Para adquirir responsabilidad, para luchar contra el pasotismo, el conformismo y la desmotivación, necesi­tas tener un objetivo. «Responsabilidad» es una palabra que viene del verbo en latín «respondere», que significa «responder», así que la responsabilidad es contestar una pregunta. Si tienes un objetivo es como una pregunta; si cumples ese objetivo, has contestado, por lo tanto, has sido responsable. Para poder sacrificarse hay que ser responsable. Ahora, también es importante el tipo de objetivos que te marcas. Márcate objetivos personales, pero también objetivos espirituales, trascendentes, aque­llas cosas que sirven para hacer que la obra de Dios crezca. Tal vez conseguir que un amigo te acompañe a alguna reunión o evento, hablar a alguien del Evangelio, hacer un estudio o curso, tener tu devocional diario…, cualquier cosa, por pequeña que sea, pero ten presente siempre a Dios, que todo lo que hagas, lo hagas para él.

Además de marcarte objetivos, te animo a ser valiente, es decir, no tengas miedo a fracasar, a no poder conseguirlo. Si hay algo único en nuestro Dios, es que es el Dios de las oportunidades. Siempre está dispuesto para que volvamos a comenzar. Es cierto que muchas personas no ayudan nada cuando caemos, pero busca a personas que te ayuden a ser valiente, que te ayuden a levantarte cada vez que caes, cada vez que fallas, cada vez que sales derrotado.

Hay un poema que me encan­ta que escribió el Dr. Christian Barnard, el médico que realizó el primer trasplante de corazón del mundo:

Si piensas que estás vencido, lo estás.

Si piensas que no te atreves, no lo harás.

Si piensas que te gustaría ganar pero no puedes, no lo lograrás.

Si piensas que vas a perder, ya has perdido.

Porque en el mundo encontrarás que el futuro se decide en la mente de un hombre.

Todo está en su estado mental.

Muchas carreras se han perdido antes de haberse corrido y muchos han fracasado antes de haber comenzado.

Piensa en grande y crecerás, piensa en pequeño y quedarás atrás.

Piensa que puedes y podrás.

Todo está en tu estado mental.

Si piensas que estás preparado, lo estás.

Tienes que estar seguro de ti mismo.

Que la carrera de la vida no siempre la gana el hombre más fuerte, o el más ligero, pero tarde o temprano, el hombre que gana es aquel que cree poder hacerlo.

Realmente es desde nuestro interior de donde surge la fuerza y el valor para perseguir nuestros objetivos, nuestros sueños, aquello que queremos alcanzar para Dios. Te animo a pensar en grande, te animo a seguir siempre adelante. Te aseguro que siempre habrá aque­llos que pondrán obstáculos para alcanzar tus obje­tivos, aquellos que querrán matar tus sueños. En mi experiencia he luchado contra mucha gente que pensa­ba que no podría alcanzar mis sueños, a veces incluso familia, a veces pastores, cristianos o mi propia iglesia. Pero cuando tus objetivos están marcados por el deseo de cumplir con la voluntad de Dios, no hay nada que los pueda parar, porque nuestro Dios es el Dios de la vic­toria. Nuestro Dios es el Dios de los imposibles. Graba esto en tu corazón y mente, atrévete a ser valiente. Si hay algo que caracteriza a un joven es su capacidad de luchar por sus sueños, por eso es triste observar como cada vez más personas han decidido matar los sueños de los jóvenes, han decidido arrinconar a aque­llos que se atreven a ser diferentes.

Piensa en sueños grandes. En mi Biblia tengo una cita que me escribió un amigo al terminar un campamen­to: «Solo los que sueñan grandes cosas, consiguen grandes cosas». Sé valiente y ponte objetivos que solo podrás alcanzar con la ayuda de Dios, no depende de tus dones o talentos, de tu creatividad o de caer gra­cioso. Consiste en personas sencillas como tú y como yo que tenemos la capacidad de reconocer que pue­den suceder grandes cosas porque Dios decide usar­nos a pesar de nuestras debilidades e incapacidades. Nuestra única dependencia debe provenir de Dios, su Palabra, nuestra relación con él. Ya lo decía Pablo cuando escribía a Timoteo: «Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo». Siempre habrá personas que tendrán a la juventud en poco, que no contarán con ellos o que pensaran que tienen poco que aportar, que sus sueños son solo eso, sueños pasajeros. Este punto nos lleva al siguiente consejo: perserverancia.

Hay que ser constantes y luchar.

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