El ministerio juvenil es una de las armas más eficaces de la iglesia para evangelizar. Siendo que la gran mayoría de los adultos cristianos se convirtieron antes de los dieciocho años, la iglesia debería invertir significativamente sus recursos apuntando a los alcances que pueda tener el ministerio juvenil. Muchos de los pastores de jóvenes y de los voluntarios en el ministerio juvenil tienen un don de evangelización y amor que ejercen entre los adolescentes. Además, un gran porcentaje de los recursos para el ministerio juvenil se destinan a ayudar a los jóvenes a saber cómo pueden hablarles a otros de su fe.

Pero, ¿qué si hubiera algo aún más eficaz, algo que ayudara a cosechar de una mejor manera a la generación de adolescentes? De hecho, Jesús nos provee de una mejor manera en la muy conocida parábola del sembrador.

Tú conoces la historia. Un sembrador salió a sembrar sus semillas. Unas cayeron en tierra rocosa, otras fueron devoradas por las aves, y otras produjeron plantas raquíticas que se marchitaron con el sol. Pero algunas cayeron en buena tierra, y es allí donde apreciamos que se produjo un crecimiento asombroso (Mateo 13:23). Jesús explicó esta parábola diciendo que la buena tierra se refiere a las personas que escuchan la Palabra, que la entienden (Mateo) y la retienen (Lucas 8:15). Esas personas producen una cosecha que es exponencialmente más grande de lo que se sembró. No es simplemente más de lo que se sembró, como una simple suma, sino hasta cien veces más de lo que se sembró, ¡como una exuberante multiplicación!

Eso es crecimiento. Un grupo de cincuenta creyentes tiene el potencial de crecer hasta convertirse en cinco mil. Y aun si Jesús se estuviera refiriendo a lo interno, nuestros corazones, como el objetivo de este crecimiento (una aplicación creíble), los jóvenes que experimentaran tal madurez espiritual sin duda alguna estarían atrayendo a otros jóvenes.

Pero pensemos esto por un momento. ¿Nos habíamos dado cuenta de que los cuatro tipos de tierra escucharon la Palabra? En el caso de los primeros grupos, la palabra entró por un oído y salió por el otro, lo que por lo general nos imaginamos que sucede con nuestros jóvenes en el tiempo de estudio bíblico. Únicamente la semilla que cayó en tierra blanda fue la que escuchó, entendió, retuvo la Palabra, y experimentó el crecimiento exponencial.

Me gustan mucho las palabras que Mateo y Lucas usan en este caso. La palabra traducida como «entiende» (suniemi) en Mateo conlleva la idea de organizar hechos individuales en un todo como recolectando piezas de un rompecabezas y colocándolas todas en su lugar… La palabra también expresa una participación del que escucha en procesar lo que ha escuchado. Posiblemente has escuchado la frase «Un trabajo no está hecho hasta que no esté bien hecho». Aplicando el mismo principio, la Palabra de Dios no ha sido realmente escuchada hasta que no haya sido comprendida.

En los días del Nuevo Testamento, retener (katecho) significaba agarrarse o aferrarse. Piensa en cómo te aferrarías si estuvieras viajando en la parte de afuera de un tren. El historiador griego Filón describió esta palabra como tener una gran pasión por el bien y la virtud, o apoderarse de una verdad o idea y abrazarla con celo y entusiasmo.Si nos aferramos a la palabra de Dios como si estuviéramos aferrándonos a la preciada vida y le damos vueltas en nuestra mente hasta que esa verdad se apodera de nosotros, entonces podemos apostar a que estamos en buen camino, rumbo a experimentar una fe más profunda.

¿No sería fantástico encontrarnos con un libro titulado Dos pasos para hacer crecer tu ministerio juvenil, y que lo único impreso en sus páginas fuera la parábola del sembrador? Paso uno: Escucha las Palabras de Jesús. Paso dos: Entiéndelas y retenlas. En nuestro esfuerzo por evangelizar a los jóvenes, ¿no deberíamos tomar más en serio esta parábola?

La pregunta de fondo es: ¿Qué es lo que está sucediendo en nuestros ministerios juveniles que impide que nuestros jóvenes entiendan las palabras de Jesús? ¿Qué ocurre que no logramos que los dichos de Jesús den vuelta en sus mentes hasta que se apoderen de ellas?

El ministerio juvenil tiene suficientes recursos como para ayudar a los adolescentes a compartir su fe. Pero Jesús proveyó un marco de referencia para evaluar esos recursos y crear nuestro propio enfoque de enseñanza. ¿Será que los estamos llenando de técnicas y a la vez descuidamos el ayudarlos a entender la Palabra de Dios? Porque entender la Palabra es lo que conduce al crecimiento exponencial. Es lo que permite un estilo de vida con evangelización. Es lo que equipa a los jóvenes para que den respuestas cuando les preguntan sobre su esperanza (1 Pedro 3:15). Es lo que les da el valor para atraer al escéptico.

Extracto del libro Cómo Enseñar la Biblia Con Creatividad

Por Barry Shafer

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