El Mito de Tomás.

Tomás ha sido difamado grandemente. Su reputación no es tan mala como la de Judas, quien traicionó a Jesús. Y quizás nunca compitió con Pedro, quien negó al Señor tres veces antes de su crucifixión. Pero Tomás está clasificado entre los «chicos malos» de los discípulos, los doce hombres que estuvieron más cerca de Jesús durante sus tres años de ministerio.

Tomás debe su reputación de «chico malo» a un incidente después de la resurrección del Señor. Jesús había aparecido a los discípulos que estaban a puertas cerradas. Pero Tomás no estaba con ellos. Cuando dijeron a Tomás las noticias de la resurrección de Jesús, él respondió: «… si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré» (Juan 20.25).

Cuando Jesús se le apareció a Tomás, el Señor le dijo: «… Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente» (Juan 20.27).

Sin embargo, muchas personas, cuando leen estas palabras, se enojan con Tomás por su incredulidad. Al hacer esto, se les olvida que ninguno de los otros discípulos creyeron hasta que también vieron las evidencias de la resurrección. Los otros ya habían visto las manos y el costado de Jesús. Aún más, Jesús no le dijo a Tomás: «Nunca debiste dudar». Él le mostró a su discípulo la evidencia y entonces le dijo: «No seas incrédulo» y finalmente, cuando Tomás vio la evidencia, (la Biblia no dice si Tomás tocó o no a Jesús como pidió), hace una de las más grandes confesiones en la historia de la fe, diciendo a Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!»

Por alguna razón pensamos que las dudas son una de las más grandes groserías. «Los verdaderos cristianos no dudan», decimos. Eso es un mito.

La duda no es lo opuesto a la fe; es lo que la precede. La duda no cancela nuestra fe, sino que da lugar a la fe. Es más, así como en el caso de Tomás, la duda puede ser lo que nos lleve a la verdad.

Gordon y William Brown, en su libro Romanos: Evangelio de libertad y gracia, hacen la siguiente observación: «La fe crece al buscar la verdad, y el que la busca debe hacer preguntas, y estas preguntas implican «dudas honestas». El significado original de la palabra «duda» (skeptikos) es investigador o cuestionador».

El mito de Tomás de que «los verdaderos cristianos no dudan», no viene de la Biblia. La lección que tenemos que aprender de Tomás es que la duda es natural, que podemos ser honestos en cuanto a nuestras dudas, y que una duda honesta debe abrir el camino para la fe cuando Jesús nos revela la verdad.

Ejercicio.

Desarrolla tu capacidad para enfrentar el mito de Tomás con este ejercicio:

Lee Lucas 24.1-12. ¿Cuál fue la reacción de los discípulos cuando la mujer relató las noticias de la resurrección de Jesús (versículo 11)?

Lee Lucas 24.13-24. ¿Cómo reaccionaron estos dos hombres que iban en camino a Emaús cuando escucharon acerca de la resurrección? ¿Implican estos versículos certeza o incertidumbre?

Lee Lucas 24.25-35. ¿Cómo fue que estos dos discípulos se convencieron de la realidad de la resurrección?

Lee Lucas 24.36-47. ¿Cuál fue la primera reacción de los discípulos cuando se les aparece Cristo resucitado (vs. 41)? ¿Cómo fue que se convencieron (versículos 40, 42, 43 y 45)?

Lee Juan 20.19-29. ¿Cuál fue la respuesta de Jesús al clamor de Tomás: «Señor mío y Dios mío»? De manera similar, Jesús desea que lleguemos al punto de responder y confesarlo como Señor y Dios.

¿Cuáles son tus dudas? Ora para que a través de tus dudas Jesús te guíe a una nueva confesión de fe.

Extracto del libro “No Dejes Tu Cerebro en la Puerta”

Por J. McDowell y B. Hostetler

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