se levantó de un salto y le arrebató el papel de las manos a Curt. Satanás trató de usar lo repentino de sus acciones para asustamos y, por un instante, me quedé estupefacto, pero esto era sólo otra de sus tácticas para que nos echáramos atrás por-el miedo. Me dirigí a la influencia demoníaca en ella: «En el nombre de Cristo y por Su autoridad, te ato a esa silla y te mando que te sientes ahí».

Desearía haber podido filmar en video a esa chica ese día para mostrarle a los incrédulos lo que pasa cuando Satanás es confrontado por la autoridad de Dios. Fue como si la Mujer Maravilla hubiera atado a Janelle a la silla. Se sentó allí, retorciéndose, atada por las cuerdas de la autoridad de Dios. Sus ojos fulminaban a Curt con odio, lo cual era otra prueba del poder demoníaco que la controlaba. Janelle no odiaba a Curt sino que lo amaba; iban a casarse pero Satanás odiaba que sus fortalezas en Curt y Janelle estuvieran siendo demolidas y su odio se desplegaba en la cara de ella.

Curt terminó de leer la oración mientras Janelle seguía retorciéndose en la silla. Entonces oré: «Señor, declaramos nuestra dependencia de Ti pues nada podemos hacer separados de Cristo, ahora, en el nombre y autoridad del Señor Jesucristo, mandamos a Satanás y a todas sus fuerzas que dejen libre a Janelle y sigan atados para que ella sea libre para obedecer a Dios su Padre celestial». De repente Janelle se desplomó en su silla y salió del trance.

Le pregunté: «¿Te acuerdas de algo de lo que hemos estado haciendo aquí?». «No, ¿qué pasó?» —respondió con expresión de sorpresa. «Nada para preocuparte. Satanás ganó de alguna forma un sostén en tu vida pero queremos guiarte por los pasos a la libertad en Cristo». Una hora después Janelle estaba libre.

¿Qué derecho tenía Satanás de controlar a Janelle como lo hacía? Solamente el derecho que ella le dio rindiéndose a sus mentiras. Satanás la había convencido que era prácticamente indigna y sin valor alguno. Así que vivió en el borde de la inmoralidad y andaba metida en el ocultismo, cosa que dio aún más lugar a Satanás para obrar en su vida y controlarla parcialmente. Cuando ella renunció a su compromiso con el pecado y con Satanás, quedó anulado su agarre en ella y tuvo que irse.

Las engañosas acusaciones de Satanás no producirán en la mayoría de nosotros la clase de atadura que vimos en la vida de Janelle. Pero si el diablo puede hacer que dudes de tu valor para Dios o de tu efectividad como hijo de Dios por medio de sus acusaciones, puede impedir que vivas para Dios. Examina tus sentimientos. Cautiva todo pensamiento. No creas nada que diga de ti el diablo pues es mentira. Cree todo lo que Dios dice de ti pues es la verdad que te hará libre.

ENCUENTRO CON LA VERDAD

Lee: Zacarías 3:1-7. Reflexiona:

  • ¿Qué es una acusación? ¿Nos condena o acusa Dios alguna vez? ¿Cuál es la diferencia entre acusación y convicción?
  • ¿Cuáles son algunas acusaciones que Satanás usa para desgarrar a los creyentes actualmente? ¿Por qué, a veces, resulta difícil ignorar esas acusaciones?
  • ¿Por qué, a veces, tratamos de ganarnos el amor y la aceptación de Dios, aunque ya la tenemos? ¿Por qué es difícil pensar que somos justos, aunque Dios dice que lo somos?
  • Cuando sientes que estás siendo acusado por el enemigo, ¿cómo debes responder? ¿En qué formas debes actuar diferente cuando se trata de manejar la acusación?

Responde: Ora y proclama a Dios quién eres tú en Cristo. Agradécele que ahora no hay castigo para quienes están en Cristo y que Satanás no sea capaz de acusamos de nada que la sangre de Cristo no cubra.

Extracto del libro Rompiendo Las Cadenas Edición Para Jóvenes

Por Neil T. Anderson y Dave Park

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