NO HAY NADA MÁS TORPE QUE DARLE LA ESPALDA A DIOS

Me encantan los relatos de suspenso. Recuerdo una historia que vi en un especial de Alfred Hitchock, uno de los maestros de las películas del suspenso y todavía venerado en Hollywood. Era el relato de una bella mujer que había sido sentenciada a cadena perpetua. Luego de algunos años se hizo amiga de uno de los guardias de la prisión. Como ella era una mujer hermosa, el guardia la miraba con ojos de lobo feroz. Uno de los trabajos de este guardia era sacar el cuerpo de las prisioneras que morían y llevarlos al cementerio que había del otro lado de los muros de la prisión. Cuando una presa moría, sonaba una campana que todos podían escuchar. Entonces los guardias tomaban el cadáver y lo ponían en una caja de madera y todos podían escuchar cómo se martillaban los clavos que cerraban la caja. Finalmente ponían el féretro en una carretilla, y este guardia era el encargado de pasarlo por los dos portales que separaban el interior de la prisión con el exterior y luego dejarlo en el cementerio, en el hueco donde sería enterrado.

Conociendo la rutina, la mujer pensó en un plan para escaparse y decidió ganarse la confianza y el amor incondicional del guardia. El plan era simple. La próxima vez que sonara la campana, la mujer se las arreglaría para llegar cerca de la celda del cuerpo muerto, y cuando los guardias salieran para llenar los papeles con la información de quién, cuándo y cómo había muerto, ella esperaría adentro del féretro a que su guardia amigo viniera a clavar el féretro y lo sacara fuera de la prisión. Tendría suficiente oxígeno como para respirar por algunas horas, y esa misma noche el guardia aprovecharía la oscuridad para volver y liberarla del féretro. No fue fácil convencer al guardia. Él consideraba que todo el proceso era demasiado riesgoso. La condición fue que no había que hacer ningún ruido y él no debía ni siquiera verla cuando ella se metiera en el cuarto de los féretros.

Una vez que todo estuvo combinado, había que esperar a la próxima muerte. Esta sólo se hizo esperar unas pocas semanas. Cuando sonó la campana, la mujer abrió la traba de su celda como otras veces lo había hecho y con todo cuidado se escondió detrás de unas de las columnas que estaban cerca de donde llevaban los cuerpos fallecidos antes de ponerlos en el féretro. Su corazón palpitaba con más fuerza que nunca. Cuando escuchó que los guardias se alejaban, entró al cuarto y en la oscuridad encontró la mesada de piedra donde estaba el féretro con el cadáver ya adentro. Corrió la tapa con mucho cuidado para no hacer ruido, y se metió adentro del féretro.

Pronto escuchó los pasos de los guardias y se quedó inmóvil mientras sentía los golpes del clavado de la tapa. Se mantuvo rígida como una piedra mientras levantaron la caja para ponerla en la carretilla, y se quedó más tranquila cuando escuchó que el resto de los guardias se iba y sólo quedaba uno para llevarla a la libertad. Si bien estaba incómoda y tenía un cadáver al lado, sabía que su amigo era quién estaba transportando el cajón, y no se movió hasta llegar a su destino final. El descenso de la caja hasta el fondo de la tumba fue muy violento. Ella pensó que el guardia no quería hacer nada fuera del común y por eso había dejado caer así al féretro, por lo que tampoco hizo ningún ruido. Pronto escuchó cómo se alejaba el guardia, que no quería problemas. Después de varios minutos de absoluto silencio comenzó a reír. Primero lo hizo de manera suave y después casi histéricamente. ‘¡Estoy libre! ¡Estoy libre! ¡Esta noche voy a ser liberada!’. Sintió curiosidad y decidió prender un fósforo para ver cuál era la identidad de la prisionera muerta a su lado. Para su horror, era el guardia.

¿Terrible, verdad? Pero así les ocurre a muchos que creen que tienen un plan perfecto para su vida. Deciden pecar, vivir bajo sus propias reglas y darle la espalda a Dios. Al final, claro, descubren la terrible realidad: el pecado sólo guía hacia la muerte. No tiene sentido ser esta clase de rebeldes y elegir caminos contrarios a Dios. No hay nada más torpe que rechazar el camino de Dios.

WWW.JESUSENTI.COM

Probablemente no sabes quién es Tim Berners-Lee, pero es muy posible que uses su invento. Tim fue el inventor de la World Wide Web, (las palabras reales detrás de las letras www, que en español quieren decir algo así como ‘red que cubre el mundo’). La idea básica era que debía haber un sitio o memoria, como se le llamaba en un principio, donde albergar toda la información posible, y al que todas las personas pudieran acceder con igualdad. Debía ser un lugar que pudiera contener toda la sabiduría humana, y no sólo contenerla sino además agrupar y ordenar los elementos comunes para que la persona que accediera a la red pudiera encontrar aun más de lo que estaba buscando.

Algo así sucede cuando vamos a los pies de Jesús. Toda la sabiduría para una vida que valga la pena está contenida en él. Él tiene la información necesaria y los pasos a seguir para una vida exitosa. A sus pies hay mucho más de lo que imaginamos, y lo mejor es que se nos ha hecho accesible. En los tiempos del Antiguo Testamento la gente sabía que Dios estaba en todas partes, pero parece que poco a poco se nos encegueció la vista. Al venir a este mundo Jesús hizo que pudiéramos ver más de cerca a Dios, darnos cuenta quién es él y cuál es su actitud hacia nosotros. Antes de Jesús la gente hablaba de buscar a Dios; a partir de Jesús comenzamos a hablar de tener a Dios. El Nuevo Testamento nos dice claramente que ahora es tiempo del Espíritu Santo ‘en’ nosotros. ¡¿Podría Dios estar más cerca que eso?!

2 Corintios 6:16. Dios está más cerca de lo que te imaginas. Él te mira, te cuida, te llena de su ser, te guía y habla a tu conciencia. Hay un montón de temas y aventuras que tienen que ver específicamente con tu edad y con lo que estás viviendo ahora. Dios está deseoso de que superes todos los obstáculos que se te presenten en el camino y que vivas esta etapa con mucha emoción. Tomate algo fresco y medita en lo que dijimos en este capítulo, para luego seguir leyendo respecto a los fabulosos planes de tu Dios.

Extracto del libro Rebeldes Con Causa

Por Lucas Leys

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