-Marta, Marta -le contestó Jesús-, estás inquieta y preocupada por muchas cosas. (Lucas 10:41).

Nuestro problema es que nos preocupamos por muchas cosas, cuando deberíamos hacerlo por una sola: entregarnos diariamente a Cristo. El resto, es resto.

Jesús lo enseñó cuando dijo que busquemos primero las cues­tiones del Reino, y que lo otro viene por añadido. También lo había enseñado en el desierto, cuando enviaba el maná cada mañana bien temprano, antes de que saliera el sol. Primero se recogen, de rodillas, las bendiciones del Cielo; después, el resto de las ocupaciones, de las preocupaciones, de los intereses. Nuestra inclinación es poner las cosas en el orden contrario. Así, terminamos errando groseramente.

Marta es una de esas personas que todo grupo necesita. En cada iglesia hay una. Es la que hace que todo funcione. Puede ser una Marta o un “Mario”, pero siempre verás que hay alguien que está haciendo mil cosas al mismo tiempo. No es un error. Además, piensa que todo lo que hacen es para los otros. Muy difícilmente verás a Marta preocupada con ella misma.

Jesús no le recriminó a Marta su actitud de servicio; el comentario de Cristo está relacionado con otra cuestión, más espiritual, más profunda. A veces nos ocupamos con tantas cosas (algunas de ellas urgentes, otras hasta importantes), que nos olvidamos de lo que es más importante. Dejamos de lado lo fundamental. Ahí es donde escuchamos la voz de Cristo, diciéndonos: “Estás inquieto y preocupado por muchas cosas». Las actividades, los horarios, te están tapando y el momento que deberías disfrutar conmigo, está pasando inadvertido. Por querer hacer cosas a mi favor, no consigues recibir el favor que tengo para ti.

A veces, nuestro sábado parece el día de Marta. Nos llenamos de ocupacio­nes, todas santas, bonitas y religiosas, pero esas actividades que llenan nuestra agenda nos dejan vacíos de Cristo. Presentaciones, reuniones, ensayos… una rutina que apenas nos da tiempo para “tragar» la comida y salir corriendo para el próximo compromiso. Entre tantos horarios, Jesús queda sin chances para conversar contigo.

¿Sabes? Cuando Cristo llama a tu puerta, quiere pasar tiempo contigo. Si eres como Marta, sé que lo escuchas diciéndote: “Estás inquieto y preocupado por muchas cosas, pero no por lo fundamental”.

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

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