LA CONSEJERÍA Y EL APRENDIZAJE DE LOS NIÑOS: ¿CÓMO PODEMOS VINCULARLOS?

Conocí a Rita cuando ella cumplió 8 años. Llevaba un vestido amarillo, con encaje en sus mangas. Su cabello, largo y negro, le llegaba hasta la cintura, y usaba una diadema de flores. Ese día en nuestra iglesia habíamos planeado un tiempo especial de cantos. Unos ochenta niños fueron parte. Queríamos que fuera un tiempo donde no solo cantáramos, sino donde todos pudiésemos entender lo que decían las canciones y abrirle nuestro corazón a Dios. Debo admitir que no soy buena cantando, pero ese día me limité a cerrar mis ojos y a cantarle a Dios como nunca antes. Al terminar la canción, abrí mis ojos… y ella estaba a mi lado, con sus manos levantadas, y con un llanto que jamás había visto en una niña de su edad. ¡Sabía que Dios había empezado a trabajar en su corazón y en el mío!

Lee Proverbios 8:4. Toda consejería está basada en la sabiduría de Dios, su buen juicio y su inteligencia. Es nuestro deber generar estrategias que le permitan al niño o niña alcanzar su máximo potencial, y para ello es fundamental crear sesiones que le den ese acceso al conocimiento de Dios sobre la vida para obtener las herramientas prácticas para su desarrollo. Cuando se piensa en consejería, la mayoría de las personas tienden a creer que es una actividad o acto que se realiza para personas adultas. Sin embargo, existe otro grupo. Una población que necesita ser aconsejada y atendida de una manera distinta, pero no menos profesional. ¡La niñez se encuentra vulnerable ante la vida! Con realidades complicadas, y la necesidad de tomar decisiones sobre cómo enfrentar las situaciones de los adultos, o personales, que les afectan de manera directa.

Rita era parte de esa población. Al llegar a la clase luego de ese momento de canto, le sonreí y la abrace. Entonces me dijo: «Maestra, no sé cómo decir esto, porque tengo miedo. Siento ganas de llorar al escuchar la canción, pues cada vez que mi papá golpea a mi mamá, ella escucha esa canción y llora. Y hoy que la escuché, sentí que Dios me amaba. Ahora entiendo por qué mi mamá la canta y viene a la iglesia.»

El aprendizaje significativo no debe estar distante del proceso de acompañamiento a un niño. Para Rita fue una canción y un abrazo, pero cualquier cosa puede convertirse en un detonante que lleve a un niño a abrir su corazón y dejar que Dios empiece a transformar su vida. Cuando se trabaja el acompañamiento personal de la niñez, se deben tener en cuenta ciertos aspectos didácticos que permiten vincular la consejería al aprendizaje, generando así un ambiente de crecimiento integral. A través de los siguientes principios podemos enlazar estos elementos y generar un ambiente en el que la niñez absorba el acompañamiento de una forma dinámica y que perdure.

ESCUCHAR

Cuando Rita me compartió esta situación, un millón de pensamientos vinieron a mi cabeza. Pensé en la posibilidad de realizar denuncias, y en cómo poder protegerla de un ambiente violento. Me vino a la mente la voz de mi líder, cuando me repetía una y otra vez el protocolo para la atención de casos de violencia doméstica. Intenté recordar todos los pasos para no perderme ninguno. Y luego, en medio de todos esos pensamientos… entendí que era tiempo de escuchar, de no decir nada, de no planificar. Era el tiempo de Rita, y yo solo debía crear el ambiente propicio para que ella pudiese decir todo lo que Dios había empezado a trabajar en su corazón.

Probablemente al leer esto tú estés pensando que la música le tocó las emociones y entonces ella recordó una situación que le provocó tristeza. Yo también lo pensé. Pero luego, al escuchar lo que ella me decía, no tuve duda de que Dios había empezado a trabajar en su corazón para que pudiera ser guiada a tomar decisiones que cambiarían la clase de vida que había llevado hasta el momento. Siempre he considerado que escuchar es darle una oportunidad al corazón de la otra persona para hablar. Al no interrumpirla y dejar que ella escuchara sus propias palabras, que no tardaron más de 5 minutos, quedó en evidencia un vació en su corazón que necesitaba ser llenado y aconsejado. A la edad de 8 años no se suele conversar mucho sobre los sentimientos. Por eso yo sabía que debía valorar su confianza y no presionarla para que me contara más detalles.

Comentario de Esteban Obando: Lee Santiago 1:19. Uno de los puntos importantes en el tema de escuchar es el respeto que tengamos por la otra persona. No digo que habitualmente no se respete a los niños, pero muchas veces creemos que ellos no saben nada y que, por lo tanto, debemos ser nosotros los que hablemos. ¿Alguna vez has escuchado el reclamo de un niño que te dice: «¡Pero papá, escúchame!»? Mis hijos a menudo me recuerdan de esta manera que ellos también son personas, y que aunque no han vivido lo que yo he vivido, ni saben lo que yo se, igualmente se merecen el respeto de mi escucha. ¡Debemos estar listos para escuchar!… Puede que sus intervenciones sean más ingenuas o inocentes, ¡pero son igualmente valiosas! Son piezas de un rompecabezas lo que nos dan con cada palabra, y esto nos ayuda a armar el cuadro de lo que sucede en sus vidas para así poder darles consejos o acompañarlos de una manera más acertada. El escuchar a un niño requiere humildad y paciencia. Implica doblar las rodillas, ponernos a su altura (emocional y física), e intentar entender lo que le está sucediendo.

Extracto del libro Manual de Consejería Para el Trabajo Con Niños.

Por Esteban Obando y Autores Varios

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