Cierto día nos escapamos con un buen amigo a almorzar… Yo pedí un caldo de gallina, él carne asada. Estábamos comiendo cuando llegaron dos niños a vendernos DVDs con películas pirata. Les expliqué que yo no compraba de esas. Pero los invité a almorzar con nosotros. Gustosamente ambos accedieron y se sentaron en nuestra mesa. Cuando se sentaron sentí un olor no muy agradable. No sé cuántos días llevaban sin bañarse que olían espantosamente mal. Tomaron el menú y escogieron un plato de carne asada… Cuando llegó el plato de comida, eso fue un espectáculo. La sonrisa que ambos tenían en su rostro como que apagaba el olor no agradable que emitían sus cuerpos. El primero se preparó una tortilla con carne asada y le pegó una mordida diciendo antes de morderla: “gracias”.

De pronto el menor de ellos preparó una tortilla y ya la tenía lista en sus manos para pegarle la primera mordida, cuando la colocó sobre el plato, se bajó de la banca en donde estábamos sentados y se fue corriendo. Al rato regresó nuevamente corriendo, pero no regresó solo, regresó con otro niño, un amigo que aparentaba ser de la misma edad que él. Lo sentó en la mesa y le dijo riéndose y de manera feliz: “este don nos invitó a almorzar”. Yo pensé que lo llevaba para que yo comprara otro plato de comida, pero tomó su carne con sus manos, la partió en dos, la puso dentro de una tortilla y se la entregó a su amigo. Yo quería llorar, primero por el olor, ahora se había incrementado, eran ¡tres contra dos! Pero a la vez quería llorar, al ver al que no tiene, compartirle de lo que no tiene, al que tampoco tiene. Terminamos el almuerzo, nos despedimos y ellos se fueron a seguir vendiendo DVDs pirata, mientras el último que llegó con su caja de lustre, se fue a lustrar zapatos. Ellos se fueron llenos en sus estómagos, nosotros llenos en nuestros estómagos y en nuestros corazones.

Un error es pensar sólo en el yo y nunca en los demás, eso es ser egoísta. Amarnos tanto que nos olvidamos del resto del mundo. (Filipenses 2:3 y 4). He aprendido que es alegre tener, doblemente repartirlo. Cuando usted tiene sonríe, pero cuando usted da, dos sonríen. El que recibe y el que da. Piense en usted, pero no sólo en usted. Si tenemos es para vivir bien. (Hechos 20:35). Hay más dicha en dar que recibir, porque tener nos hace bien, dar nos hace bien a los dos. Tener produce una sonrisa, dar sonrisas ilimitadas. Increíble, Pablo trabajaba para ayudar a los necesitados. Un increíble ejemplo que podemos seguir.

“También dijo Jesús al que lo había invitado: Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos, a su vez, te inviten y así seas recompensado. Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos” (Lucas 14:12-14 NVI). Cuan necesario es que compartamos y bendigamos a aquellos que sólo puede recompensarnos con un: “Gracias”, porque no tienen nada más para darnos.

Lección #3: Es alegre tener, doblemente repartirlo. No caigamos en el error de acumular sólo para nosotros, bendigamos mes a mes con lo que tenemos, a aquellos que sólo pueden decir: “Gracias”. Es alegre tener, doblemente repartirlo. Cuando usted tiene sonríe, pero cuando usted da, dos sonríen.

Extracto del libro El Maestro Del Dinero

Por Alex López

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