Le comparto una publicación que escribí hace varios años… Hoy domingo 11 de octubre del 2009 a las 6:05 p.m. se dio un apagón en el territorio nacional de Guatemala que duró en mi casa casi dos horas…

Vea todo lo que logró este apagón en nuestra nación. Familias enteras se reunieron probablemente por primera vez en un domingo por la noche a platicar. A recordar momentos alegres, a desempolvar los juegos de mesa, a volver a lo esencial y a lo más valioso. A valorar el tiempo en familia y con los amigos en lo más básico, el compartir la vida con los demás.

Esto es lo bueno de las tinieblas en medio de un apagón. Como que nos obliga a enfocarnos en lo que realmente vale la pena. El compartir con otros esta breve, pero buena vida. Porque ¿Qué es lo que un hijo recuerda como los mejores momentos de su vida? El tiempo que sus papás y hermanos pasaron con él en un viaje, en la visita a la casa de fulano de tal, en un tiempo compartido con un juego de mesa entre amigos. Tiempo, tiempo, tiempo. No presencia, presencia, presencia. Tiempo compartiendo papás con hijos. Tiempo y corazón. ¡Qué valioso! Y para esto no se necesita dinero.

¿Qué sería del evangelio de Jesús si no existiera electricidad? Creo que saldría a luz la esencia del mismo. Nuestras voces en adoración con una guitarra acústica sonando detrás de las voces que a coro exaltan el nombre Dios. Alguien poniéndose de pie alrededor de una fogata y compartiendo lo que Dios hizo en su vida. Uno entre todos tomando la palabra y haciendo relevantes las historias bíblicas en el tiempo de hoy al compartir lo que Dios hizo en su vida. Todos compartiendo no caviar, pero si una comida donde lo más rico no es lo que se come, sino lo que se comparte. Enfocados en adorar y hablar del Creador, en edificarnos unos a otros dejando a un lado los puestos, si el sonido de la iglesia suena bien, si el director lo hace bien, si quien predica me gusta o no y enfocándonos en lo que realmente vale la pena. Vivir para Dios y para tratar al prójimo como a nosotros mismos.

Un apagón de vez en cuando creo que vale la pena. Sí y sólo sí, aprendemos de él y aunque los demás días del año tengamos energía eléctrica, nos enfocamos en compartir un buen tiempo en familia y entre amigos. Porque cuando un ser querido muere lo único que nos queda son los recuerdos. Que cada uno de ellos valga la pena.

Termino pensando en aquel pasaje en el libro de Salmos que dice: “Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!” (Salmo 46:10 NVI). En este mundo ajetreado y lleno de sueños y responsabilidades diarias, cada semana sí que vale la pena quedarse quietos y meditar en lo que realmente importa, empezando por meditar en lo que es vivir y honrar a Dios nuestro Señor y a nuestro prójimo.

Tiempo y corazón. Eso es lo más valioso que podemos tener. Tiempo en familia, con amigos y compartiendo nuestras vidas con un corazón abierto. Recuerde que, si ahora que no tiene muchos recursos económicos, pero tiene tiempo en familia y con amigos, cuando llegue a tenerlo tendrá lo que más importa. Por algo Dios nos hizo para relacionarnos, porque en la relación personal con Dios y en la relación personal con nuestro prójimo, encontramos las mayores riquezas de la vida. Las mayores riquezas no están en la cuenta bancaria, sino en la sala de su casa.

Lección #2: Las mayores riquezas no están en la cuenta bancaria, sino en la sala de su casa. Posea la riqueza más grande, una relación personal y amorosa con Dios y con su prójimo.

Extracto del libro El Maestro Del Dinero

Por Alex López

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here