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Si tengo un día muy malo y me siento tentada a creer que Dios no es bueno. Dios es bueno. “Alabad a Jehová, porque él es bueno” (Sal.136:1).

Si me siento lejos de Dios y me inclino a creer que no me ama. Dios me ama y quiere darme lo mejor. “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro.8:38-39).

Si me siento gorda o fea. Dios me creó como su obra maestra. “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien” (Sal.139:14)

Si me siento rechazada. Dios me acepta por medio de Cristo. “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo… en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Ef.1:4-6).

Si siento que necesito más «cosas” y que mis deseos me consumen. Dios es suficiente. “Jehová es mi pastor; nada me faltará” (Sal.23:1). “Contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (He. 13:5).

Si me preocupan mis circunstancias. Puedo confiar en Dios. “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Sal. 37:5).

Si siento que algo que me ha sucedido arruinará mi vida para siempre. Dios no comete errores. “En cuanto a Dios, perfecto es su camino” (Sal. 18:30). “Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre” (Sal. 138:8).

Si siento que no puedo manejar un problema que enfrento.  La gracia de Dios es suficiente para mí. “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Co. 12:9).

Si siento que mi pecado es demasiado grande para ser perdonado. La sangre de Cristo es suficiente para cubrir todo mi pecado. “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn.1:7).

Si siento que nunca podré vencer un hábito pecaminoso. La cruz de Cristo es suficiente para someter mi carne pecaminosa. “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado” (Ro.6:6-7).

Si siento que mi potencialidad está limitada por mi pasado. Mi pasado no tiene que controlar mi futuro. “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co.5:17).

Si siento que no sé dónde buscar ayuda y consejo. La Palabra de Dios es suficiente para guiarme, enseñarme y sanarme. “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo” (Sal.19:7). “Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su mina” (Sal.107:20). “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Sal.119:105).

Si siento que Dios me pide algo que es imposible. Por medio del poder de su Espíritu Santo, Dios me facultará para Llevar a cabo todo lo que me manda hacer. “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Ts.5:24). “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13).

Si quiero culpar a otros de mis reacciones. Soy responsable delante de Dios por mi comportamiento, mis respuestas y mis elecciones. “El hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él” (Ez. 18:20).

Si siento que mis decisiones presentes carecen de importancia. Mis decisiones presentes afectarán mi futuro. “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gál.6:7-8).

Si siento que someterme a una autoridad me hará perder mi libertad. La mayor libertad que puedo experimentar la hallo al someterme a la autoridad establecida por Dios. “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan” (Tit.3:1).

Si siento que no quiero saber más de la iglesia. Necesito la iglesia. “Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros… para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros” (1 Co.12:20-21, 25). “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Heb.10:25).

Si siento que una carrera profesional es más satisfactoria y valiosa que el matrimonio y la maternidad. En la voluntad de Dios no hay un llamado mayor y más santo que ser esposa y madre. “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tit.2:4-5).

Si soy tentada a sacrificar la santidad por la gratificación inmediata. La santidad personal es más importante que la felicidad inmediata. “Cristo se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tit.2:14).

Si lo único que me preocupa es que Dios arregle mis problemas. A Dios le interesa más cambiarme y glorificarse que solucionar mis problemas. “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él… según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef. 1:4- 6). “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts.5:23).

Si no entiendo una dificultad que enfrento. Es imposible ser piadoso en ausencia de sufrimiento. “Después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 P.5:10).

Si quiero que las cosas se hagan a mi manera. Yo no soy la más importante sino Él. “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Ro.11:36).

Extracto del libro “Mentiras Que Las Jóvenes Creen”

Por Nancy Leigh DeMoss y Dannah Gresh

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