LA PERSPECTIVA DESDE LA CRUZ

Adán fue el primer ser humano que contempló la idea de que él podía ser «como Dios» (Génesis 3:5), lo cual es el núcleo de la concepción del mundo centrada en el yo que fomenta Satanás. Incontables son los que, desde Adán, han sido tentados por el diablo para creer que son sus propios dioses; hoy, el movimiento de la Nueva Era promueve esta mentira en forma grandiosa. Sin embargo, el relato bíblico de la creación nos muestra claramente que solamente Dios el Creador es verdaderamente Dios. Adán y su descendencia no son dioses; somos seres creados que no podemos vivir separados de Dios. La idea de que el hombre es su propio dios es el latido vital de la concepción satánica del mundo y el eslabón principal de la cadena de la atadura espiritual al reino de las tinieblas.

El problema del intento humano de ser su propio dios es que el hombre nunca fue diseñado para ser dios. Le faltan las cualidades necesarias para cuidar su propia vida y su futuro. Aun el Adán espiritualmente vivo y sin pecado del jardín de Edén no estuvo equipado para ser su propio dios, mucho menos nosotros, nacidos desde entonces, que llegamos al mundo espiritualmente muertos. Al contrario de lo que dicen los adeptos de la Nueva Era, la habilidad de ser dios nunca estuvo en nosotros, no lo está ni lo estará. Ser Dios es algo que corresponde solamente a Dios.

Si tú deseas vivir libre de las ataduras del mundo, la carne y el diablo, debes romper este importante eslabón de la cadena. La concepción egocéntrica del mundo que fomentan Satanás y sus demonios en todas partes, debe ser reemplazada por las enseñanzas de Jesús en Mateo 16:24-27.

Los siguientes seis puntos, tomados de lo dicho por Jesús, constituyen la perspectiva desde la cruz. Son las guías necesarias para liberarse de la atadura del sistema del mundo y del diablo que lo inspira. Quédate en la luz de la victoria de la cruz y encontrarás triunfante tu camino en un mundo tenebroso.

NIÉGATE A TI MISMO

Negarte a ti mismo no significa ser abnegado. Todo atleta practica la abnegación al restringirse de ciertos alimentos, de las drogas, del alcohol, de las fiestas que duran toda la noche y de todo lo demás que le impida alcanzar sus metas. Sin embargo, el objetivo final de la abnegación es promoverse a uno mismo: ganar un juego, quebrar un récord, lograr un cierto status y reconocimiento como atleta.

Jesús hablaba de negarte a ti mismo en la batalla que sostienes para decidir quién va a ser Dios de tu vida. Jesús no entra en esta batalla pues Él ya la ganó. Él ocupa el trono y ofrece, bondadosamente, compartirlo con nosotros. Pero nosotros queremos ser el rey de nuestras vidas. Hasta que nos neguemos eso, que nunca fue hecho para ser nuestro: el papel de ser Dios en nuestra vida, nunca estaremos en paz con nosotros mismos o con Dios y nunca seremos libres.

No fuiste hecho para funcionar sin Dios; tampoco tu alma fue hecha para funcionar como amo. Sirves a Dios y Su reino o sirves a Satanás y su reino. Cuando te niegas a ti mismo, invitas a Dios para que ocupe el trono de tu vida, el cual es Suyo por derecho propio, para poder vivir como una persona que está espiritualmente viva en Cristo. Negarte a ti mismo es esencial para la libertad espiritual

TOMA TU CRUZ CADA DÍA

La cruz que tenemos que tomar a diario no es nuestra propia cruz sino la de Cristo. Sin embargo, estamos íntimamente identificados con Su cruz porque hemos sido crucificados con Cristo y ya no vivimos nosotros, sino que Cristo vive en nosotros (Gálatas 2:20). Su cruz perdona lo que hemos hecho y nos libera de lo que fuimos. Somos perdonados porque El murió en nuestro lugar; somos liberados porque nosotros morimos con El. Somos, a la vez, justificados «hechos aceptables para Dios” y santificados «puestos aparte para un propósito santo» como resultado de la cruz.

Tomar la cruz a diario significa darse cuenta, cada día, de que pertenecemos a Dios. Hemos sido comprados por la sangre del Señor Jesucristo (1 Pedro 1:18,19). Cuando tomamos la cruz decimos que nuestra identidad y propósito no se basan en nuestra vida física sino en nuestra relación con Dios.

SIGUE A CRISTO

Seguimos a Cristo siendo conducidos por el Espíritu Santo a la muerte del gobernarse a sí mismo. Tal como escribió Pablo en 2 Corintios 4:11. Puede que estés pensando «Esto de negarse a uno mismo no me parece nada divertido. De hecho, suena horrible». Bueno, no es así pues dejar de jugar a ser Dios y dejar que El sea el Señor de nuestras vidas, de nuestros problemas y de nuestro futuro constituye una enorme victoria.

Ser guiados por el Espíritu de Dios es nuestra seguridad de ser hijos de Dios (Romanos 8:14). Solamente cuando llegamos al final de nuestros recursos es cuando descubrimos los recursos de Dios. No fuimos diseñados para funcionar independientemente de Dios. Solamente cuando dependemos de El proponiéndonos seguir a Cristo, estamos completos y somos libres para probar que la voluntad de Dios es buena, aceptable y perfecta (Romanos 12:2). «Niégate a ti mismo, toma tu cruz a diario y sígueme» parece como que te sacrificas sin ganar nada. Pero nada podría estar más lejos de la verdad pues ¿qué estás sacrificando en realidad?

Extracto del libro Rompiendo Las Cadenas Edición Para Jóvenes

Por Neil T. Anderson y Dave Park

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