#19. “NO PUEDO VENCER MI PECADO”.

Muchas de ustedes lo sienten. La vergüenza. La culpa. El dolor. Quizá luches con la mentira. O con el chisme. Tal vez sientas que no puedes controlar el impulso de hacer trampa, aunque prometes siempre que será la última. O puedes sentirte aprisionada por un pecado secreto que nadie conoce.

¿Podemos ser francas? Sabemos que hay jóvenes que leen este libro y viven esclavas del pecado sexual —como el sexo prematrimonial (fornicación), lesbianismo y masturbación. No son temas fáciles de tratar (y nunca deben tratarse con ligereza). Sin embargo, muchas de ustedes nos han pedido ayuda con estos y otros problemas, y no podemos quedar indiferentes. Se trata de batallas muy reales, y muchas jóvenes que crecen en un ambiente cristiano experimentan una derrota permanente o recurrente frente al pecado y la tentación.

Lo que más nos inquieta sobre esta mentira es que lo que tú crees determina la manera como vives. Si crees que vas a pecar, entonces lo harás. Si crees que tienes que vivir en esclavitud, así vivirás. Si crees que no puedes vencer el pecado, no lo vencerás. Si no triunfas sobre esta mentira con la verdad, te resultará muy difícil vencer muchas otras mentiras.

¿Te sorprendería si empezamos por decir que tienes razón en que no puedes vencer el pecado? Es decir, que tú no puedes vencer el pecado. Careces del poder para cambiarte a ti misma. Jesús dijo: “separados de mí nada podéis hacer” (Jn.15:5). Aunque tú no puedes vencer el pecado por ti misma, Cristo puede cambiarte. Por medio de su poder (y solo a través de él), puedes decir “no” al pecado y “sí” a Dios.

Si estás en Cristo, la verdad es esta: …y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia… Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Ro.6:18; 8:2).

Él primero te libera cuando naces de nuevo. Tish no podía vencer su pecado sexual a pesar de ser miembro activo de su iglesia, orar y leer su Biblia. Era incapaz de hacerlo, porque nunca había nacido de nuevo y todavía era esclava del pecado. No tenía el poder del Espíritu Santo en su interior para vencer el pecado, y aún vivía bajo el dominio de su vieja naturaleza. Pero cuando recibió a Cristo como su Salvador, esa vieja naturaleza murió, y ella fue libre del pecado; ahora tenía el poder de vencer sus hábitos pecaminosos. Tú y yo podemos hacer lo mismo por medio de la muerte de Cristo (Ro. 6:6-7).

Cualquier seguidor verdadero de Jesucristo empezará a tener victoria sobre el pecado. Incluso los hábitos más adictivos pueden vencerse por medio de Cristo. En algunos casos la victoria es inmediata…

Sin embargo, es posible tener una relación genuina con Jesús y seguir mortificada por un pecado al que cedes una y otra vez. Dios no nos libera de inmediato de todo hábito pecaminoso en el momento de la salvación… Pero como hijas de Dios tenemos el poder para vencer toda esclavitud y práctica pecaminosa.

Si te encuentras luchando sin cesar con el mismo patrón pecaminoso en tu vida, hazte unas cuantas preguntas: ¿Pienso en realidad, de acuerdo con Dios, que este comportamiento es pecado, o en el fondo pienso que realmente no tiene nada de malo? La Biblia nos enseña que Dios odia el pecado porque es rebelión contra Él y porque destruye nuestra vida. Pero ¿tú odias tu pecado? ¿Has llegado al punto en el que anhelas de corazón ser libre de este hábito pecaminoso?

Dios nos ha dado muchos recursos para ayudarnos a vencer el pecado: su Espíritu Santo, su gracia, su Palabra, y la oración, por nombrar unos pocos. Uno de los recursos más importantes que Él nos ha dado es el Cuerpo de Cristo —otros creyentes.

Mira Gálatas 6:1. Este pasaje fue escrito para creyentes. Los verdaderos creyentes “tropiezan” a veces con pecados. Creemos que es imposible vencer el pecado en tu vida sin la ayuda de otros miembros del Cuerpo… Puede ser de gran ayuda confesar tu pecado a una persona mayor y más sabia en tu iglesia local. Confiarle a alguien tu pecado puede ser un paso crucial en el proceso de librarte de él. Te dará la responsabilidad y el poder de oración que necesitas para seguir andando en victoria.

En mi libro (habla Nancy) titulado Quebrantamiento: El corazón avivado por Dios, relaté mi batalla con un pecado recurrente en mis años de juventud. El Espíritu de Dios empezó primero a convencerme de que yo era culpable de “exagerar la verdad” (mentir). Esto es lo que escribí: “Aunque nadie más conocía mi engaño, y aunque otros podrían considerar mis faltas insignificantes, sentí una convicción casi sofocante (¡y bendita!) de Dios en mi corazón, y supe que debía sacarlo a la luz. Estuve de acuerdo con Dios, confesé mi engaño, y tomé la determinación de decir la verdad siempre. Sin embargo, en poco tiempo descubrí que la mentira era una fortaleza en mi vida, y que tenía raíces profundas. Estaba atada, y parecía incapaz de librarme de ello. Dios trajo a mi mente el principio de Santiago 5:16. El Señor me movió a confesar mi pecado de mentira a dos amigos piadosos. Fue una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer, pero ese paso de humildad, junto con la rendición de cuentas y las oraciones de mis amigos, fue el punto de partida para que yo experimentara la libertad de esa fortaleza de mentira en mi vida”.

Puede que tengas hábitos pecaminosos que nadie más conoce, o incluso el mismo pecado de mentira con el que yo luché. Y si se lo dices a alguien, podrías temer que te juzguen. (Aquí hay un doble golpe qué afrontar). Puedes ser libre, pero lo más probable es que necesites pasar por el difícil proceso de abrir tu corazón a alguien que conoces y respetas. Esto es particularmente cierto sobre pecados del corazón como el chisme y la mentira, donde no necesitas más que tu propia lengua para caer en pecado.

Luego, si tu pecado involucra a otra persona o algo exterior, como tu página de MySpace, debes buscar un “corte radical” de aquello que te lleva a pecar. Mira Mateo 18:8. ¿Qué quiere decir? Que, si algo te hace pecar, ¡te deshagas de ello!

Si tu computadora es una puerta al pecado, apágala. Si te hayas pecando sistemáticamente en una relación, córtala. Si terminas usando un lenguaje incorrecto cada vez que te comunicas con mensajes instantáneos, cancela tu cuenta. Es bastante simple. Deja de dar lugar a cosas que te conducirán a pecar, y arrancarás de raíz la tentación.

Verdades Para Extinguir Mentiras

Mentira: No puedo vencer mi pecado.

Verdad:

  • Eres incapaz de obrar un cambio en ti mismo (Jn.15:5).
  • Cualquier persona que haya nacido de nuevo es una nueva criatura y tiene el poder de Cristo para vencer el pecado (Ro.6:6-7).
  • Cada hijo de Dios cuenta con el Cuerpo de Cristo (la iglesia) para ayudarle a vencer el pecado (Stg.5:16, Gál.5:1).

Extracto del libro “Mentiras Que Las Jóvenes Creen”

Por Nancy Leigh DeMoss y Dannah Gresh

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