Andrés encontró primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos encontrado al Mesías (es decir, el Cristo). (Juan 1:41).

Ser discípulo involucra toda tu vida. No puedes decir que lo eres si algún rincón de tu existencia no está comprometido con tu Señor.

Hacer discípulo es una actividad de tiempo integral. No puedes decir que lo eres, si hay momentos en tu día en los que no estás aprendiendo de tu Maestro.

A partir de hoy, vamos a meditar en la vida de cada uno de los doce prime­ros discípulos que Jesús tuvo durante su ministerio terrenal. Un grupo de muy poco valor social, que -moldeado por la mano de Cristo- transformó el mundo y la historia.

Andrés y su amigo Juan eran seguidores de Juan el Bautista, a quien aban­donan para intentar transformarse en discípulos de Cristo.

La primera lección nos la da Juan el Bautista, quien no reclama, no protes­ta. no muestra ningún tipo de sentimiento negativo frente a la pérdida de sus seguidores. Al contrario, apenas ve llegar a Jesús -quien se había bautizado el día anterior- repite su sentencia profética (“Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»), con la que anima a los dos jóvenes a seguir al gran Maestro.

La segunda lección es que podemos estar en un camino bueno, pero si Dios tiene un camino mejor, es nuestra obligación seguirlo.

Juan el Bautista era bueno, Cristo era mejor. El único que sabía eso era el profeta del desierto. Pero no podía ser quien Dios había elegido para la tarea de preparar el camino para el Mesías si no compartía esa información con los otros.

Es posible que tú estés siendo el culpable de la no decisión de alguien a favor de Cristo no porque estés hablando contra el Señor, sino porque no estás diciendo nada. En este caso, guardar silencio es pecado.

La tercera lección es esta: cuando Andrés encontró al Mesías, busca a su hermano y le cuenta su hallazgo. No es un maestro, no es un predicador, no es una estrella. Él es un ser humano común que, luego de su encuentro con Cristo, se transformó en un misionero, en el sentido más profundo del término. Andrés buscó a Pedro, su hermano, lo llevó hasta Cristo y lo dejó decidir.

Hace lo que todo cristiano debe hacer cuando encuentra la verdad: contárselo a aquellos que quiere. ¿Tú lo hiciste?

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

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