UNA HISTORIA DESDE EL PAÍS DE LAS RAJADURAS

Hace unos años, un amigo mío, que se llama Carlos, se compró una casa. Después de seis meses comenzó a notar que una de las paredes tenía una rajadura. Buscó un carpintero y lo contrató para que arreglara la rajadura que tenía la pared. Después de un arduo día de trabajo, el carpintero terminó su labor… Unos tres meses más tarde, Carlos se levantó una mañana para encontrar que no solamente había reaparecido la rajadura original en la misma pared que hacía poco acababa de arreglar, sino que ahora tenía a toda la «familia rajadura» en su pared. Nuevamente llamó al carpintero que le había hecho el arreglo original… Dos días más tarde, la pared quedó como nueva… Pasaron algunas semanas más, y una buena mañana se encontró con un ejército de rajaduras en la misma infame pared… Mi buen amigo, entonces, sintiéndose defraudado económicamente, decidió llamar a un carpintero diferente. Cuando el nuevo carpintero llegó, observó las rajaduras, miró la pared, bajó al sótano de la casa, subió al techo y le dijo a mi amigo algo que él realmente no estaba esperando: «Yo no le puedo ayudar, señor.» «¿Quéee?», contestó Carlos, «¿Cómo que no me puede ayudar? ¿No es usted un carpintero? ¿No arregla paredes de yeso?».

«Si, soy carpintero y arreglo paredes de yeso. Pero usted no necesita un carpintero. Su problema no son las rajaduras. Usted tiene un problema en el fundamento de su casa. Las columnas del fundamento se están moviendo, y hasta que usted no repare el fundamento de la edificación, usted siempre va a tener rajaduras en esa pared. Lo que usted necesita es un ingeniero».

La mayoría de la gente ve las rajaduras que tiene en su vida financiera y creen que esos son los problemas que deben resolver. Para eso, entonces, consultan a algún asesor financiero, algún banco, o leen algún libro sobre cuáles son las cosas (o pasos) que deben hacer para salir del problema. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, los problemas financieros son solamente la consecuencia de otros problemas más profundos en la vida del individuo. Son el resultado de haber violado los Principios Universales del manejo económico, Principios que yo llamo «Principios P».

Cuando colocamos fundamentos sólidos e inamovibles en las bases de nuestra vida, nuestra pared financiera nunca tendrá rajaduras. Mucha gente a la que aconsejo financieramente se la pasa tratando de solucionar sus problemas con un parche por aquí y otro por allá. No se dan cuenta que la raíz de sus dificultades está en su ser. Deben cambiar el ser, para, luego, ser totalmente efectivos en el hacer.

PRIMER PILAR «P»: LA PACIENCIA, ACOMPAÑADA DE PERSEVERANCIA

La historia que te voy a presentar ahora la he contado alrededor del mundo por años… La historia trata de dos amigos. Uno se llama Ricardo Rápido y otro se llama Pedro Paciente. Los dos se quieren comprar una casa que vale 100 mil dólares. Los dos tienen 10 mil dólares para dar de depósito, y los dos pueden pagar 700 dólares por mes de hipoteca. (Debo aclarar que no tomaré en cuenta aquí algunos aspectos financieros importantes, como la fluctuación del mercado inmobiliario, la inflación y los costos de compra y venta de inmuebles. Al final te explicaré la razón por la que lo hago, pero tiene que ver con que para la lección principal que quiero enseñar, esos aspectos financieros no juegan un papel preponderante en la historia).

1. UNA COMPRA INTELIGENTE.

Ricardo Rápido, por ser rápido, se compra la casa más grande que puede con el dinero que tiene: la paga $100.000. Aquí está su situación económica:

  • Casa de $100.000
  • Anticipo $ 10.000
  • Deuda: $ 90.000
  • Plazo: 30 años
  • Interés: aprox. 8,5% anual (las cuentas no te darán exactas porque simplifiqué los números).
  • Pago mensual: $700

Pedro Paciente, a pesar de poder hacer lo mismo que hizo Ricardo Rápido, decide que va a comprar primero una casita más pequeña. La paga $65.000. Aquí está su situación económica:

  • Casa de $ 65.000
  • Anticipo $10.000
  • Deuda: $55.000
  • Plazo: 30 años
  • Interés: aprox. 8,5% anual (las cuentas no te darán exactas porque simplifiqué los números).
  • Pago mensual: $700

Notarás que el pago mensual de Pedro Paciente es más alto de lo que correspondería por la deuda que contrajo. La explicación es esta: a pesar de que la deuda es menor y que los pagos mensuales podrían ser, por lo tanto, menores, Pedro Paciente se dice a sí mismo: «Yo puedo pagar 700 dólares mensuales, así que voy a pagar más para adelantar lo antes posible el pago de mi deuda».

