#17. “TODOS EN LA IGLESIA ME JUZGAN”.

Esta fue una de nuestras mentiras más tremendas. El 91% de las chicas afirmaron que siempre o algunas veces se sentían juzgadas. Solo el 9% de ellas sentía que en sus iglesias no había personas que las juzgaran. Encontramos dos manifestaciones fuertes de este gran temor de ser juzgadas, y que consideramos peligrosas.

Primero, que muchas se sentían presionadas a fingir.

  • “Temo caer en un estereotipo”.
  • “Sé que, si no adoro de cierta forma o hablo mucho acerca de Dios, las personas pensarán que mi fe no es real. Pero no quiero hacer lo que ellas esperan de mí sólo porque así lo desean. Quiero expresar mi fe como mejor la sienta. No quiero un cristianismo falso”.
  • “Hay muchas personas que esperan que yo sea igual a ellas”.

Preguntamos a las jóvenes si estaban de acuerdo o no con la afirmación: “Siento que todos en la iglesia me juzgan”. Esto fue lo que respondieron:

  • De acuerdo, siempre o a veces: 91%
  • En total desacuerdo: 9%

Segundo, muchas dijeron que no se sentían seguras de contarle a alguien mayor acerca de un pecado con el que luchaban, por temor a ser juzgadas. Parece que la gran mayoría de jóvenes nunca ha experimentado la bendición de tener a alguien que les ayude a vencer su pecado.

  • “Cada semana me siento en los bancos de la iglesia y veo a todas esas familias que parecen perfectas”.
  • “Mi pecado es muy feo. Anhelo tener a alguien con quién hablar, pero sé que no es posible”.
  • “¿Piensas que algún día hablaré de mi pecado? ¡De ninguna manera!”

Como seres humanos, podemos entender esa reacción. Sabemos que no debemos juzgar por las apariencias (Jn.7:24), y que cuando tenemos un espíritu crítico, podemos estar seguros de que seremos juzgados con mayor severidad (Mt.7:1).

Cuando ves y oyes cristianos con un espíritu crítico, debes responder con amabilidad, pero veracidad. Puedes decir: “Yo sé que esas personas fuman, pero me parece que su intención es recibir ayuda y han acudido al lugar correcto. Lo que en realidad necesitan es a Jesús. Oremos para que lo encuentren aquí”.

Pero ¿qué si el juicio es contra ti? ¿Qué haces en ese caso? Podría asombrarte oír que, en nuestra opinión, deberías responder con humildad a los que te juzgan. Digamos que tú llegas a la iglesia con el fabuloso vestido que acabas de comprar. Te pareció tan lindo que no pudiste resistir comprarlo. Estabas segura de haberlo examinado a fondo antes de pagarlo. “Sí” —dijiste para ti misma—. “Es lindo y discreto. Estoy segura de que es apropiado para ir a la iglesia”.

¡Listo! ¡Es tuyo! Pero al llegar a la iglesia “linda y recatada”, se acerca una mujer cristiana mayor a quien conoces. Resulta ser tu supervisora de escuela dominical, y ella sabe que tú enseñas a los niños de 3 y 4 años. Ella no luce tan adorable hoy. Al parecer, ella no piensa que tu atuendo sea tan discreto como debería y, aunque es amable, no pierde tiempo al decírtelo. De hecho, te pide que regreses de inmediato a casa para cambiarte antes de enseñar en la clase de niños de 3 y 4 años.

¡Te quedas sin aliento! No tienes idea de qué decir. Podrías pensar en correr al baño a llorar, pero que no sería una actitud aceptable. Luego, que sería mejor saltar y hacer un par de comentarios sobre la “señorita demasiado modesta”.

¡Espera! En realidad, la cuestión no es tanto quién tiene la razón, sino que tú estás llamada a honrar y estimar a otros en el Cuerpo de Cristo. De hecho, la Palabra de Dios nos enseña: “en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Ro.12:10) y a “honrar a todos” (1º P.2:17).

¿JUICIO O DISCIPLINA?

Ten cuidado con llegar a confundir el juicio con la disciplina. Es claro que el pecado pone a todo creyente en una posición para ser disciplinado (He. 12:7- 11; Mt. 18:15-17). Reconocemos que algunas iglesias pueden carecer de la gracia y el esmero que requiere la disciplina, y desearíamos que no fuera así. Con todo, si un miembro de tu congregación peca, debe ser disciplinado.

Entonces, ¿qué haces en este caso?

¿Qué te parece si haces algo radical? Como pedirle a tu mamá las llaves del auto y proponerle que te gustaría volver a casa y cambiarte de ropa durante el intermedio entre la adoración matinal y la escuela dominical. De esta manera honrarías a tu supervisora. Hay ocasiones en las que estamos llamados a ceder a las preferencias de otros con calma y sencillez.

Es natural volverse recelosa cuando te sientes criticada o juzgada. Sin embargo, la capacidad de responder con humildad es una señal de madurez. De hecho, podemos aprender mucho de nuestros críticos si tenemos ante ellos una actitud humilde y enseñable.

Dicho esto, y después de hablar con muchas de ustedes, estamos seguras de que en gran medida lo que ustedes experimentan no son juicios de verdad sino el temor de ser juzgadas.

Consideramos que la mayoría de veces no estás siendo juzgada en realidad, sino que temes serlo. Esto quedó en evidencia cuando notamos que algunas adolescentes de nuestras iglesias y ministerios se sentían temerosas de nuestros juicios. Lo cierto es que las amamos con todo el corazón, y nada de lo que puedan decirnos podría desconcertarnos. Quizá no estemos de acuerdo con algunas de sus decisiones, pero las amaríamos hasta el punto de ser sinceras con ellas si sentimos que viven de manera contraria a la verdad (nos gustaría que ellas hicieran lo mismo por nosotras). Sin embargo, eso no mina en absoluto nuestro compromiso y nuestro amor por ellas.

El miedo a ser juzgada puede hacer que te alejes de personas que pueden ofrecerte sabiduría madura, en especial en lo que respecta a pecados que necesites confesar y vencer. Santiago 5:16 dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”.

Si bien es cierto que Cristo ha abierto el camino para que busquemos a Dios directamente para recibir perdón, también es importante confesar nuestros pecados unos a otros. Hallarás una sanidad especial cuando compartas tus secretos vergonzosos con alguien que puede abrazarte, amarte y ayudarte a enfrentar el problema de manera bíblica. (¡Hasta podrías descubrir que esa persona también ha pasado por lo mismo!) No es fácil confesar nuestros pecados a otras personas mayores y más sabias, y pedirles oración. Pero si tú te humillas y vences tu temor a ser juzgada, experimentarás la bendición de encontrar alivio de ese pecado en tu vida y de ese desagradable temor a ser juzgada.

VERDADES PARA EXTINGUIR MENTIRAS

Mentira: Todos en la iglesia me juzgan.

Verdad:

  • Debemos mostrar honra y consideración a otros, aún a quienes nos juzgan (Ro.12:14-21).
  • Nuestro miedo a ser juzgadas nunca puede ser una excusa para ocultar el pecado (Stg.5:16).

Extracto del libro “Mentiras Que Las Jóvenes Creen”

Por Nancy Leigh DeMoss y Dannah Gresh

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