Nos sentamos a platicar en el desayunador de mi casa. Estaba locamente enamorado de su novia. Se veía sincero y a la vez confundido. ¿Cuál era su dilema? Días atrás su novia le ha­bía confesado que ya había tenido relaciones sexuales con un amigo y que ya no era virgen. Este joven estaba completamente desecho. Lo que sería suyo había sido de alguien más.

En el capítulo anterior, hablamos sobre las re­laciones sexuales, sus consecuencias y cómo evitar arrastrar basura en esta área de su no­viazgo a su matrimonio. En este capítulo quie­ro ayudarlo a enfrentar el pasado asesino. Ese conjunto de acciones que hemos cometido, nos hemos arrepentido, pero ahora estamos viviendo las consecuencias.

Es probable que usted haya escogido entregar su virginidad antes de tiempo, haya robado o haya cometido cualquier error – usted pónga­le nombre a su error – aquel que en secreto guarda en su corazón. Puede no ser uno, es más probable que sean muchos. Si tan sólo pu­diera regresar el tiempo, usted actuaría com­pletamente diferente. Hoy conoce más, hoy sabe mejor, hoy al llegar al mismo camino que transitó, no cruzaría a la derecha, continuaría manejando con la mirada fija hacia delante y evitaría esa situación incómoda que hoy le persigue, su pasado. Es probable que las con­ secuencias que estén experimentando no sean producto de las malas decisiones suyas sino de sus papás. Creció sin uno, sin los dos o tenién­dolos a ambos y su trato con ellos ha afectado negativamente como interactúa socialmente usted con los demás. Existen muchos pasados asesinos.

En el capítulo diez de mi libro Emparejarse, cité en uno de los capítulos al multimillonario e in­versionista Warren Buffett que dijo: «Es más fá­cil evitar caer en un hoyo, que intentar salir de él». La mejor medicina es la preventiva. Antes de lidiar con el pasado asesino, es importante evitar dar a luz nuevos pasados asesinos. Por eso en el capítulo anterior aprendió que de­bemos huir de la tentación. Que nadie entra a un restaurante si no quiere comer. Que usted debe evitar todo tipo de situación que le sea una tentación. Así evitará crear nuevos pasa­dos asesinos. Pero ¿Qué para aquellos que ya tienen un pasado de errores? ¿Qué de aquellos que quisieran retroceder en el tiempo y darle «Delete» al archivo de su pasado?

Tres escenarios. O su pareja traerá un pasado asesino, usted traerá un pasado asesino o ambos lo traerán. Si su pareja tiene un pasado asesino, sea cual sea, usted tiene sólo un camino. Y es el camino del perdón. Sobre este asunto la Biblia enseña:  «Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados.» 1 Pedro 4:8 NVI

En el trato con los demás Jesús nos mos­tró un camino superior al que los morta­les estamos acostumbrados a transitar. Si alguien nos hiere, queremos herir de vuelta. Además solemos tratar bien a los que nos tratan bien y tratar mal a los que nos tratan mal. Jesús dijo: «» ¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? Aun los pecado­res lo hacen así. 33 ¿Y qué mérito tie­nen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así.

34 ¿Y qué mérito tienen ustedes al dar prestado a quienes pueden co­rresponderles? Aun los pecadores se prestan entre sí, esperando recibir el mismo trato. 35 Ustedes, por el contra­rio, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísi­mo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados. 36 Sean compasivos, así como su Padre es compasivo. 37 »No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les perdonará. 38 Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a us­tedes.»» Lucas 6:32-38 NVI

El camino del amor es el camino de Dios. Es un camino en donde se ama y ayuda al enemigo. Dios es bondadoso con los in­gratos y malvados que desea que se arre­pientan y cambien sus caminos. Nuestro Padre Dios es compasivo con la humani­dad y demanda que nosotros también seamos compasivos con nuestro prójimo. Ante el pasado asesino de su pareja, per­done. Jesús nos da la siguiente orden:»No juzguen y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen y se les perdonará». Todo tiene que ver con el mal que otros han hecho o nos han hecho. Perdonar es decidir – no sentir -, es de­jar libre a aquella persona que nos ha he­rido y que nos ha ofendido. Es dejar ir el derecho que como humanos – no como cristianos e hijos de Dios – tenemos de castigar al que nos lastimó, de buscar que sufra el doble de lo que sufrimos noso­tros. Recuerdo las palabras de un predica­dor al citar a su esposa cuando decía: «No perdonar, es como tomar veneno todos los días y esperar que quien nos ofendió, se muera» La falta de perdón lo esclaviza, lo carga, el perdón lo libera y libera a la otra persona para continuar viviendo. El perdón le quita un peso de encima que le impide vivir la vida a plenitud.

Del párrafo anterior fue de lo que le hablé al joven que se sentó conmigo en el desa­yunador y me dijo: «Mi novia me confesó que ya no es virgen». Le expliqué que ante esa situación sólo tenía dos caminos, o perdonarla y amarla o no perdonarla y seguir con su vida. Luego de sopesar las opciones me dijo: «La amo tanto pero no puedo perdonarla, no puedo vivir con esto» y al tiempo se casó con alguien más. Ella tenía un pasado asesino cuyo amor de este joven pudo haber cubier­to su multitud de pecados y restaurado su relación. Pero el desafío fue grande y por eso prefirió terminar la relación. Le dije: «Perdonar es nunca sacarle en cara de nuevo lo ocurrido. Perdonar es verla con los ojos del amor de Dios. Perdonar es hablar del tema una sola vez el día que se extiende el perdón y nunca más. Perdonar es estar enojado y jamás sacar el tema como caballito de pura raza listo para la batalla». El desafío era tan grande que prefirió seguir su camino. Si usted es la persona del pasado asesino y no le per­donan, siga adelante su camino o vivirá siendo constantemente juzgado, atacado y condenado. Créame, eso no es vida.

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