Hace muchos años, cuando sólo existía la te­levisión nacional en Guatemala, un anuncio se hizo famoso. Involucraba a una suegra, a su hijo y a su nuera. El anuncio terminaba con una frase célebre en donde la suegra decía: “Y eso que no me quiero meter”.

Todo papá y mamá responsable, se va a meter en la relación de noviazgo de su hijo soltero. Un papá y una mamá que aman, no les dan pase libre a sus hijos para que hagan lo que quie­ran. Los protegen porque no desean que sufran mucho de lo que han sufrido en carne propia o de lo que han visto en la vida de sus amigos y conocidos. Los papás existen para modelar­nos el camino de justicia, pedirnos cuentas y amarnos incondicionalmente porque somos sus hijos.

Usted no tendrá una relación de noviazgo úni­camente con su pareja, ajena de todo el mun­do. Usted tendrá relación con una pareja que tiene papás y mientras viva bajo el techo de sus padres, mayor responsabilidad de acatar las re­glas del hogar tendrá tanto ella como usted. Entiendo, existen padres completamente exa­gerados, pero siguen siendo padres. Yo mismo he hablado con algunos que en algún momen­to me han pedido consejo pues consideran que sus hijos son rebeldes. Cuando me detallan las reglas que tienen establecidas en su casa, sólo puedo exclamar ¡Gracias a Dios usted no fue mi papá! Porque son reglas tan extremas, que asustan. Pero reglas, siempre debe haber. Las reglas establecen límites para resguardar nuestras vidas.

La mejor forma de arrastrar basura a su matri­monio es no reconocer que su pareja vive bajo autoridad y es la autoridad de sus padres. Dios bendice a los hijos que honran a sus papás.

“Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. 2 «Honra a tu padre y a tu madre —que es el primer mandamien­to con promesa— 3 para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra.»” Efesios 6:1-3 NVI

Usted honra a sus padres cuando los respeta. Usted los respeta cuando los obedece y reco­noce su posición en su vida.

Toda pareja que lo pone contra sus padres, queda en duda si esa persona le conviene para iniciar un matrimonio. Dios es pro unión, el diablo pro división. Tal vez habrá reglas que su pareja debe acatar en casa y con las que usted no está de acuerdo, pero mientras viva bajo el techo de los padres, un hijo debe obedecerlas.

Aún si debe vivir lejos de ellos por estudio u otra causa, debe honrarlos. Llegará el día en que no habrá hora límite para regresar a su pareja a su casa, podrán dormir juntos y ¡con permiso de todo! Llegará el día en que no deberá pedir permiso para realizar un viaje, pero mientras llega, no queda otra. Y obedecer a los padres trae bendición. Es el primer mandamiento con promesa.

Usted no se casará únicamente con su pa­reja. Se casará también con su familia, mu­chas de sus tradiciones y su vida estará ínti­mamente vinculada a la de ellos. Su pareja querrá visitarlos, celebrar sus cumpleaños, turnarse con su familia para pasar con ellos La Navidad o el Año Nuevo. Ilusoriamente he escuchado a muchos jóvenes decir: “Yo sólo me caso con ella y listo. Se acabaron los problemas. Ya no los voy a tener que volver a ver”. Qué tan fácil es hablar pero otra historia vivirlo. Cuando tengan hijos ¿No podrán verlos los abuelos?, ¿Qué les dirá a sus hijos? Familia es familia y se le debe tratar como tal. No significa que usted deba pasar todo el día en la casa de ellos, pero sí que deben tener un trato cordial, respetuoso y practicar la paciencia y la tolerancia. Llegará el día en que se irá de casa y eso será otra historia. Dejará a sus padres y ellos deben dejarlo ir y hacer su vida tal y como sus mismos papás les die­ron la libertad de formar un nuevo hogar.

La segunda mejor forma de arrastrar ba­sura a su matrimonio, es no llevarse bien los hermanos de su pareja. El mismo tra­to con la familia se aplica. Un Salmo dice: “¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía!” Salmo 133:1 NVI No sea arrogante, orgulloso o lleno de prejuicios. Muéstrese amigo y ten­drá amigos. Los hermanos de su pareja no deben convertirse en sus mejores amigos, aunque sería muy bueno. Pero sí deben poder tener un trato cordial, respetuoso y practicar la paciencia y la tolerancia.

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Soy padre de tres hijos.

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