¿Qué gana con esto? Bueno, como sabrás, el dinero de las cuotas mensuales con las que uno «paga su deuda» en realidad se divide en dos partes: con una parte se va devolviendo el capital (el dinero que nos prestaron) y con la otra parte se van pagando los intereses (que serían como el costo de «alquilar» ese dinero durante determinado tiempo). Al adelantar pagos, Pedro Paciente se estará ahorrando parte de ese «alquiler» (porque no tendrá durante tanto tiempo el dinero que le prestaron), y a la vez logrará terminar de pagar su deuda mucho antes de lo previsto.

2. UN PAGO ANTICIPADO.

A los 10 años, Pedro Paciente termina de pagar su casa, porque era más barata, y porque fue adelantando pagos. Ricardo Rápido, por su parte, después de 10 años de pagar 700 dólares por mes, ¡todavía debe 70.000 dólares! Esto se debe también, en parte, a que en muchos de los sistemas de préstamos nos van aplicando los primeros pagos mayoritariamente a la cancelación de los intereses y en menor medida a la devolución del dinero que solicitamos, y luego esto se va invirtiendo a medida que avanzamos en las cuotas… Ricardo Rápido ha estado pagando primordialmente un «alquiler» por el dinero que pidió prestado para comprar su casa y, después de haber hecho pagos por más de 80.000 dólares, ¡todavía debe 70.000 de los 90.000 que pidió prestados en un comienzo!

Esa es la «trampa económica» del sistema de pagos de préstamos para compras grandes (como automóviles y casas) tanto en Estados Unidos como en muchos países de nuestra Latinoamérica. No es ilegal. Simplemente es muy desventajoso para el consumidor…

3. UNA MOVIDA INTELIGENTE.

Ahora que Pedro Paciente ha pagado totalmente su casa, decide venderla y comprarse la casa de sus sueños: una casa de $100.000 exactamente al lado de la de Ricardo Rápido. A través de una buena negociación que pudo hacer gracias a que no estaba presionado, le cuesta lo mismo que le costó a los Rápidos diez años atrás. Paciente coloca todo el dinero obtenido por la venta de su primera casa ($65.000) como anticipo, y toma prestados los $35.000 restantes con una hipoteca a pagar a 30 años. Nuevamente, a pesar de que Pedro podría pagar una mensualidad mucho menor ahora, él continúa haciendo pagos mensuales de 700 dólares, lo que acelera aún más la velocidad con la que está pagando su deuda hipotecaria.

4. UNA META LOGRADA Y UNA INVERSIÓN SABIA

¡Cinco años después, Pedro Paciente termina de pagar la deuda de su segunda casa! ¿Qué hace ahora? Bueno, una vez que Pedro Paciente termina de pagar la casa de sus sueños decide que, en lugar de mudarse a una casa más grande, o de gastar en otras cosas los $700 mensuales de las cuotas que ahora le quedan disponibles, él va a seguir viviendo allí y va a tomar ese dinero y lo va a invertir conservadoramente al 8% de interés anual. Pedro Paciente abre, entonces, una cuenta de inversiones, y en ella deposita 700 dólares cada mes, con un rendimiento del 8% anual.

5. UN RESULTADO ASOMBROSO

La pregunta, ahora, es ¿qué ocurre con Ricardo Rápido y Pedro Paciente pasados 30 años de sus compras originales? (Recuerda que sus hipotecas originales era a 30 años de plazo.) Pues bien, a los 30 años de pagar sus mensualidades hipotecarias religiosamente, Ricardo Rápido finalmente termina de pagar su casa. Hace una fiesta, invita a sus amigos y celebra que, por fin, es un hombre libre del yugo hipotecario y que la casa es ahora realmente suya. Tiene un capital acumulado de $100.000 (el valor de su propiedad). Por otro lado, con menos bombos y platillos, Pedro Paciente tiene su casa propia (que vale también $100.000, y que es suya desde hace ya 15 años) y además tiene una cuenta en el banco que alcanza la increíble suma de ¡240.000 dólares!

