HABLEMOS ESPECÍFICAMENTE ACERCA DE LA IDENTIDAD SEXUAL

Entendemos por identidad sexual a la percepción que alguien tiene de sí mismo en cuanto a sentirse hombre o mujer, en función de sus características físicas o biológicas. No soy genetista, así que no hablaré de eso, pero está claro que nacemos ya sea varón o mujer; no hay otra opción. Tampoco es la intención de este libro ahondar en aquellos casos, muy particulares, donde hay algún tipo de alteración en la fisiología de un individuo. Estoy hablando de lo general, de lo que casi siempre sucede. Por eso decimos que el ser humano es un ser sexuado, es decir, es un ser que nace con uno de los dos diferentes sexos, hombre o mujer.

Ahora bien, es desde este punto de vista que en la iglesia enseñamos lo que Dios quiere referente al género de cada persona. Si en la iglesia hubiera personas que modelen bíblicamente la forma de actuar y de hablar referente a su sexo, no necesitaríamos nada más. No habría necesidad de enseñanzas ni de predicaciones al respecto. ¡El ejemplo es un arma tan poderosa que sería todo lo que un niño o adolescente necesitaría!

Si en casa no se da esa educación adecuadamente, es la iglesia la que debería dar ese ejemplo. Deberíamos enseñar allí que el varón también abraza y dice «te amo». Que respeta y honra a la mujer. Que está bien para un varón mostrar el lado sensible, pero que también puede tomar cartas en el liderazgo y sacar adelante un dilema. Que puede levantarse de la mesa y servirle un plato de comida a su esposa, y que esto no afecta en nada su masculinidad. Deberíamos enseñar en la iglesia que la mujer también abraza y dice «te amo». Que respeta y honra al varón. Que está bien para una mujer mostrar el lado sensible, pero que también puede tomar cartas en el liderazgo y sacar adelante un dilema. Que puede levantarse de la mesa y servirle un plato de comida a su esposo, y que esto no refleja para nada indicios de machismo. ¡La iglesia está conformada por personas de distinto sexo que se aman y se sirven el uno al otro!

La iglesia, entonces, se vuelve un lugar de educación sexual. No solo desde el punto de vista genital o reproductivo, sino de la identidad que Dios diseñó para la raza que él mismo creó. Si logramos hacer de la iglesia un lugar donde nos protegemos y nos enseñamos, sin filosofías machistas ni feministas, sino desde el punto de vista de que tenemos el mismo valor aunque diferentes funciones y formas de ser, entonces estaremos influyendo a muchas personas para que, más adelante, ellas puedan reproducir un modelo de sexualidad bíblico, sano, funcional, y pleno.

Por esta razón, es muy importante que haya hombres y mujeres con familias sólidas que puedan funcionar como «padrinos» y ejemplos para los adolescentes que no tienen eso en su casa. ¡Anímate a involucrar en tu ministerio gente que pueda modelar estas cosas a los más jóvenes!

MI MEDIA NARANJA

Finalmente, quiero recordarte que en nuestros medios muchas veces hemos escuchado la expresión «encontrar mi media naranja», la cual implicaría que los solteros son personas incompletas que necesitan encontrar a ese alguien especial, preparado para él o ella, de modo de poder llegar a ser seres completos. ¡Tenemos que modelar estas cosas correctamente en la iglesia! Debemos hacerles saber a los solteros que ellos, en Jesucristo, están completos. Como dice Colosenses 2.10: «…y en él (Jesús), que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han recibido esa plenitud (están completos)».

Solteros o casados, si estamos en Cristo, estamos completos. Menciono este tema porque muchas veces afecta a los solteros, que creen que algo sucede en su identidad sexual por no tener pareja. Tienes el gran reto de formarles el criterio de que ellos solos ya están completos en Cristo, y de que no necesitan que alguien venga a llenar ningún vacío. La pareja que ellos eventualmente consigan será para compartir la plenitud, no para alcanzarla.

Extracto del libro “Manual de Consejería Para el Trabajo con Adolescentes”

Por autores varios.

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