«¿Qué le pasó a Harry?» La mujer que me hablaba por teléfono se refería a su antiguo amante. Harry era un sumo sacerdote del satanismo; él había conocido a Cristo y estaba libre de la tremenda esclavitud que lo había atado a la oscuridad. Ella me dijo que le había insistido a Harry para que saliera del satanismo, pero nunca esperó un cambio tan grande como el que le había ocurrido, y quería algunas explicaciones. Le dije que con todo gusto me reuniría con ella para conversar al respecto, así que quedamos en vernos en mi oficina. Cuando me empezó a contar de sí misma, ella mencionó que era cristiana, pero yo tuve mis dudas; le pregunté en qué se basaba su salvación y, confirmando mi sospecha, sus respuestas estuvieron repletas de su propia justicia. Me di cuenta que estaba tratando con una persona sumamente engañada. «Cuando Harry y yo estábamos juntos» —continuó ella—, «íbamos a una iglesia católica y ‘ella’ le hablaba allí a Harry».

«¿Quiere decir que una monja venía y aconsejaba a Harry?» —le pregunté. «No, ‘ella’ hablaba a través de mí». De repente se hizo la luz. «¿Usted dice que alguien dentro de usted se comunicaba con Harry usando su voz y que esta persona era una mujer?». Ella asintió diciendo: «No sólo era una mujer, sino que era irlandesa». «Escuche —dije—, la Biblia nos dice que probemos los espíritus, ¿probó alguna vez a este espíritu?». «No, no tuve razones para hacerlo» —dijo. «¿Estaría dispuesta a hacerlo ahora?» —le pregunté. «Seguro que sí» —me contestó.

Oré: «En el nombre de Jesucristo te ato y te mando que te calles, espíritu, a menos que yo te ordene hablar. Ahora, en el nombre de Cristo te mando que te identifiques hablando a la mente de Evelyn». Yo quería que ella me dijera lo que escuchara. Una expresión de asombro cubrió su cara: «Dice que es Maggie McKendall», y entonces tuvimos una conversación los tres: yo dirigía mis preguntas al espíritu en esta señora. El espíritu respondía mis preguntas hablando a la mente de Evelyn, cosa que ella oía claramente en su cabeza, tal como me oía a mí con sus oídos. Luego, ella me decía lo que oía.

«¿Qué edad tienes Maggie McKendall?» —le pregunté. «La vida del alma no tiene edad». «¿Por qué viniste?». «Para ayudar a los santos en la lucha». «¿Estuviste viva en este planeta?». «Sí». «¿Cuándo moriste?». Evelyn respondió que Maggie McKendall decía haber muerto en Irlanda en los años 70 de este siglo.

Si tú conoces tu Biblia, sabes que yo no hablaba con una cristiana irlandesa muerta, de nombre Maggie McKendall, que había vuelto en espíritu para ayudar a los santos en la lucha. El relato del rico y Lázaro que hace Jesús en el pasaje de Lucas 16:19-31, muestra claramente que hay un abismo inmenso que no se puede pasar entre los vivos y los muertos. Nadie que cruza de la vida a la muerte puede volver. El único Espíritu que Dios ha mandado para que nos ayude en la lucha es el Espíritu Santo.

Yo ya estaba seguro, a esa altura de la conversación, de estar tratando con un demonio que engañaba a esta señora para que creyera que le iba a ayudar. Así que continué con una pregunta que, yo sabía iba a denunciar al espíritu: «Maggie McKendall, ¿es Jesús tu Señor?». «Sí» —respondió Evelyn por el espíritu.

Yo me quedé perplejo en realidad. He ahí un espíritu obviamente del reino de las tinieblas que confesaba ¡a Jesucristo como su Señor! Yo he preguntado a muchos otros espíritus lo mismo. Algunos responden enojados que ¡No!; otros, «Sí, Jesucristo es Señor», pero cuando los presiono preguntando si Jesucristo es su propio Señor, ninguno ha dicho que sí. En este caso, ella no me decía la verdad de lo que oía o algo estaba muy mal. «¿Encarnó Jesucristo?» —continué preguntando. Su respuesta me volvió a tomar por sorpresa: «Sí».

