Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. (Mateo 1:21).

Esta es la meditación más fácil de escribir… o la más difícil. Podría simplemente decirte: “Piensa en Jesús y actúa como él», y tu día estaría completo. La gente con la que te relaciones verá la diferencia en tus actitudes, en tu compromiso con la verdad, en tu postura frente a la vida. Simple, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no lo hacemos?

Ahí es donde esta meditación se transforma en la más difícil. ¡Sabemos tanto y hacemos tan poco! ¡Tenemos tanta luz y vivimos en medio de tanta oscuridad! ¡Qué complicados que somos!… Creo que meditar en Jesús nos ayuda a entender que su ministerio no terminó en Belén, ni en el río Jordán ni en el Calvario. El ministerio de Cristo continúa en el cielo, porque él no desistió de ti.

El ministerio terrenal de Jesús estuvo marcado por lugares y personas que lo rodearon. Belén, José, María, los pastores y los magos. El río Jordán, punto de encuentro con Juan el bautista, los primeros discípulos y las primeras multi­tudes. El Getsemaní, lugar de decisiones eternas a favor de los hombres, y de traición de sus amigos. El Calvario, lugar de sufrimiento, rodeado de enemigos, soldados romanos, sintiéndose abandonado por el Padre, por primera y última vez en su historia.

Pero la vida de Jesús marca que él pasó el Calvario, subió al monte de la ascensión y llegó al cielo, para continuar con su servicio de amor por ti. Si lo piensas bien, cada paso que él dio en su ministerio fue una demostración de su eterno amor, no solo por la raza humana caída y pecadora, sino por ti en particular.

Para Cristo, las multitudes son la suma de individualidades, y él te conoce por tú nombre, en medio de millones de personas. Cristo. Ministerio. Intercesor. Cielo. ¿Hasta cuándo seguiremos esperando?

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

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