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Estudios Bíblicos – SIMÓN, SANTIAGO, JUAN Y MATEO

Estudios Bíblicos - SIMÓN, SANTIAGO, JUAN Y MATEO

Pasaje bíblico: Mateo 5:1-11; 27-31.

Idea principal

Simón, Santiago, Juan y Mateo nos desafían a dejar una vida confortable por un compromiso radical de seguir a Jesús.

Desarrollo

En la época en que vivió Jesús los personajes de nuestra historia estaban muy bien situados social y económicamente. Podríamos decir que se trataba de personas con una buena posición económica y que debían vivir -según los parámetros de la época, que no hemos de confundir ni comparar con los nuestros- una vida confortable y sin ahogos materiales.

¿En qué nos basamos para semejante afirmación? Deducimos de la lectura de los evangelios que pedro era propietario de, al menos, una barca de pesca. Con toda probabilidad y dada las características de las embarcaciones de la época debía tener personas asalariadas que trabajaban para él en las faenas pesqueras. En el caso de Juan y Santiago eran hijos de Zebedeo, el cual, al igual que pedro, era propietario de naves dedicadas a la tarea de la pesca. Al hablar de Simón nos encontramos ante un pequeño empresario del sector primario, es decir, de la pesca. Al hablar de los otros dos héroes nos encontramos ante los hijos de un empresario pesquero del cual, con toda seguridad, heredarían algún día el negocio del que ya formaban parte.

¿Cómo podríamos catalogar a Leví, a Mateo? En las categorías de nuestra sociedad Mateo sería un profesional liberal, alguien que se gana sus ingresos ejerciendo una profesión para la que está capacitado o adiestrado, como sería en nuestros días un ingeniero, un abogado, un economista, etc.

Los recaudadores de impuestos eran profesionales liberales. Compraban la concesión de los tributos de una determinada zona del país o la región por una cantidad fija. Esa cantidad fija era el dinero que el gobierno romano consideraba que debía recaudar de la zona en cuestión. El publicano pagaba por adelantado esa cantidad y después era su responsabilidad el recobrarla.

Evidentemente el negocio y la ganancia consistía en poder recaudar cuanto más, mejor. Ya que su beneficio radicaba en la diferencia entre lo que había pagado a roma y lo que conseguía recaudar de más. Naturalmente eso se prestaba a todo tipo de corrupciones y abusos, cosa que Juan el bautista denunció en sus predicaciones y por lo que conocemos del caso de Zaqueo -que prometió devolver multiplicado todo lo que hubiera captado de más- se daba en numerosas ocasiones.

Así pues nos encontramos ante personas que tenían la vida totalmente resuelta desde el punto de vista económico y social. Poseían un cierto estatus acomodado, siempre poniéndolo en el contexto de la época- y un futuro que se pintaba seguro y en la misma línea. Los soldados romanos garantizaban la recaudación de los impuestos y el pescado, en fin, el pescado no había ninguna razón para suponer que desaparecería. Entonces aparece en la escena Jesús, un maestro itinerante que iba predicando de pueblo en pueblo un mensaje acerca del acercamiento del reino de dios. Un maestro del que se desconocía que tuviera domicilio fijo, de hecho, en sus predicaciones él mismo indicaba que a diferencia de los animales salvajes, que acostumbran a tener guarida, él no tenía dónde recostar su cabeza. Un maestro que era notorio que usaba como base logística y para alojarse las casas de los amigos.

Un maestro que iba de un lado para otro predicando y manteniéndose económicamente, ya que carecía de cualquier tipo de ingresos fijos, de las ayudas materiales y monetarias de un grupo de mujeres que habían recibido ayuda y bendición de su ministerio. Un maestro que ya empezaba a ser impopular debido a sus pretensiones mesiánicas, de hecho, hacía poco habían intentado matarlo en su propia ciudad y ya había tenido los primeros enfrentamientos con los maestros de la ley y los fariseos. Un maestro, en fin, que se rodeaba de lo peor de la sociedad de su tiempo y que, en consecuencia, lindaba la marginación social y religiosa.

Para Simón, Juan, Santiago y Leví seguir a Jesús representó un cambio radical. Aquellos hombres dejaron una vida segura, estable, burguesa, segura desde el punto de vista económico, por la aventura de seguir a un maestro que les pedía un compromiso de vida radical que les llevaba a la inseguridad, el nadar contra la corriente social, el enfrentarse a los poderes religiosos, económicos y políticos de la época y a un cambio en sus propias vidas personales, sus valores, sus prioridades y su orientación vital.

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