Entonces Joacaz clamó al Señor, y él lo escuchó, pues vio la gran opre­sión del rey de Siria sobre Israel. (2º Reyes 13:4).

EI versículo de hoy se repite muchas veces en el relato de la Biblia. Solo cambia el personaje central. Desde Noé hasta el rey Joacaz, pasando por el pueblo de Israel -en    cientos de oportunidades-, la historia es la misma: alguien está en pro­blemas, clama al Señor, él lo escucha y lo libera. ¿Ese también es el resumen de tu vida? ¿Esa es la forma en que te relacionas con Dios? Es decir, ¿solo lo buscas en los momentos de «opresión»?

Cuando los justos sufren y piden la ayuda y la liberación de Dios, el Cielo escucha y actúa en favor de sus hijos. Para nosotros, esta situación es normal, es correcta. Así debe ser. Al final, son los justos; y los justos no deberían sufrir, ¿verdad?

Pues bien, te cuento que Joacaz era muchas cosas, menos justo. Él reinó durante 17 años en Samaría, capital de Israel, e «hizo lo que ofende al Señor”, pues adoró ídolos e ignoró a Jehová. ¿Por qué motivo Dios escucharía la oración de alguien así? Por el mismo motivo que escucha tu oración. No pienses que bañarte cada viernes, colocarte una corbata algunos sábados y no dragarte ni tomar bebidas alcohólicas te transforman en una mejor persona que Joacaz. Eres tan pecador como él. Necesitas tanto de la bendición del Cielo como él. Sin la gracia divina, estás tan perdido como él. La solución para el idólatra Joacaz y para ti es la misma: clama a Dios y pide su bendición.

Clamar a Dios no se asemeja, ni un poquito, a nuestras oraciones de treinta segundos, repetidas de memoria, aprendidas en nuestra infancia y dichas sin pensar en los cinco momentos “religiosos” del día: al levantarnos (cuando me acuerdo), en el desayuno, el almuerzo, en la cena y antes de dormir (si no estoy demasiado cansado). Clamar tiene que ver casi con una exigencia; dar gritos lastimeros pidiendo un favor o una ayuda.

¿Te das cuenta de cuán lejos estamos de “clamar» al Señor? ¿Te das cuenta de por qué el clamor de un pagano como Joacaz tiene más resultado que una oración fría y repetitiva como la nuestra?

Dios está más que dispuesto a escuchar, a atender y a responder tu oración sincera. Recuerda eso durante el día de hoy.

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

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