Ahora nosotros somos los dioses. Somos los “King”. Sí, antes, cuando alguien entregaba su vida a Dios, se trataba justamente de eso, entregaba SU vida a DIOS en respuesta a lo que Jesús había hecho. Todo cambiaba, desde lo más profundo de su ser.

Al principio, cuando los romanos, si te hacías Cristiano, te regalaban una entrada para el circo, y no precisamente para ver a los payasos sino para ser devorado por los leones. No estaba de moda, no era “guai” y no lo hacían para sentirse mejor. Tampoco lo hacían para mejorar su calidad de vida como si siendo cristianos les pudiera ir mejor económicamente. En muchos casos eso significaba el final de su vida. Lo hacían simplemente porque entendían que Jesús había muerto por ellos, y que podían, gracias a Él, conocer a Dios. En ese momento sus perspectivas cambiaban, dejarían de vivir para este tiempo y se dedicarían a la eternidad. Muchos mantenían sus trabajos, otros lo dejaban todo, algunos viajaban por todas partes predicando, otros se reunían en sus casas y alababan a Dios juntos, se preocupaban por su ciudad, todos querían agradarle a Él, estaban agradecidos. Dios era el protagonista, no ellos. Las condiciones que les rodeaban no les daban identidad, su identidad estaba en Jesús, su alegría dependía del regalo de Dios, no de las cosas externas.

Ahora nosotros somos los dioses. Parece como si le hiciéramos un favor a Dios invitándole a entrar en nuestro corazón, todo un encuentro romántico, con un Dios desesperado y enamorado de nosotros. Y, una vez lo aceptamos, lo convertimos en nuestro siervo.

Queremos que solucione nuestros problemas, le echamos la culpa si algo nos sale mal. Entra a formar parte de nuestra vida, como algo más, algo que puedo usar, que, si no me sirve, incluso lo puedo desechar. Nuestra vida es la gran protagonista y Dios se debe poner en función de nosotros. Este es un paradigma (Paradigma: forma de ver las cosas) peligroso que nos lleva a creer que Dios es un complemento que se añade a nuestra realidad:

Y así, pensamos que Él debe bendecir nuestro trabajo, nuestra salud y nuestra economía, si no, creemos que no es fiel. Son nuestros sueños los que deben hacerse realidad, no los de Él. Nuestros proyectos de vida, no los suyos. Y así Jesús se convierte en un medio para lograr nuestros fines.

¡Qué lejos estamos! ¿Habré usado a Dios? Solo pensarlo me asusta, pero quiero tener ese temor reverente, quiero escudriñarme y descubrir realmente quién soy y qué hago. No digo que Dios no nos ame apasionadamente y que no quiera lo mejor para mí, pero creo que nosotros debemos responder de otra manera.

No se trata de mí, yo quiero ser un medio de Él y no al revés. El egoísmo de nuestra época también está en mí y no quiero ensuciar el evangelio con mi forma de pensar, no quiero usar a Jesús, quiero que Él me use. Para eso debo cambiar muchas cosas, en primer lugar tengo que entender la invitación de Jesús, la verdadera invitación, a qué me ha llamado. Si no, seré un cristiano “Fast food”.

POSTRES

  • ¿Qué es ser un cristiano “Fast food”?
  • ¿Qué significa ahora nosotros somos los dioses”?
  • ¿Qué diferencia hay entre “usar a Jesús” y “Jesús me usa”? ¿Puedes poner algún ejemplo?
  • Cuando Dios sólo es un complemente de mi vida, ¿en qué me diferencio de alguien que no es cristiano?

Extracto del libro “Igleburger”

Por Alex Sampedro

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