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Para Líderes – LLEVARLOS AL ARREPENTIMIENTO

Para Líderes - LLEVARLOS AL ARREPENTIMIENTO

Estrategia #3: Llevar a tu adolescente al Arrepentimiento

Secretamente (y algunas veces no tan secretamente) muchos padres de adolescentes desean algunos medios de control. Desean poder ejercer algún poder sobre sus adolescentes para hagan lo que se les pida. La pérdida del poder, es lo que muchos padres lamentan cuando sus hijos entran a la adolescencia. Así que por medio de palabras ásperas, castigos dramáticos, vergüenza y culpa, tratan de controlar los pensamientos y el comportamiento de su hijo o hija. Lo que ocurre en realidad es que se encuentran en una guerra progresiva de poder y control con sus adolescentes. Mientras más los persiguen, más se esconden. Mientras más los golpean con palabras, más responden correspondientemente. Mientras más los castigan, más se esfuerzan por ir más allá de los límites establecidos. Mientras más los inquieren, menos hablan. Mientras más subrayan lo que quieren, más hace lo opuesto el adolescente. Cada parte, padres y adolescente, están determinados a quebrar la resolución del otro. Se convierte en una manera tensa, negativa, debilitante y destructiva de vivir, en la que el enojo crece y el único cambio que ocurre es para empeorar.

Con toda seguridad, esta no es el plan de Dios para preparar a nuestros adolescentes parar una vida productiva y que le glorifique. En vez de querer que los adolescentes estén bajo nuestro control, debemos querer ser usados por Dios para que ellos se sometan gozosamente a Él. En vez de vernos como agentes de control, necesitamos vernos como embajadores de reconciliación. Nuestro deseo debe ser guiar a nuestros hijos hacia el Señor con corazones arrepentidos. Pablo lo explica bien en 2 Corintios 5:17-21.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Como padres, Dios nos ha reconciliado consigo mismo para que seamos sus embajadores de reconciliación. Es como si Dios hiciera su llamamiento personal a nuestro adolescente a través de nosotros. Así que buscamos dirigir a nuestro adolescente hacia el Señor con palabras de confesión, con un compromiso con el arrepentimiento y con la esperanza en la obra efectiva de Cristo en la cruz. No los dirigiremos al Señor sólo una vez, sino vez, tras vez, tras vez, para recibir Su perdón y ayuda.

Hay cuatro pasos para este proceso de arrepentimiento y reconciliación que dejan bien claro nuestro trabajo como embajadores de Dios.

  1. El primer paso es la consideración. Como agentes de Dios, necesitamos preguntarnos, “¿Qué quiere Dios que mi adolescente vea acerca de sí mismo que no está viendo? ¿Cómo puedo ayudarlo a ver estas cosas?” Esto se relaciona con el asunto que discutimos respecto a la ceguera espiritual. Pero muchos padres se van por un camino equivocado en este punto. En vez de involucrar a sus adolescentes en una conversación que los lleve a considerar las cosas que no considerarían por sí mismos, los padres declaran lo que está mal y lo que resultará de ello. En el encuentro total, el corazón del adolescente permanece pasivo o a la defensiva. Sus ojos no han sido abiertos para nada. Las interpretaciones y conclusiones son hechas por el padre. Este tipo de encuentro no produce un giro en el corazón del adolescente.

Contrasta esto con la manera en la que Natán confrontó a David acerca de su adulterio y asesinato. Natán no entró impetuoso ante el trono de David (como los padres de adolescentes son tentados a entrar) y le dijo, “¡Tú, David, eres un asesino y adultero, y ya verás!” En vez de eso, Natán le relata una historia a David con la que se podía relacionar. Su propósito era lograr que David considerara lo que había hecho, para estimular su consciencia, y abrir sus ojos.

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