A cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien de todos (1 Corintios 12.7).

En un capítulo anterior ya dijimos a gritos que eres alguien especial. Ahora, ¿te parece que puedes decirlo en voz baja y creerlo? Mira las palmas de tus manos: hay algo único, algo singular en ellas. Nadie en la historia de la humanidad tuvo, tiene ni tendrá tus mismas huellas digitales. Nadie en la historia de las civilizaciones podría hacer la misma marca que tú puedes hacer en el polvo de la tierra si apoyas con fuerza tu dedo en él. Eres único. ¡Y no sólo por tus huellas digitales! Eres una maravillosa obra maestra de Dios creada con el propósito de dejar en el mundo una marca que nadie más puede hacer.

Piensa en lo siguiente: hace unos cuantos años (no sé exactamente cuántos), participaste en una carrera. Sí, eso mismo: una vez en la largada, comenzó una carrera que por momentos parecía que podías perder. Ibas adelante, pero te pasaban; por un momento ganabas, en otro momento perdías. Tenías a tu lado a unos tres millones de competidores. ¿Crees que estoy loco? Un poco, pero lo que digo es no% cierto. Cualquiera de los otros competidores podría haber ganado, pero fuiste tú quién ganó. ¿Qué sucedió? Naciste. Una cantidad increíble de espermatozoides salió de tu papá el día de tu concepción, pero uno solo fecundó el óvulo de tu mamá, y naciste tú. Yo no sé si tus padres lo habían planificado. No sé si te habían esperado por años o si fue un descuido del momento, pero sí sé que Dios estaba esperando el momento en que tú ganaras. Él quiso que nacieras. Él te eligió, y te hizo alguien especial. Y además él tiene un propósito para tu vida. Dice la Biblia:

  • Dios nos escogió en él antes de la fundación del mundo. Por su amor, nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado. (Efesios 1:4-6)
  • Pues somos hechura, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efesios 2.10).
  • A cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo (Efesios 4.7).

¿QUÉ SON LOS DONES?

Ahora bien, cuando van pasando los años y escuchamos hablar de servir a Dios y de alcanzar nuestro potencial, surge la pregunta acerca de los dones. ¿Cuáles tengo? ¿Tengo alguno?

Lorenzo me decía que él no tenía dones ni talentos, y lo decía con tanta seriedad que dolía. Este chico de Maracaibo, Venezuela, estaba equivocado, y por eso tuvimos que hablar por un rato. Primero le hablé acerca de los versículos que mencionamos anteriormente, y luego hablamos acerca de qué son los dones y a cuáles actividades o habilidades nos referimos cuando hablamos del tema.

Le dije a Lorenzo que los dones son habilidades que da el Espíritu Santo a los cristianos para que los utilicen a favor del crecimiento del reino de Cristo en la tierra. Casi todos los dones espirituales mencionados en la Biblia se encuentran en tres capítulos claves: Romanos 12, 1 Corintios 12 y Efesios Hay otros textos que los mencionan y también nos dan ideas importantes, pero estos tres son los básicos. Aquí viene una lista de los dones que aparecen en estos tres textos principales:

  • Profecía
  • Servicio
  • Enseñanza
  • Exhortación
  • Generosidad
  • Liderazgo
  • Misericordia
  • Sabiduría
  • Conocimiento
  • Fe
  • Sanidad
  • Milagros o maravillas
  • Discernimiento de espíritus
  • Lenguas
  • Interpretación de lenguas
  • Apóstol
  • Ayuda
  • Administración
  • Evangelista
  • Pastor

DONES Y TALENTOS EN EL MISMO REPRODUCTOR

Si llevas algunos años en una iglesia cristiana seguramente has escuchado diferenciar los dones de los talentos. Según lo que probablemente escuchaste, los dones son regalos de Dios que nos llegan sobrenaturalmente, y los talentos son habilidades que traemos desde pequeños o que fuimos desarrollando en la escuela.

Pero ¿para qué se supone que usemos unos y otros? El Nuevo Testamento nos enseña que todo lo que hacemos como cristianos debemos hacerlo para la gloria del Señor, de modo que en términos prácticos no es tan importante diferenciar entre dones y talentos. Mucho depende de nuestra comprensión de las palabras que utilizamos. Por ejemplo, había una vez un perro que, cuando le gritaban: ‘¡Ataque!’, se dejaba caer, le daban convulsiones y le salía espuma por la boca, ja, ja. Tal vez no lleguemos al extremo que llegaba este perro, pero lo cierto es que lo que hacemos está asombrosamente determinado por nuestra comprensión de las palabras. Tal vez creemos que los dones son algo mágico, y que por ese motivo tenemos que ponerlos al servicio de la iglesia; y en cambio pensamos que los talentos son algo natural y que Dios no tiene nada que ver con ellos… Obviamente este es un gran error. Aun aquellos talentos que tenemos por un proceso ‘natural’ nos fueron dados por Dios, ya que él es el Creador de nuestra naturaleza.

En mi equipo musical tengo canciones en distintos formatos. Hay MP3s y hay wms. (Si eres un ‘dj’ o eres fanático de la música seguramente sabes de qué hablo.) Pero a mi reproductor no le importan las diferencias: yo puedo escuchar música guardada en uno u otro formato. Lo mismo ocurre con los dones y los talentos. Dios nos da ambos, y a nosotros nos toca reproducirlos con la mejor calidad. Tú llegarás a tener una combinación única de dones y talentos que te hará reproducir la música de Dios en tu vida de una manera especial.

Extracto del libro Rebeldes Con Causa

Por Lucas Leys

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