Extracto del libro “Cuidado! Llegaron los adolescentes”

Por los sexólogos cristianos José y Silvia Cinalli.

Antes de empezar es necesario que se tome el tiempo de leer las dos partes de esta temática (Parte 1 y Parte 2) así puede comprenderlo/a en su totalidad. Dios lo bendice!

“Ninguna otra forma da actividad sexual es discuta tan frecuentemente, se condena con tanta seguridad y se practica tan universalmente, como la masturbación”. L. Dearborn

¿Qué es la masturbación?

Es acariciarse los genitales por placer. Las chicas utilizan los dedos para tocarse la vagina y el clítoris. Los varones hacen lo mismo con su pene.

¿Es verdad que produce locura?

No es verdad.

La masturbación:

  • No te producirá locura.
  • Ni te saldrán granitos.
  • No te volverá ciego.
  • No te hará crecer verrugas o pelos en las manos, como muchas perso­nas creían en el pasado.
  • No agrandará tu pene. El pene no es un músculo y su tamaño no cam­bia por la ejercitación. Muchas veces se escucha la frase de que “la función hace al órgano”, queriendo significar que es necesario ejercitar el pene para que se desarrolle, ya sea mediante relaciones sexuales o, en su defecto, por la masturbación, pero esto no es verdad.
  • No te hará perder la memoria.
  • No te producirá anemia.
  • No debilitará tu cuerpo.

Antes se creía que la masturbación debilitaba el cuerpo, ablandaba el ce­rebro y conducía a la impotencia, la locura y, finalmente, a la muerte. Si­glos atrás se creía que provocaba locura; se hablaba entonces de “la locura masturbatoria” y cuando se descubría a alguien masturbándose, se lo “trataba”. El tratamiento consistía en baños fríos, ejercicio físico, exhorta dones morales y, si no daba resultado esta terapia, se podían quemar los genitales o ampollarlos, mutilar el pene o el clítoris y, cuando las técnicas quirúrgicas mejoraron, se extraían los testículos o los ovarios. ¡Más aún un método de tratamiento era una forma de tortura!

¿Por qué se condena?

La masturbación es una actividad autoerótica. El que se masturba tiene por finalidad generar placer en su propio cuerpo y el pensamiento de placer = pecado está muy arraigado en nuestra mente y en nuestras costumbres cristianas. Por siglos se ha enseñado que todo lo que no lleve a un sexo reproductivo es pecado y, por ende, se rechazaba o prohibía. Pero no siempre el placer debe asociarse con el hedonismo. Tampoco el autoerotismo con el pecado.

El tema esencial con la masturbación, radica en cómo se vivencia. Dado que la Biblia no es clara en este punto, debemos ser abiertos en su con­cepción. Si alguien lo vivencia como pecado, para el tal es pecado.

De ello hablaba Pablo cuando decía que por amor al hermano, uno debía abstenerse de ciertas cosas, y nosotros queremos abstenernos de ser rígidos en este tema.

No queremos colocar sobre los jóvenes una carga tan pesada, que mu­chos clérigos no se atreven a moverla ni siquiera con un dedo.

No podemos ser dogmáticos con aquello en que la Palabra de Dios no lo es.

La categorización de pecado no podemos hacerla con la masturbación, a menos que sea compulsiva, obsesiva, que no pueda controlarse o genere disturbios en otras áreas, como el trabajo o los estudios; o determine ais­lamiento, por vivir en un sueño imaginario. Todos estos acontecimientos tienen que ver con la psicología alterada del individuo más que con la mas­turbación en sí. Sólo que seguimos asociando (por causa del mito) la mas­turbación a locura, cosa que es mentira. Locura es la que determina esos comportamientos y no al revés.

Neil T. Anderson comenta una experiencia personal en estos términos: “Sugerí a la clase que hiciese preguntas. Entonces un joven me preguntó: “¿Qué creen los cristianos en cuanto a la masturbación?”. Antes que pu­diera contestarla, otro joven se puso de pie y en voz alta dijo: “Yo me mas- turbo todos los días”. El aula quedó en silencio; los demás estudiantes es­peraban mi respuesta. -¡Te felicito! – le dije – pero, ¿puedes dejar de masturbarte? El joven se quedó callado el resto del tiempo. Cuando se terminó la clase, él esperó a que todos salieran. Se acercó a mí con tono burlón. – ¿Y por qué querría dejar de hacerlo? – Yo no te pregunté si querías dejar de hacerlo – le contesté-. Te pregunté sí podías dejar de hacerlo, porque si no puedes, lo que tú crees que es libertad, realmente, es esclavitud”.

La misma consideración que hacemos sobre la masturbación podríamos hacerla con los que se convierten en esclavos del trabajo, de algún depor­te, de la ropa fina, de la TV, etc. Son pecados. Sin embargo, somos pro­pensos a ver como extremadamente dañino, sucio, impuro y pecaminoso al hábito masturbatorio pero solemos alabar como virtuoso al esclavo del trabajo.

¿Cuántas veces viste que se condene a alguien por trabajar 16 horas al día sin tener tiempo para la familia o el servicio a Dios? Pero seguramente has visto cientos de condenados por la masturbación.

Ahora bien, ¿es necesario masturbarse?

NO. Dios ha provisto al cuerpo los medios para abstenerse de toda práctica sexual como modo de vida, en caso de decidirse así. Para ello, ocurren las poluciones nocturnas y la reabsorción de esperma a partir de los testículos.


MAS INFO

PARTE 2: HABLEMOS DE MASTURBACIÓN (PARTE 2)

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