PENSEMOS EN PROCESOS

Si has tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios o en un seminario, sabes que debes seleccionar de forma inteligente las materias que vas a estudiar en cada trimestre o semestre. No puedes solo buscar las más fáciles, las más atractivas, las que cursan tus amigos o las que vienen bien con tu horario. Por supuesto que consideras esos factores, pero en última instancia estudiarás las materias que te llevan a un objetivo superior: graduarte. Cada tarea, cada lectura, cada materia aprobada valió la pena porque te conduce a la meta final.

Un proceso es básicamente un conjunto de actividades que transforman determinados insumos en productos. Cada actividad está conectada a las anteriores y las posteriores, aunque al parecer sean muy diferentes, y aporta un valor agregado al resultado final.

La tendencia que veo en los ministerios juveniles hoy es llenar un calendario de actividades muy variadas, con temas muy diversos, todo desconectado entre sí. Trabajan mucho, pero producen poco.

En un trimestre programan un campamento sobre la guerra espiritual (porque el tema se presta para muchos juegos a campo abierto), un concierto evangelístico (porque consiguieron el apoyo de una banda que no les cobra tan caro), una noche para ver una película romántica (porque al final se puede hablar del amor de Dios), una serie de temas sobre los viajes misioneros del apóstol Pablo (porque decidieron hacer un estudio del libro de los Hechos y corresponde ver el capítulo 15), una tarde deportiva (porque… bueno, pues porque hay que tener tardes deportivas). Además, están las celebraciones de cumpleaños, la noche de la amistad, las reuniones de líderes, los ensayos de alabanza, las visitas a los hospitales, las vigilias de oración. y la lista sigue y sigue.

Casi me da la impresión de que llevar a cabo una programación es equivalente a sentarse en una mesa con un calendario mensual en blanco y al lado una gama de tarjetitas, cada una con el nombre de alguna actividad que sería bueno realizar. Hay muchas tarjetitas, unas que no se han usado en mucho tiempo, otras que están muy gastadas, otras que copiamos de otro grupo, y algunas que nunca hemos usado porque no sabemos bien de qué se tratan. Entonces, la tarea consiste en seleccionar de todo ese menú de posibilidades las tarjetitas que nos gustan y ponerlas en el calendario (si son de colores diferentes mejor, porque así la hoja se ve más alegre). Las tarjetitas que ya no caben en el calendario, pues bien… no caben, y quizás algún día más adelante nosotros o alguien más las use.

Por supuesto, después de seleccionar estas tarjetitas le asignamos un propósito a cada una (por lo general es el de la «comunión», ya que es tan amplio que se adapta a cualquier cosa y además es muy versátil, pues con dos personas que se aparezcan al evento ya podemos decir que tuvimos comunión entre los tres). Y al final, oramos para que los jóvenes, por la misericordia de Dios, vengan a nuestras actividades y nos apoyen.

¡Si lo que he venido diciendo te describe, a partir de hoy las cosas pueden ser distintas! Mi propuesta es que definas muy bien el producto final y a partir de él determines el proceso necesario para alcanzarlo. Este proceso te dirá qué actividades son necesarias. No existe una fórmula sencilla, porque el ministerio y las personas son muy complejos. Sin embargo, quiero sugerirte un par de ejemplos acerca de cómo funciona este tipo de enfoque.

Ejemplo #1: Nivel (Discípulos) + Expectativa (Relación con Dios)

Si nuestra misión fuera trabajar con el nivel de los discípulos, recordaríamos que queremos formar en ellos el carácter espiritual. Este es un nivel de mayor profundidad no solo en la relación que tenemos con ellos, sino en la manera en que pedimos y rendimos cuentas de nuestro crecimiento espiritual. A eso, agreguémosle el objetivo de fortalecer la relación de amor de los jóvenes con Dios por medio de la obediencia.

Por ejemplo, digamos que hemos notado que una de las áreas en las que necesitan madurar es en la pureza sexual. Se trata de un área que debe reflejar nuestro amor a Dios en obediencia.

  • ¿Cuánto tiempo crees que necesitamos para ayudar a los discípulos a vivir en pureza sexual?

Es obvio que un par de charlas no harán todo el trabajo. ¡En realidad, quizás se necesite de toda una vida! Se requiere de ese liderazgo relacional que los acompañará en el camino. Sin embargo, esta no es razón para paralizarnos y decidir que es mejor no hacer nada. Al contrario, necesitamos estimular el aprendizaje. Supongamos que con este grupo de discípulos vamos a trabajar el tema de la pureza sexual durante un trimestre completo (trece semanas).

  • ¿Qué «cosas» crees que ayudarían a un grupo de discípulos a desarrollar su pureza sexual?
  • ¿Están estas «cosas» que mencionaste llegando a ser algo más que mera información? ¿Están moldeando el carácter? ¿Involucran pedir y rendir cuentas?

Decidí incluir aquí la palabra «cosas» en lugar de actividades o eventos por una razón: por lo general pensamos que una actividad es una reunión grupal, como lo que hacemos los fines de semana. No obstante, ese es un concepto muy limitado. Una actividad es un paso que suma al proceso de transformación hacia el producto final. En este ejemplo, una actividad podría ser:

  • Un tiempo uno a uno para apoyarnos en oración por nuestra pureza sexual.
  • La lectura de un libro para jóvenes sobre la temática sexual.
  • Seguir el curso en línea acerca de la pureza sexual en www.libresencristo.org
  • Tener una reunión con algunas personas espiritualmente maduras (del mismo sexo) para escuchar sus testimonios.
  • Hacer llamadas telefónicas diarias o escribir mensajes electrónicos para pedir y rendir cuentas.
  • Escuchar canciones cristianas que hablen acerca de la pureza sexual y motiven a ella.
  • Llevar a cabo un estudio en grupo de 1 Tesalonicenses 4:1-8.

¿Qué otras ideas de «cosas» (actividades) vienen a tu mente que podrían ayudar a desarrollar el producto final?

¡Existen muchas posibilidades! Por supuesto, los recursos y el tiempo son limitados, así que debes seleccionar las mejores ideas para incluirlas en el proceso de crecimiento. ¡Según las características de los discípulos y el producto o meta que te hayas propuesto, podrás organizar un trimestre mucho más efectivo!

Extracto del libro “Estratégicos y Audaces”

Por Howard Andruejol

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