«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen hombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» (Filipenses 4.8)

Dios te pide que, en todas tus vivencias y experiencias pienses en todo aquello que es verdad, que es honesti­dad, que es justicia, etc… y que yo sepa esto se encuen­tra en casi todas las cosas que están a nuestro alrede­dor, incluso en aquellas que nos parecen negativas.

Podemos crecer como personas y creyentes si co­menzamos a pensar en todo lo que hay a nuestro alcance. Así que te animo a leer y estudiar todo lo que puedas; nunca los estudios son una pérdida de tiempo. Ten en cuenta que tu futuro está en tu pro­pia mente, en tus pensamientos, porque ellos con­dicionarán tu actitud, tu manera de ser, tu manera de meditar y, posteriormente, tu forma de actuar. La raíz de los resultados que obtengas en tu vida están en tu actitud, en tu pensamiento, porque el pensa­miento determina nuestra acción.

El reto es pensar en la verdad, en la honestidad, en la justicia, en la pureza, en lo amable y virtuoso de las personas y los hechos. Pero ¿qué es la verdad? ¿Qué es la honestidad? ¿Qué son cada una de las cosas que nos plantea como pauta de nuestro pensa­miento? Durante años he querido responder a la pre­gunta sobre qué es la verdad. Creo que es una cues­tión universal, todo el mundo se plantea esto tarde o temprano. ¿Podemos definir la verdad? Posiblemente cada uno tenga «su propia verdad», ni siquiera pode­mos encontrar una definición coherente de la misma en el diccionario. Así que mi única conclusión es que la verdad es Jesús. Dios es verdad porque determina lo que es bueno y lo malo. Es verdad porque el mis­mo Jesús afirmaba: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».

La verdad es Jesús y además añade que para llegar a Dios necesitamos de esa verdad. «Nadie tiene la verdad absoluta». Es una afirmación cierta, porque ninguno somos Dios. Ahora, si Dios dice que pensemos en la verdad y la verdad es Jesús, quiere decir que tenemos que buscarle con nuestro pensa­miento siempre. Jesús es real, es verdadero y solo él puede darnos respuestas que nadie puede dar. «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8.32). Sí, sólo la verdad puede librarnos de que nuestros pensamientos estén cautivos, de no po­dernos expresar, conocer y entender adecuadamen­te. Sólo a través de Jesús tendremos la capacidad de renovar nuestro entendimiento para ser transfor­mados.

Tomás Kempis tiene una paráfrasis acerca de esta realidad que es impactante: «Seguidme, Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin el camino no hay caminar; sin la verdad no hay conocimiento; sin la vida no hay vivencia. Yo soy el camino que debes seguir, la verdad que debes creer y la vida que debes esperar. Yo soy el camino inviolable, la verdad infalible y la vida interminable. Si permaneces en mi camino, conocerás la verdad, y la verdad te hará libre y la li­bertad mantendrá en ti la esperanza de vida eterna».

Extracto del libro “Soy Diferente y Qué”

Por Israel Martorell Alonso

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