Ábreme los ojos, para que contemple las maravillas de tu ley.  (Salmo 119:18)

Hace unos años hice un descubrimiento sorprendente sobre mí mismo. Estábamos sosteniendo una discusión bastante agitada en nuestro grupo de estudio bíblico en la universidad. Era una de esas noches en las que todos habían meditado lo suficiente en el tema que estábamos tratando y se encontraban ansiosos de compartir lo que sabían. Noté que mientras la plática rebotaba de un lado a otro del salón, solamente escuchaba a medias lo que se estaba diciendo. En lugar de oír a los demás, dediqué la mayor parte de mi energía mental a formular lo que yo quería decir. Me di cuenta de que me había perdido el 80% de la discusión de esa noche y como un 100% de los corazones de las personas del estudio bíblico.

¿Absurdo? ¿Increíblemente egoísta? ¡Claro que sí! También fue un descubrimiento de gracia.

Hace poco tomé conciencia de lo fácil que resulta hacer lo mismo en nuestro estudio personal o en nuestro tiempo de preparación para guiar a un grupo en un estudio. Frecuentemente, solo echo un vistazo a un pasaje porque ya lo tengo descifrado y atado con un moño desde hace años. O a lo mejor tengo un excelente punto que quiero recalcar, y simplemente busco un pasaje que me apoye. De cualquier forma, dedico mucho de mi tiempo a lo que yo quiero decir sin importarme lo que Dios quiere decir.

Para el estudio inductivo de la Biblia la primera petición es: «Dios, muéstrame». Eso hace que baje mi ritmo y me obliga a escuchar lo que Dios está diciendo a través de su Palabra. Me ayuda a quebrar la costra que se ha formado sobre la superficie de los pasajes conocidos, y me ayuda a no utilizarlos como simple herramienta de apoyo para una conclusión pensada de antemano.

LECTIO DIVINA

La petición Dios, muéstrame es inmensamente beneficiosa para ayudarnos a llegar a Palabra de Dios con la diligencia que señala Proverbios 2. También es un paso para hacer de nuestro tiempo de estudio bíblico no tanto una obligación sino más bien una experiencia de lectio divina, la práctica ancestral de leer las Escrituras, meditar en las Escrituras, orar las Escrituras y contemplar las Escrituras. Cada vez que nos detengamos en un pasaje, capítulo o libro de la Biblia, hay un principio fundamental que debemos tener en mente: Dios está diciendo algo a través de ese pasaje. No sé tú, pero yo no quiero perdérmelo porque lo que Dios está diciendo es infinitamente más importante que lo que yo creo acerca del pasaje.

ALERTA PARA LOS ACADÉMICOS

Antes de avanzar demasiado con las herramientas del estudio bíblico, hay algo que debes saber. Las personas obtienen doctorados en estos asuntos. A lo mejor eres una de esas personas. O tal vez seas uno de los del otro lado del espectro que tienen poco conocimiento o entrenamiento en el estudio de la Biblia. Un estudio bíblico eficaz para los adolescentes se encuentra más o menos en el medio. Debes saber que el propósito de este libro es llevarte únicamente por la copa del árbol de un tema que tiene raíces profundas. Mi intención es ayudar al estudiante académico a bajar un poco y al novato a subir, y a todos nosotros a encontrar la gama que funcione para los jóvenes que tenemos a nuestro cargo.

Al estar leyendo debes encontrar dos canales de aplicación: tu estudio personal de la Biblia y tu trabajo de discipular a tus jóvenes. Mi intención es ayudarte con ambos. Después de todo, se debe empezar por nosotros, los líderes. Y no olvides que tu estudio personal de la Palabra de Dios se convertirá en tu mejor preparación para discipular a tus jóvenes.

GÉNERO

En un estudio bíblico eficaz empezamos con una imagen grande y gradualmente hacemos un acercamiento a los detalles. En el estudio de la Biblia a esto se le llama establecer el contexto. Dictionary.com define contexto como: «Las partes escritas o dichas de una declaración que preceden o siguen a un pasaje o palabra específica, influenciando, por lo general, su significado o efecto».

¿Entendiste esta última frase? Influenciando, por lo general, su significado o efecto. Todo lo que rodea a un pasaje tiene influencia sobre su significado. Sin la debida diligencia al establecer el contexto, corremos un gran riesgo de malinterpretar o de aplicar mal el pasaje y consecuentemente perder el significado e impacto que Dios pretendía que tuviera. Cuando nuestro enfoque se aleja totalmente de la Biblia, todo lo que alcanzamos a percibir son 66 libros que no tienen nada que ver uno con el otro. El primer acercamiento que realizamos nos muestra que cada libro está conectado con alguno de los siguientes géneros:

  • Historia: De Génesis a Ester, y Hechos.
  • Poesía: De Job a Cantar de los Cantares.
  • Profecía: De Isaías a Malaquías y Apocalipsis.
  • Biografía e historia: Los Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
  • Cartas (Epístolas): De Romanos a Judas.

¿Por qué molestarnos por conocer esto? Porque el género de un libro establece el escenario que nos permitirá saber cómo debemos acercarnos al mismo. Nos ayudará a saber qué preguntas hacerle al pasaje. Si alguna vez has ido de vacaciones a la playa, posiblemente te hayas tomado un tiempo para decidir qué libro llevar para leer allí; el libro adecuado para el escenario adecuado. Uno que no fuera de lectura pesada sino relajante y agradable. Al pensar en qué tipo de libro deseabas para tus vacaciones, estabas procesando su género. De la misma forma, necesitamos procesar el tipo de cada uno de los libros de la Biblia. Génesis requiere un acercamiento diferente a los Salmos. Un evangelio requiere otro enfoque que el de una carta del Nuevo Testamento.

Extracto del libro Cómo Enseñar la Biblia Con Creatividad

Por Barry Shafer

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