¿Cómo es posible? ¡Ese es el secreto que quiero enseñarte! La razón principal del éxito económico de Pedro Paciente tiene que ver con la forma en la que planeó el pago de sus intereses hipotecarios. Por eso es que en mi historia dejé de lado ciertos factores como la fluctuación de los precios de las casas y la inflación del país. La enseñanza principal de esta historia tiene que ver con la cantidad de intereses que pagó cada uno de los protagonistas. Ricardo Rápido, con un carácter típico de la sociedad actual, quiso tenerlo todo lo más rápido posible. Pero querer tener todo lo más rápido posible tiene un precio, y suele ser alto. Para él, el precio fueron más de $115.000 en intereses hipotecarios!

Pedro Paciente, por su lado, supo esperar y sufrir por 10 años en una casa más pequeña y en un barrio con menos «estatus» que el de Ricardo Rápido, pero esa planificación económica y ese sacrificio trajeron, a largo plazo, sus beneficios. Paciente solamente pagó unos $35.000 en intereses (menos de un tercio de lo que pagó Rápido). Y aun más: su dominio propio y su carácter maduro le ayudaron a invertir sabiamente el dinero que muchos de nosotros gastaríamos en nuevos «proyectos» familiares.

Recuerda esto: en la nueva economía de mercado, cuando hablamos del pago de intereses, el juego se llama «El que paga pierde». Ya lo vimos en el capítulo referido a las deudas y tarjetas de crédito: el mundo hoy en día quiere tentarte a «comprar ahora y pagar después». ¡Y esto es exactamente lo opuesto de aplicar el principio de la paciencia y la perseverancia!

Una nota más que quizás es obvia: la acumulación de un capital de $340.000 le tomó a Pedro Paciente 30 años de su vida. Eso quiere decir que, si comenzó a los 30 o 35 años de edad él ahora está a punto de jubilarse. No le queda el mismo tiempo de vida que le quedaba cuando comenzó sus planes financieros a largo plazo y, ciertamente, disfrutó 10 años menos de la casa de sus sueños. Pero Pedro Paciente no está pensando solamente en sí mismo. Él está acumulando capital para la siguiente generación: para sus hijos y sus nietos. Él ha sacrificado parte de su satisfacción personal por el bienestar de las generaciones futuras. Este tipo de actitud está desapareciendo de nuestro mundo a medida que los medios de comunicación nos condicionan a disfrutar del «aquí y ahora», sacrificando en el proceso nuestro futuro personal y familiar.

Y hablando de disfrutar del «aquí y ahora», permíteme compartirte un corto video que habla sobre un experimento real que llevó a cabo el doctor Walter Mischel a comienzos de la década del 70. El doctor Mischel descubrió que los niños que pudieron resistir la tentación de comerse un marshmallow (malvavisco) durante 15 minutos, tuvieron más adelante mejores notas en sus exámenes, más planes a futuro, mejores relaciones con los demás, y más éxito en su vida en general. Aquí tienes un TEDTalk actual sobre el viejo «Marshmallow Test» del Dr. Mischel. Para mirarlo, divertirte y pensar un poco… culturafinanciera.org/finanzasinteligentes

La sociedad te dice: «¡Compra ahora y paga después!». Eso, como ya hemos visto, te llevará a perder el control sobre tus finanzas, a contraer grandes deudas y a perder una gran cantidad de dinero pagando intereses a lo largo de los años. Lo mejor es: «Ahorrar ahora y comprar después». Piensa: ¿cuáles son las cosas para las que te gustaría ahorrar ahora y comprar cuando tengas el dinero en efectivo? ¡Haz una lista y anímate a tener paciencia y perseverancia hasta lograrlo!

Extracto del libro Finanzas Inteligentes Para Una Nueva Generación

Por Andrés Panasiuk

Lee la continuación de este tema AQUÍ.

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