Yo estaba totalmente sorprendido de que el espíritu que controlaba a esta mujer, proclamara a Jesucristo como Señor. Terminé rápidamente la sesión y ella se fue. Cuando iba camino a mi casa, de momento comprendí: ¡yo también había sido engañado! Yo no había estado hablando al espíritu sino al papel que ese espíritu estaba desempeñando, el de Maggie McKendall. Probablemente hubo una irlandesa cristiana con ese nombre que murió en los años 70, y el demonio en Evelyn desempeñaba ese papel. Mientras que yo siguiera interrogando a Maggie McKendall, el demonio tenía la libertad de responder en la forma en que Maggie hubiera contestado: «Sí, Jesucristo es mi Señor».

Ahora cuando me enfrento a un espíritu que intenta imitar a una persona del pasado, le digo sencillamente: «Eso es mentira; tú eres un espíritu maligno». Entonces, si la persona lo quiere, la conduzco por los pasos a la libertad. También he aprendido a no conversar con los espíritus diabólicos en absoluto y no creer nada de lo que digan. Jesús nos advirtió en Juan 8:44.

UNA AUTORIDAD REBELDE ESTA EN CONTROL

Vivimos en un mundo que está bajo la autoridad de un gobernante malo. Dios creó, originalmente, a Adán y su raza para que gobernaran la creación, pero Adán transfirió su autoridad a Satanás por medio del pecado, y Satanás, se convirtió en el rebelde apoderado de la autoridad. Jesús lo llamó «el príncipe de este mundo» (Juan 12:31; 14:30; 16:11). Satanás gobernó desde Adán hasta la cruz. La muerte, resurrección y ascensión de Cristo aseguró para siempre la autoridad final para el Señor Jesús (Mateo 28:18). Esa autoridad ha sido dada a todos los creyentes en la Gran Comisión para que podamos continuar Su obra de destruir las obras del diablo (1 Juan 3:8).

LOS PODERES EXISTENTES

La mayoría de los cristianos están de acuerdo en que Satanás es un ser vivo responsable del mal que hoy tenemos en el mundo, pero, cuando uno empieza a decir que los demonios están vivos y activos en este mundo, muchos son los cristianos que resisten: «¡Un momento! Yo creo en el diablo, pero no me trago esto de los demonios».

Piensa en esto: ¿cómo realiza Satanás su ministerio mundial de maldad y engaño? El diablo es un ser creado. No es todopoderoso ni lo sabe todo. No puede estar en todas partes tentando y engañando a millones de personas al mismo tiempo. Él lo hace por medio de un ejército de seres espirituales —demonios, espíritus malignos, ángeles caídos, etcétera—, que ejecutan su plan de rebelión en todo el mundo.

Quizás la mejor descripción del malvado ejército espiritual que acosa al pueblo de Dios, es la que se encuentra en Efesios 6:12. Se desprende claramente de los versículos que rodean este pasaje, que los principados, las potestades, los gobernadores de las tinieblas de este siglo, las huestes espirituales de maldad que se nos oponen son seres espirituales del mundo espiritual.

Hemos sido hecho blanco de los demonios repetidamente, sin embargo, esto no es algo que nos asuste y tampoco debiera serlo para ti. Juan prometió: «Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4). Tú tienes autoridad sobre la actividad de Satanás y tienes la armadura de Dios que te protege. Cada vez que Satanás ataque tú debes fortalecerte «en el Señor, y en el poder de su fuerza» (Efesios 6:10). Ponte conscientemente en las manos del Señor y resiste a Satanás hablando la Palabra de Dios. Tú te abres a los misiles del diablo solamente cuando caminas por vista en lugar de caminar por fe o cuando andas en la carne en lugar del Espíritu.

¿Qué debemos hacer en cuanto a la jerarquía de poderes demoníacos de Satanás? ¡Nada! No tenemos que preocuparnos por los demonios. Tenemos que centramos en Dios y en nuestro ministerio. Tenemos que fijar los ojos en Jesús, compartir el Evangelio, amarnos unos a otros y ser los embajadores de Dios en nuestro mundo caído.

Extracto del libro Rompiendo Las Cadenas Edición Para Jóvenes

Por Neil T. Anderson y Dave Park

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