Yo —Dave— leí la impactante novela de William Golding, El Señor de las moscas cuando cursaba la enseñanza media. Quizá tú la hayas leído también en la clase de inglés o literatura. El tema del libro trata de un grupo de muchachos que queda en una isla sin supervisión de adultos. Empiezan tratándose con amabilidad y respecto, como habían sido enseñados, pero, en un momento dado, aparece, dominante, el lado malo de sus naturalezas, lo cual produce odio, violencia y hasta asesinato.

El título del libro está, en realidad, tomado de una referencia bíblica a Satanás. Belcebú, uno de los nombres que recibe el diablo en la Biblia, significa, literalmente, «el señor de las moscas». Este es uno de los títulos que mejor retrata al diablo pues Satanás es como una apestosa mosca que acarrea enfermedades, listo para molestar e infectar a todo creyente con sus tentaciones, acusaciones y mentiras.

Este retrato de Satanás cobró formas en mi esposa Grace, y en mí un verano en que volvíamos a casa después de un viaje que había durado casi un mes. El primer indicio que tuvimos de que algo andaba muy mal vino al abrir la puerta de la casa, y ser recibidos por un ejército de moscas que salió zumbando. Las moscas fueron seguidas por un terrible mal olor que nos golpeó directo en la cara; obviamente algo estaba muerto y descompuesto dentro de la casa. Ya teníamos arcadas para cuando llegamos a la cocina debido al mal olor y, allí en el suelo, frente a nuestra congeladora estaba la fuente del olor; la puerta de la congeladora se había abierto de alguna forma y se había caído un pollo congelado. El ave podrida tenía casi dos veces su tamaño original y latía y burbujeaba como si estuviera viva. Durante nuestra ausencia el pollo se había descongelado y se había transformado en una sala de maternidad de moscas. Cuando traté de coger el hediondo cadáver con pala y escoba, se reventó y salieron miles de gusanos que se retorcían desparramándose por el piso de la cocina, ¡casi nos desmayamos!

Este grotesco cuadro ilustra adecuadamente cómo es el diablo. El revolotea en torno a las personas que están espiritualmente muertas o que viven fuera de armonía con Dios. Planta sus mentiras en nuestras mentes y, si no le resistimos con la verdad, sus malas ideas nos comen como si fueran gusanos, desgarrándonos.

Golding pretende que creamos que el «señor de las moscas» es el lado malo y bestial de la naturaleza humana, no Satanás, el ser que gobierna el lado oscuro del mundo espiritual. Satanás pretende que creamos que él no existe realmente y que el mal es solamente una debilidad humana. Efectivamente, el diablo no quiere que creamos que el mundo espiritual existe en absoluto.

Sin embargo, el retrato del mal que hace Golding es incompleto. Tenemos tres enemigos muy presentes y personales: las malas influencias del mundo, la carne —nuestra tendencia a manejar nuestra vida sin Dios— y, al que menos importancia se le da hoy, el diablo. Satanás es un ser real pero invisible. Él y sus demonios están vivos y activos en nuestro mundo actual, pero, como lo ilustra la novela de William Golding, ha tenido mucho éxito en convencer a la gente que ellos son malos, y que él, el maligno, no existe.

Muchos son los que se han abalanzado en loca carrera al lado oscuro del mundo espiritual mientras los cristianos siguen averiguando la realidad de Satanás y la influencia de los demonios. El movimiento de la Nueva Era enseña que somos dioses y podemos crear realidad con nuestras mentes. Los analizadores de la Nueva Era —que realmente son médiums de espíritus— pueden ser oídos en programas de radio y televisión jactándose de sus guías espirituales —que son, en calidad, demonios.

La parasicología —el estudio de lo oculto— está siendo aceptada como «ciencia» en nuestras universidades. La fascinación con lo sobrenatural sigue creciendo, como puede verse en la popularidad de las películas del tipo Los Cazafantasmas, Campo de sueños, Fantasma, Un fantasma bullicioso y El Exorcista. El poder de seducción del satanismo se hace cada vez más creciente en nuestra cultura.

La fascinación con lo sobrenatural aumenta hasta en nuestras escuelas cristianas. 26% de los alumnos de enseñanza media cristianos, a quienes entrevistamos, han jugado con un tablero ouija, 20% ha probado con la astrología, 16% ha jugado Dungeons & Dragons y 12% ha dejado que le lean la palma de las manos.

La curiosidad por lo oculto y el atractivo del saber y poder sobrenaturales han atrapado a muchos en la telaraña del diablo. Para evitar esta trampa debemos entender este mundo desde la perspectiva de Dios.

Extracto del libro Rompiendo Las Cadenas Edición Para Jóvenes

Por Neil T. Anderson y Dave Park

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