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«Pequeñas cosas hechas con gran amor cambiarán al mundo.» Anónimo

No sé cómo fue que llegaste al ministerio juvenil. Las razones pueden haber sido claras o confusas, pero no fue un error del cielo. Por algo Dios te colocó en esta posi­ción estratégica y por algo también está este libro en tus manos. Hay una palabra que no me canso de repetir en relación al ministerio juvenil y es POTENCIAL.

No importa si eres un veterano o si recién estás empezando. Los líderes juveni­les tenemos la oportunidad de afectar la iglesia quizás como ningún otro grupo ministerial. Durante la adolescencia además de sumar nuevos conocimientos los seres humanos confirman o niegan lo valores aprendidos durante la niñez. Por eso la juventud es el momento justo en que un o una líder puede alterar el curso de la vida de una persona y por ende de su futura familia. Mi anhelo cuando estoy con líderes juveniles es asegurarme de que sean conscientes de los talentos que han sido puestos en sus manos por el diseñador de la vida.

Este libro fue escrito pensando en darte ideas y herramientas para tu propio minis­terio. Pero no podemos dejar de hacer una reflexión para la iglesia como cuerpo. El ministerio juvenil debe ser inteligentemente abrazado por la Iglesia entera. No solo porque representa una oportunidad inigualable de crecimiento, impacto y expansión sino porque es una fiel respuesta al llamado de Dios a alcanzar a cada generación.

Se hace obvio que la iglesia debe hacer algunos ajustes respecto a cómo se trató la problemática del ministerio juvenil hasta ahora y cuál es el tipo y volumen de capacitación que los líderes juveniles reciben. Quizás lo primero que debe ocurrir para que la iglesia se movilice a un nuevo nivel de efectividad es hacerse consciente de las posibilidades, oportunidades y exigencias del ministerio juvenil. Debe ocu­rrir una concientización, un proceso de acción a través del cual los creyentes des­pertemos a la realidad de nuestra situación socio cultural, y avancemos más allá de las limitaciones y alineaciones a las que estuvimos sujetos hasta ahora. No simple­mente una nueva teoría sino un nuevo accionar. Un ejemplo: Sería muy raro escu­char a pastores que digan que el ministerio juvenil no es importante. Sin embargo al hacer una investigación cabal es fácil notar que muchas iglesias que podrían no tienen presupuestos para el ministerio juvenil, no les compran materiales a los líderes, ni se les ocurre invertir en el entrenamiento de los mismos pagándoles con­venciones o seminarios de capacitación.

Si trabajar con la juventud es vital para la iglesia, todos deberíamos estar sepa­rando de nuestro dinero, tiempo y recursos varios para invertir en el liderazgo juve­nil. En el nivel de la praxis debemos reconsiderar nuestras prioridades y hacer los ajustes administrativos apropiados. Es cierto que hoy la mayoría de nuestras ciuda­des son tierra de urgencias, pero lo importante no debe perder su lugar y la iglesia debe colocar al ministerio juvenil como una de sus prioridades si queremos seguir en sano y más activo crecimiento en las próximas décadas.

Al leer lo anterior quizás pienses: «Bueno yo soy el o la líder juvenil y no sé cómo hacer consciente de esto al resto de mi congregación. Si hago un reclamo pensa­rán que solo estoy velando por mis intereses». Supongamos que tienes la posibili­dad de hablar con todo el cuerpo de ancianos o toda la mesa de gobierno de tu con­gregación. Estas son algunas palabras que se podrían usar ante esa oportunidad: «Queridos, eméritos, escogidos, ungidos, sacerdotes del Dios más alto —eem, bueno quizás eso no te hace falta—, los adolescentes pueden ser un contenedor de contradicciones, increíblemente honestos o cabezas duras y a veces asombrosa­mente inmaduros en su toma de decisiones. Pero ellos son la generación dirigente de las próximas décadas y el pulmón de las iglesias florecientes de hoy. Los jóve­nes son el legado que una iglesia local le deja a su barrio y también a su nación, y por su desarrollo algún día le vamos a responder a Dios si fuimos o no buenos mayordomos de sus crisis y potenciales. Por eso es que debemos invertir seria­mente en tener un ministerio juvenil efectivo».

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