Tanto el tradicionalismo como el individualismo usan el lenguaje de Dios para manejar el comportamiento, en lugar de responder y fortalecer una relación con el Señor. Los tradicionalistas usan la amenaza del castigo divino, mientras que los individualistas em­plean la promesa de la bendición divina. La narrativa relacional acerca del sexo dice que el manejo de la conducta es un sustituto pobre para una vida restaurada, completa e integrada a Dios. Busca reclamar el sexo como sagrado y verdaderamente bueno. En otras palabras, hace que el sexo sea «un asunto de Dios», porque la vida es un asunto de Dios.

La mayoría de los cristianos te dirán que su fe es una relación con Cristo, no una lista de obligaciones o cosas por hacer. Eso es «religión». Nuestro enfoque en cuanto a la sexualidad debiera te­ner esa misma perspectiva. El propósito es una relación entre unos y otros, y con Dios. Cualquier regla que establecemos —en lugar de mantener a las personas «dentro» o «fuera», como las reglas de los tradicionalistas— es para ayudar a las relaciones a prosperar; y permanecemos en guardia contra las reglas que toman vida por si mismas, multiplicándose y expandiéndose por su propio gusto. Las reglas bíblicas —tal como no cometerás adulterio— son absoluta mente necesarias, por supuesto. No obstante, el propósito de ellas es desarrollar relaciones prósperas, no ejercer una represión sexual.

Un estudio de investigación que condujimos para el ministerio de Chip Ingram, Living on the Edge (Viviendo en el límite), provee una amplia evidencia de que los jóvenes cristianos aceptan menos una espiritualidad orientada por reglas, mucho menos que los   cristianos mayores. Es posible que las personas se vuelvan más enfoca­das en una espiritualidad guiada por normas en la medida en que crecen, pero la brecha generacional es tan extrema, que creo que la diferencia radica en el cambio fundamental en la orientación de la siguiente generación con respecto a las reglas. Tal vez con algún ni­vel de optimismo podamos describir a los jóvenes cristianos como un terreno fértil para la gracia. Estas son buenas noticias cuando tratamos de hacer que el sexo sea un tema de Dios, porque la verdad es que todos estamos devastados y con una desesperante necesidad de restauración.

¿GENERACIÓN DE GRACIA?

Pregunta de la encuesta: ¿Estás de acuerdo o en desacuerdo con la si­guiente declaración?: La madurez espiritual significa tratar fuertemente de seguir las reglas que encontramos en la Biblia.

Los jóvenes cristianos que están viviendo divididos en dos, fragmentados a nivel del alma, entre sus deseos pélvicos y sus as­piraciones de santidad, necesitan volver a estar enteros. Eugene Peterson lo plantea magistralmente en El Mensaje: «Si alguno cae en pecado, restáuralo con perdón, guardando tus comentarios críticos para ti mismo. Puede que tú vayas a necesitar de perdón antes de que acabe el día» (Gálatas 6:1), Cuando hacemos que el sexo sea un tema de Dios, él nos dará la gracia que necesitamos para restaurar vidas, familias y comunidades.

Él nos ayudará a nutrir nuestras vidas, familias y comunida­des en la narrativa relacional, resolviendo los problemas aun antes de que empiecen. La investigación muestra el gran impacto de los padres en la formación sexual de sus hijos, en particular de sus hi­jas. ¿Estamos proveyendo herramientas y ánimo para los padres, de manera que puedan criar a hijos con una sexualidad integral? ¿Es­tamos conectando a los adolescentes y adultos jóvenes con un solo padre, o a las familias compuestas, con otras parejas y familias de manera que puedan aprender (o reaprender) patrones de relaciones saludables?

Hacer que el sexo sea un tema de Dios también significa que nuestra ética sexual está basada en la verdad revelada de Dios n través de la Biblia. Sin embargo, eso no es tan fácil como suena Cuando uno de mis amigos cristianos en la secundaria empezó a ser sexualmente activo, corrí a casa a buscar versículos en las Es­crituras que desaprobaran claramente sus acciones. Fue más difícil de lo que creí, mucho más difícil de lo que mis experiencias en la Escuela Dominical me habían hecho creer. Encontré que la ética sexual de la Biblia es mucho más compleja y sutil de lo que pensaba

Esta generación necesita que seamos honestos acerca del hecho de que la Biblia no es un cristal transparente sobre todos los temas de la sexualidad. Juntos, necesitamos investigar, examinar y probar su significado esencial en su contexto histórico, cultural y literario. Esta generación también necesita que vivamos como si la Biblia hiciera un reclamo en nuestras vidas. Cuando descubrimos la clara enseñanza de la Palabra de Dios, necesitamos estar dispuestos a se­guir su rol en cada faceta de nuestra existencia.

GENTE DE SEGUNDAS OPORTUNIDADES

En un viaje a Chicago, conocí a una jovencita (la llamaremos Aman­da) de alrededor de veinte años. Ella había tenido varios abortos durante sus años de adolescencia. Me dijo cuánto le habían dañado esas decisiones, a ella y a su madre, porque «mi mamá siempre per mitió que adolescentes embarazadas llegaran a nuestra casa. Si hay alguien en el planeta que hubiera entendido, era mi mamá». Ahora, a sus veintitantos años, Amanda está tratando de usar sus experiencias para bien. Ella ha convencido a cuatro adolescentes embarazadas de no abortar y está determinada a ayudar a otras jovencitas a evitar las mismas decisiones que aun hoy en día la lle­nan de arrepentimiento.

Al mismo tiempo, Amanda cree firmemente en las segundas oportunidades. «Tengo otra amiga que decidió abortar. A pesar de que traté de ayudaría a considerar el dar a su bebé en adopción, no escogió ese camino. ¿Sabes? Eso dolió. No obstante, a pesar de que muchos de mis amigos cristianos me dijeron que cortara el contac­to con mi amiga luego de que ella tuviera el aborto, no pude hacer­lo. Aún la quiero. Aún la acepto. Aún creo en ella. Aún creo en lo que Dios quiere hacer en su vida».

Son historias como estas las que fortalecen mi aprecio por la siguiente generación… imperfecta, pero dispuesta a extender gra­cia. Esta generación tan relacional está buscando el significado de una de las expresiones fundamentales de las relaciones humanas: el sexo. Ellos quieren compartir sus historias, y son tajantes, irre­verentes y a veces crudos al hacerlo. Y en un mundo sin privacidad y lleno de redes sociales, este impulso de descubrirse por completo, los tienta a compartir cualquier cosa y todas las cosas con cualquie­ra que haga clic.

Sin embargo, hay un lado positivo también, tal como mi ami­go Mike Foster señala. Él es el fundador de People of the Second Chance (Gente de segundas oportunidades), llamado así porque son, como dice, «un montón de jóvenes de esta generación que es­tán lidiando con expectativas incumplidas. La vida no consiste en trabajar para cumplir el sueño americano que conocemos». Mike pone a la generación de gracia bajo una nueva luz: «Resulta increí­ble lo que Dios puede hacer cuando las personas llegan a un punto en el que en realidad no les importa lo que piensas de ellas». Puede que incluso empiecen una nueva forma de revolución sexual.

Extracto del libro Me Perdieron

Por David Kinnaman

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