LOGRAR QUE SE VUELVA REALIDAD

Tal vez ya te estás preguntando cuándo será posible que suceda eso de indagar más profundamente y entender en medio de una semana de ministerio como la tuya que se desliza a toda velocidad. Considerando nuestros horarios ya totalmente llenos, ¿cómo podremos introducirnos al estudio de la Palabra?

Puede ser que te ayude el saber que precisamente lo que tus jóvenes están buscando es ser atraídos por la Palabra. La revista Time recientemente citó un estudio que investigaba entre 2400 adolescentes qué era lo que ellos buscaban en una iglesia. La respuesta que más votos obtuvo como «muy importante» y «bastante importante» fue … «Entender mejor lo que yo creo» (71%).

Ahí está de nuevo la misma palabra: entender. Casi tres cuartas partes de nuestros adolescentes se están alistando para experimentar el crecimiento que Jesús prometió, y nos hacen saber que están preparados y listos para ser «la buena tierra». En esa misma encuesta, el 36% de los jóvenes calificó el «participar de un estudio de las Sagradas Escrituras» como «importante» o «muy importante». Considerando la elección de estas palabras, tan poco amigables para los adolescentes, un 36% es impresionante.

En mi propia investigación encuesté a 400 preadolescentes y adolescentes de diferentes iglesias prósperas. En esa encuesta, el 32% de ellos indicó que deseaban un estudio bíblico que fuera más profundo dentro de su ministerio juvenil. Curiosamente, solo el 6% dijo que el estudio bíblico que les ofrecían era muy profundo. Con estadísticas como estas, hay lugar para que nosotros subamos con confianza el nivel en cuanto a desafiar a los jóvenes a escuchar las palabras de Jesús, a entenderlas, retenerlas y ponerlas por obra.

En la investigación Soul Searching (Examen de conciencia), Christian Smith se sorprendió por la falta de conocimiento religioso y la poca habilidad para expresar las bases de su fe de los adolescentes cristianos. El concluyó: «Muchos adultos parecen casi intimidados por los adolescentes, temerosos de verse «fuera de moda». Y parecería que muchos líderes juveniles religiosos están sometidos por la presión de mantener entretenidos a los adolescentes. De hecho, sin embargo, nosotros creemos que la mayoría de los adolescentes son enseñables, aun cuando ellos mismos realmente no lo saben o no nos hacen saber que están interesados. Los padres, ministros y mentores adultos necesitan, según nos parece a nosotros, desarrollar más confianza al enseñar a los jóvenes sobre las tradiciones de su fe y esperar una respuesta significativa de parte de ellos. Los adolescentes han aprendido todo lo que saben de alguien o en algún lugar. Muchos jóvenes, de hecho, conscientemente quieren que se les enseñe, y están abiertos a ser influenciados por una buena palabra y ejemplo. Las comunidades de fe no tienen ninguna razón para disculparse o mostrarse inseguras a la hora de enseñar a los adolescentes».

La investigación nos ha confirmado lo que la intuición nos ha estado diciendo: que los adolescentes están listos para que se les presente un desafío espiritual. Tienen entusiasmo como para agregarle diligencia a su búsqueda de Dios. Y mientras tanto, Dios está listo para recompensar al que lo busca con diligencia. A veces me pregunto si acaso no estamos sentados en un barril lleno de pólvora listo para revolucionarlo todo, y si la prioridad de los líderes juveniles no debería ser simplemente encender la mecha: Conectar a los jóvenes con su buena disposición para un reto con el potencial que Dios tiene para ellos, y después salirnos de su camino.

IMPACTO MUNDIAL

Debo admitirlo, seguir tomando una pastilla cuando ya no tengo ningún síntoma es algo que me resulta difícil. Es una instrucción muy fácil de esquivar, pero las consecuencias podrían tener un impacto muy grande. Lo mismo sucede con el estudio bíblico: es fácil evadirlo, pero las consecuencias son mundiales.

En la privacidad de nuestras oficinas y lugares de reunión de jóvenes, nos resulta difícil creer que nuestras acciones puedan afectar a la iglesia globalmente, o que nuestros programas puedan tener un impacto en un nivel generacional. Pero sí lo tienen. Cuando discipulamos a los jóvenes con la Palabra en medio de una agenda ministerial muy ocupada, nos resulta fácil tomar una parte del programa de la biblioteca y presentarnos como si estuviéramos listos para el estudio. Toda nuestra profundidad consiste en escanear las páginas que tienen la inscripción en negrita que señala: «di esto».

Admito que hay semanas tan llenas de ocupaciones que esto tiene que bastarnos. Y es verdad, se pueden encontrar buenos estudios bíblicos en diferentes libros. Pero una dieta constante de lecciones sacadas de una lata no va a producir los cambios duraderos que deseamos ver en nuestros jóvenes. No es que usar «comida enlatada» sea pecado o algo malo, pero la verdad es que nunca vamos a encontrar esa cercanía con las Escrituras que estamos buscando. La Palabra de Dios cambia los corazones de los líderes antes de que ellos siquiera se puedan acercar a su pueblo.

Resulta tentador tomar el camino del menor esfuerzo. Programar actividades que los jóvenes disfruten. Preparar pláticas que hagan que los jóvenes se rían, o aun que los hagan llorar. Hacer que la meta del estudio bíblico sea un buen debate. Pero escuchar, entender y aplicar las palabras de Jesús son cosas que metemos forzadamente en nuestra programación en lugar de ser los elementos sobre los que construimos nuestro ministerio. O lo que es peor aún, las eliminamos por completo.

Mientras tanto, montones de recursos apilados en nuestras oficinas intentan ayudarnos a alcanzar todas las metas establecidas por la agenda de nuestros ministerios, cuando precisamente debajo de nuestras narices, y tapado por todos los otros recursos, se encuentra el recurso más importante e inexplorado, y el que promete la mejor recompensa para nuestros ministerios juveniles: la Palabra de Dios. Así que adelante, considéralo como un juego de Jenga y cuidadosamente saca la Biblia de debajo de todos los libros apilados. Luego échale un vistazo. Es más práctica de lo que piensas.

Extracto del libro Cómo Enseñar la Biblia Con Creatividad

Por Barry Shafer

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