Hoy en día, nuestros celulares son inteligentes y tienen la capacidad de tener almacenada cualquier cantidad de música, toman fotos, graban video y audio y con tantos Apps disponibles, podemos hacer lo que queramos. Cuando yo era niño, todo lo que hoy en día hace un teléfono inteligente, lo hacían distintos aparatos y con muchas limitaciones… Pero a pesar de todos los avances tecnológicos y que ahora cualquier puede grabar un vídeo o tomase una foto solo, una selfie, todavía se siente extraño cuando nos escuchamos hablar en un vídeo. Como que no fuéramos nosotros. O se siente extraño verse en un video. Porque básicamente el tiempo que pasamos despiertos, pasamos viendo el rostro de los demás y no viendo nuestro rostro.

¿Cuántos minutos al día ve su rostro? Si es hombre, lo muy probable es que en la mañana al despertarse, si entra al baño a lo largo del día y listo. Las mujeres sí ven su rostro muchas más veces, pero aun así, no se compara para nada con el tiempo que pasan viendo el rostro de los demás.

La primera meta de vida tiene que ver con el rostro. El mundo selfie, gira alrededor de mi rostro, de mi persona. Yo estoy al centro, todo el mundo está a mí alrededor. ¿En quién pensamos todo el tiempo? En nosotros. La primera meta de vida, es muy distinta.

Jesús enseñó algo que no lo inventó él, sino que ya se enseñaba desde tiempo aún más antiguos. Pero se enseñaba en su versión pasiva. Se decía: “No traten a los demás, como no quieren que ellos los traten a ustedes». Esta versión ha sido llamada también la Regla de Plata. ¿Por qué es una versión pasiva? Porque el énfasis está en el “no». En no hacer y en no tratar a otros, como no queremos que nos traten. No nos llama la acción, sino a limitar la acción que produce en otros, lo que no queremos que ellos produzcan en nosotros. Este pensamiento va de la mano con todos aquellos que dicen: “Yo no me meto con nadie, que nadie se meta conmigo». Ellos viven La Regla de Plata.

Pero Jesús vino y le dio un giro a esta enseñanza. Para Jesús no lastimar no basta, no hacer el mal no basta. No es suficiente no hacer el mal, sino que somos llamados a hacer el bien. Las palabras de Jesús están registradas en la Biblia en el libro de Mateo 7:12 “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas».

Jesús viene y le da un giro total a la enseñanza de aquel tiempo y que hoy conocemos como la Regla de Oro. ¿Qué fue lo que dijo Jesús? No dijo: “No traten», que denotaba pasividad y evitar hacer daño. Él dijo: “Traten», que denota acción.

Y es que no basta con no hacer el mal, somos llamados a hacer el bien. No basta con no lastimar a alguien, somos llamados a curar al herido. No basta con no robar, somos llamados a ser generosos con el necesitado. No basta con no ofender, somos llamados a dar palabras de ánimo. No basta con no matar, somos llamados a llevar vida a los que están muriendo y consuelo a los que han perdido un ser querido. Ante las necesidades de este mundo podemos ser pasivos o activos. Podemos evitar hacer daño o hacer el bien. Evitar hacer daño es un mundo selfie, hacer el bien es un mundo de clones. ¿Cómo así?

La Regla de Oro entonces, es todo el tiempo tratar a los demás como deseamos ser tratados. En otras palabras, póngales su rostro a los demás. Imagine que toda la humanidad es su clon y cada vez que trate a cualquier persona ponga su rostro en el rostro de esa persona. Póngase en el lugar de otros en cualquier situación y trátelos como si usted estuviera del otro lado, como si usted fuera la otra persona.

Somos muy prontos para juzgar y generalmente sin conocer los detalles. Stephen R. Covey en el libro: “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva», enseñó que el 5º hábito consiste en: “Procure primero comprender y después ser comprendido». Covey enseña que primero debemos comprender completamente a la otra persona, no escuchar pensando en hablar, sino escuchar y comprender, para entonces y sólo entonces, hablar. Debemos ponernos en su lugar, entenderlo y luego buscar ser comprendidos. Esto es La Regla de Oro aplicada al diálogo, a escuchar, antes que a hablar.

Póngale su rostro al rostro de los demás, véalos y trátelos como si fueran su clon, como si fueran una copia de usted. ¿Asegurará esto que ellos lo tratarán de regreso como usted desea ser tratado? Muchas veces no. Y este es el desafío de vivir la Regla de Oro que enseñó Jesús. “Tratar a los demás tal y como queremos que ellos nos traten a nosotros», no tiene nada que ver en lo absoluto con cómo nos traten ellos a nosotros. En otras palabras, La Regla de Oro consiste en tratar en todo a los demás como queremos que ellos nos traten a nosotros, aunque ellos no nos traten de la misma manera. La Regla de Oro es una calle de una sola vía. Tratamos como deseamos ser tratados, sin importar cómo nos traten. En un mundo selfie, yo soy el centro de todo, yo vivo para mí. En un mundo de clones, los demás son el centro de todo. Yo vivo pero no sólo para mí, yo tomo en cuenta a otros, como si fueran otro yo y así los trato. En un mundo de clones, yo pongo mi rostro, en el rostro de los demás. ¿Vida selfie o vida clon?, ¿Cuál escoge?

Meta de vida #1: Ponga su rostro en el rostro de los demás y trátelos como usted desearía ser tratado por ellos.

Desafío #1: Viva La Regla de Oro y vívala hasta el día de su muerte. Vívala con sus papás, demás familia, amigos y extraños. Su vida tocará a muchos y dejará su mundo, muy distinto al que recibió.

Extracto del libro Metas de la Vida

Por Alex López

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