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Para Líderes – CÓMO TRANSMITIR LA FE EN UN CONTEXTO PLURALISTA

Para Líderes - CÓMO TRANSMITIR LA FE EN UN CONTEXTO PLURALISTA

La iglesia cristiana debe entender esa realidad. También debemos reconocer que nuestro acercamiento tradicional en cuanto la transmisión de la fe procede de la modernidad. Siempre creímos y asumimos que los adolescentes aceptan la fe cristiana si los convencemos sobre su validez a través de argumentos racionales. Suponemos que si usamos métodos más creativos, más didácticos y más pedagógicos podremos hacerles ver que la cosmovisión cristiana es la correcta, y que es la VERDAD.

De ser cierto todo lo expuesto hasta aquí sobre la postmodernidad y la sociedad pluralista, este acercamiento no funcionaría (y la práctica así lo demuestra). Los adolescentes de hoy no necesitan argumentos, sino ver el evangelio encarnado en una comunidad real que vive y practica lo que proclama, actuando de ese modo como una «estructura de plausibilidad» ante sus ojos.

Jesús afirmó: Yo soy el camino, la VERDAD y la vida (Juan 14:6). En la Biblia, la verdad no es un concepto teórico ni filosófico, es el Cristo encarnado. La verdad del evangelio no existe en el reino abstracto y metafísico de las ideas; existe hecha carne y sangre en la vida de hombres y mujeres que la viven y que, por lo tanto, hacen que el evangelio sea real, creíble y plausible.

En un mundo de pluralismo, la comunidad cristiana no solo debe creer lo correcto, debe vivir del modo correcto para poder constituirse en una estructura de plausibilidad para los adolescentes y el mundo que nos observa. Cuando vivimos la vida cristiana con coherencia hacemos que el evangelio se transforme en la verdad para los adolescentes; damos credibilidad y hacemos realidad el mensaje.

Ya no nos sirve el argumento que muchas veces les dimos de que deben mirar al Señor y no a los hombres. Ese es un escapismo fácil para no asumir nuestra responsabilidad de dar credibilidad al mensaje cristiano. La Biblia pone un claro acento en la importancia de encarnar la verdad para dar al mensaje la credibilidad necesaria ante los ojos de los no creyentes:

“Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo” (Mateo 5:14–16).

Además de que la enseñanza bíblica está en contra de esta opinión, también lo está la historia de la fe. El éxito y el impacto de la iglesia primitiva consistieron en que la comunidad de los creyentes le daba total credibilidad y plausibilidad al mensaje que predicaban. Un inconverso podía acercarse a sus reuniones y comprobar que el perdón, la humildad, la generosidad, el servicio, el amor, la solidaridad, la simplicidad de vida y la preocupación por los demás eran una realidad. Podían comprobar que judíos y gentiles, ricos y pobres, esclavos y amos, opresores y oprimidos, hombres y mujeres podían convivir como hermanos gracias al amor de Jesucristo. La iglesia fue la apologética del primer siglo.

En resumen, en un contexto de pluralismo las estructuras de plausibilidad son básicas para dar credibilidad a las diferentes opciones que compiten por convertirse en la cosmovisión integrada de la personalidad. Para que alguien pueda creer en el cristianismo no basta con transmitirle conceptos y contenidos intelectuales, debemos dar credibilidad al mensaje del evangelio encarnándolo, viviéndolo, haciéndolo real y creíble en la vida familiar y comunitaria.

La iglesia no debe poner el énfasis en que la gente comprenda nuestras doctrinas, sino en que nosotros les mostremos un modelo real de vida cristiana. Cuando vean ese modelo comprenderán la doctrina con mucha mayor facilidad.

Concluiremos con la frase de C. Suhard, un pensador cristiano, que afirma:

“Ser testigo no consiste en involucrarse en la propagación del mensaje, ni tampoco en confrontar a la gente, sino más bien en ser un misterio vivo. Significa vivir de tal manera que nuestra vida no tenga ninguna explicación posible sin la existencia de Dios.

Dicho de otro modo, que seamos una estructura de plausibilidad”.

Extracto del libro “Raíces”

Por Félix Ortíz

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