PALABRAS DE ESTEBAN OBANDO

La identidad sexual es algo que aprendemos desde que somos niños. Hasta me atrevería a decir, sin ser absolutista, que esa identidad es construida en el hogar. Desde que nacemos somos enseñados a ser lo que somos. Es en casa donde al varón se le modela masculinidad y donde a la niña se le modela femineidad. Y no estoy refiriéndome a modelos machistas donde el «macho» es muy «macho» y la mujer se limita. Estoy hablando de modelos sanos, que le dan a la persona una identidad adecuada. Una identidad de acuerdo al plan y propósito de Dios.

Sé que al decir estas cosas me estoy enfrentando a toda una sociedad que predica la libertad de escoger y de actuar según el deseo de cada persona. Pero creo que el plan perfecto de Dios es que cohabiten juntos el varón y la mujer, cada quien con sus características únicas, de acuerdo a la forma en que Dios mismo nos creó. ¡Por eso nos dio una familia! Porque era su plan que un padre con una identidad sana y una madre con una identidad sana les modelaran tanto la masculinidad como la femineidad a sus hijos.

El gran problema hoy en día es que la generalidad de las familias no siguen el modelo bíblico de cómo una familia debería ser. No voy a adentrarme a criticar a nadie, ni a ningún modelo, porque no tengo esa autoridad. Pero sí puedo decir que las nuevas generaciones están recibiendo un mensaje distorsionado de cómo Dios pensó a la familia, y por ende están recibiendo un mensaje distorsionado de cómo Dios pensó la identidad sexual.

¿Qué podemos hacer entonces? ¿Cuál debería ser el papel del consejero y de toda la iglesia ante esta situación? Creo que nunca llegaremos a tener la influencia que tiene una familia de sangre, pero podemos acercarnos bastante, siendo una familia para muchas personas. ¡Es la iglesia la que deberá mostrarles y modelarles una identidad sana a las nuevas generaciones!

Seamos honestos: esto no se modela en una sesión de consejería. Ya desde el inicio del libro dijimos que la consejería que estamos proponiendo no es aquella donde el «paciente» saca cita y pretendemos arreglar su vida en una sesión de 50 minutos. Aquí estamos hablando de relaciones significativas, de tiempo de calidad, de una inversión a largo plazo… Sin embargo, el rol del consejero también debe incluir el modelar una identidad sexual adecuada para sus chicos.

¿Te has puesto a observar alguna vez cuántos de tus niños o adolescentes en la iglesia vienen de familias no tradicionales, rotas, o incompletas? Te garantizo que, si haces el ejercicio, te encontrarás con una realidad muy alarmante. Muchos varones, por ejemplo, no crecieron con su padre, por lo que no tienen realmente muy claro el modelo de masculinidad. Un joven en mi iglesia (a quien quiero mucho) viene de una familia con el padre ausente. ¡Y es interesante ver su dinámica conmigo! Él es casi 20 años más joven que yo, y a pesar de que yo soy su autoridad en la iglesia, para él es muy complicado respetar esa autoridad. Curiosamente, él no es así con mi esposa. A ella le tiene un gran respeto, y toma muy en cuenta las cosas que ella dice. Un análisis rápido de la situación te dirá que evidentemente desde su niñez este joven aprendió muy bien a sujetarse y a respetar la autoridad femenina (ya que fue su mamá quien lo crio, y lo hizo «a la antigua»), pero no ocurrió lo mismo con la autoridad masculina (ya que papá nunca estuvo en casa). Entonces un día este muchacho se encuentra llegando a una iglesia donde la autoridad principal es un valor, y su cerebro entra en conflicto. ¿Cuál es el trabajo que debemos hacer con este joven? Comprenderlo y enseñarle en amor, sin discriminación, que la autoridad ha de respetarse (sea varón o mujer) para que haya una dinámica adecuada.

Este es un ejemplo de cómo los adolescentes vienen ya «programados» para actuar de cierta manera, de acuerdo a como fueron enseñados (intencionalmente o no) desde niños. La iglesia, entonces, de la mano con los consejeros, tiene que ayudar a modificar esta identidad hacia una más sana y funcional. ¿No te parece que es una responsabilidad enorme?

Extracto del libro “Manual de Consejería Para el Trabajo con Adolescentes”

Por autores varios.

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