Con el objetivo de motivarte a pensar y habla un poco, y con el tiempo a hacer y cambiar, les he pedido a algunas personas que me donen sus mejores ideas de cómo la comunidad cristiana podría cultivar una «nueva mentalidad» para la compren­sión y el discipulado de la próxima generación. Algunos de estos contribuyentes son bien conocidos, pero otros no lo son. Algunos han visto la mayoría de sus años pasar, mientras otros apenas están llegando a la adultez.

Algunos ofrecen ideas para que los creyentes más viejos y los líderes institucionales las consideren, mientras que otros les hablan directamente a los cristianos jóvenes y los que se han retirado. No todas las ideas se relacionarán con tu situación particular (¡cada historia importa!), pero es probable que encuentres por lo menos una que se relacione contigo, tus padres, tus hijos, tu grupo de jóvenes o estudiantes universitarios, tu organización o tu comu­nidad de la iglesia. Cuando sea así, espero que las conversaciones que inicies lleven a una disciplina más profunda y para toda la vida, que moldee tus relaciones, tu vocación y tu búsqueda de Dios.

Dos aclaraciones antes de iniciar. Primero, aportar una idea no es una aprobación de todo lo que contiene este libro. De igual modo, no apruebo todas las ideas que encontrarás aquí, y eso es intencional. Una de las grandes lecciones que he aprendido con este proyecto es que no tenemos que estar de acuerdo con todo para permanecer en la comunidad de creyentes en Cristo, y Segundo, estas 50 ideas son solo el principio. He aquí 50 para empezar.

IDEAS PARA TODOS

1. PRIMERO, SÉ HONESTO

En este libro has recibido una invitación a tener una conversación honesta Cuando eres honesto con tu historia, cuando compartes la verdad acerca de quién eres y lo que te inquieta, le das a otros un tremendo regalo: ei regalo de ir de segundo.

Es mucho más difícil ir primero. Ninguna de las reglas ha sido es­tablecida Los límites no han sido determinados. Los bordes del terreno no han sido marcados con claridad, en especial cuando se trata de los círculos cristianos. Sin embargo, eso es lo que hemos sido llamados a hacer, lanzamos a la batalla de la honestidad. Compartir y vivir la verdad. Cuando lo hacemos, les damos a todos el regalo de ir de segundos. Es mucho más fácil ir de segundo. No tienes que actuar o mostrar tus errores para verte como un «cristiano verda­dero» o un «buen cristiano». El monstruo de pretender ser perfecto ya ha sido puesto a dormir. Si quieres alcanzar a esta generación y a cada generación por venir, cuenta primero tu historia y dales a todos a tu alrededor el regalo de ir de segundo.

2. CONFIESA

La mayoría de las organizaciones cristianas crean una cultura que disuade la confesión. Creamos códigos de conducta para la juventud según los cuales nosotros no vivimos o con los que luchamos a fin de cumplirlos sin confesar nuestras fallas. Todo lo que esto hace es crear una disonancia que a la larga se degrada en una iglesia hipócrita. En vez de reglas que ayuden a los pecadores a arrepentirse, creamos comunidades que aíslan a los pecadores, ya sea de la comunidad por medio de la expulsión o dentro de ellos mismos, pues deben mantener el pecado oculto (lo que conduce a una doble vida). Los códigos de honor esencialmente se convierten en documentos de «no preguntes y no lo cuentes». ¡No es de extrañar que muchos adultos jóvenes abandonen la iglesia!

La Biblia dice que nosotros creamos una comunidad de sanidad y gozo confesándoles nuestros pecados a Dios y a nuestros hermanos y herma­nas (Santiago 5:16). Llevemos nuestros errores como una insignia roja de valor, porque la sangre que moja nuestros vendajes no es nuestra, sino de aquel que nos sanó. Así que, adelante… Confiesa y sé salvo de tu pecado. Confiesa y sé parte de una comunidad cristiana. Confiesa y nunca te apartes del único que en verdad ama y en verdad perdona.

3. INCREMENTA TUS EXPECTATIVAS

Hemos hecho todo lo humanamente posible para hacer a la iglesia «fácil». Mantuvimos los servicios cortos y entretenidos, con discipulado y evangelismo opcionales y bajos estándares morales. Nuestros motivos no eran ma­los. Nos dimos cuenta de que podíamos atraer más gente ofreciendo a Jesús con un mínimo compromiso. Sin embargo, terminamos produciendo cristianos nominales cuyas vidas sin cambio han disuadido a otros a interesarse.

Hay una nueva generación levantándose. Los adultos jóvenes están estudiando la Biblia sin perderse lo que resulta obvio. Ellos ven cómo la meto­dología superficial es incongruente con el Jesús de la Escritura, que pidió todo de sus seguidores. Ellos están aburridos de las producciones del domingo por la mañana y lejos de experimentar al Espíritu Santo. Necesitan ser retados con la sorprendente responsabilidad de orar, bautizarse y convertir a sus conocidos en discípulos. Necesitan que se Íes recuerde al Espíritu que los fortalece a realizar su tarea

Los días de meramente traer a nuestros amigos a una actividad para que el pastor pueda salvarlos y discipularlos necesitan terminar. Debería haber nuevas iglesias donde la expectativa sea que todos los creyentes hagan el tra­bajo de evangelizar y discipular. Esta generación ve el potencial de una iglesia donde los predicadores equipen y pastoreen a formadores de discípulos, en vez de llenar un espacio el domingo.

Extracto del libro Me Perdieron

Por David Kinnaman

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