#21. “NO PUEDO CONTROLARME CUANDO TENGO EL SÍNDROME PREMENSTRUAL”.

Mientras yo (Dannah) estaba sentada durante mi descanso del almuerzo en décimo grado, tuve un ataque de síndrome premenstrual casi mortal. Esto es, si puede serlo, un golpe en la sien con una bolsa de merienda.

Detesto tener que confesarlo, pero bueno. Durante el almuerzo, en mi secundaria cristiana, hablaba con mis amigas. A la maestra le pareció que hablábamos demasiado fuerte. Confieso que siempre le consideré una aguafiestas, y de inmediato me resentí cuando nos reprendió. Cualquier otro día mi pecado habría quedado ahí, pero no ese día. Supongo que en realidad no hablaba en voz tan baja como pensé.

Ella volvió a reprendernos. Tuve esa horrible sensación cuando tu corazón late sin control y empiezas a lagrimear, de rabia o de dolor emocional. Es difícil saberlo. Metí el almuerzo en la bolsa de papel y me dirigí hacia la puerta. Cuando pasaba junto a mi maestra, lancé la bolsa en dirección al cubo de la basura que estaba junto a su escritorio, en un giro espectacular, cual pelota de béisbol. Fallé el tiro, y la golpeé en su sien derecha. Sí que estaba en problemas. Y mis padres no mostraron compasión alguna. ¿Te ha sucedido que el síndrome premenstrual haga desaparecer lo mejor de ti?

Los síntomas pueden variar desde una leve inflamación y calambres, hasta una seria depresión, fatiga extrema, insomnio, dolor de cabeza, ansiedad, antojos de comida, pérdida de coordinación, infecciones urinarias recurrentes o por hongos y, claro, el bello y exagerado brote cutáneo. El síndrome premenstrual es una enfermedad física muy real. Una joven con quien hablamos tuvo que dejar la escuela durante algunos meses porque los síntomas parecían controlar su vida:

Durante meses investigamos qué me pasaba. Buscaron afecciones en la sangre, infecciones del tracto urinario, y problemas neurológicos. Nada apareció. Yo solo sabía que me sentía agotada, adolorida durante casi todo el mes, y que era descortés con mis amigas, y en especial con mamá. Resultó que no era más que el síndrome premenstrual.

Recomendaciones para enfrentar el desagradable síndrome premenstrual:

  • Coopera con tu cuerpo cuando sientas que el síndrome premenstrual te mortifica. Durante algunos meses, registra tus síntomas físicos y emocionales y detecta cuándo eres más propensa a pecar (sí, lo llamamos pecado, a secas).
  • Luego, ensaya algunas de estas ideas para principiantes: Reduce el estrés: Si está en tus manos hacerlo, evita tomar exámenes importantes en tus peores días del mes.
  • Trata de programar menos compromisos y simplificar tus obligaciones. Dedica más tiempo a estar con Dios y relajarte con un baño de burbujas durante tu semana más difícil.
  • Haz ejercicio: Hacer ejercicio con regularidad tiene un profundo efecto sobre la función cerebral y la salud. Busca algo que te guste como jugar al tenis, hacer pilates, o pasear a tu perro, y sé constante a lo largo del mes. Notarás una mejoría.
  • Aliméntate bien: Si puedes eliminar los altibajos que las bebidas gaseosas, los dulces y los carbohidratos producen en el azúcar sanguíneo, tendrás menos cambios de humor. Si comes más verduras y bebes más agua durante el peor momento del mes (justo cuando ansías devorar paquetes de Doritos sin parar), te sentirás mejor.
  • Escribe un versículo que te ayude a orar por autocontrol: Te recomendamos el Salmo 19:14.
  • Si todavía tienes problemas, hazte un chequeo médico completo. Pregúntale a un médico si tienes algún problema físico que precise tratamiento médico.

Con todo, por más reales que sean, los síntomas físicos de cualquier tipo nunca son una excusa para pecar. Al igual que el cansancio no es excusa para justificar la grosería, el odio y los arrebatos emocionales, o la agresión física, el síndrome premenstrual tampoco. Tú no tienes que vivir controlada por tus hormonas.

Tú puedes escoger glorificar a Cristo y llevar todo pensamiento y palabra a la obediencia a Él. La Palabra de Dios nos exhorta a llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2º Co.10:5b).

Cuando pones la mira en Jesús y en su Palabra, podrás someter tus emociones a su voluntad. Este es un buen versículo que puedes poner en la pared de tu habitación, en el espejo del baño, o en el tablero de tu auto: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Sal.19:14).

Dios examina cada palabra y cada pensamiento, aun aquellos que tenemos y hablamos en ese difícil momento emocional que ocurre una vez al mes. Por la gracia de Dios puedes elegir cómo responder y cómo expresar tus emociones.

Verdades Para Extinguir Mentiras

Mentira: No puedo controlarme cuando tengo el síndrome premenstrual.

Verdad:

  • Si bien lo que ocurre en nuestros cuerpos es real, los síntomas físicos nunca pueden ser una excusa para reaccionar mal (Stg.4:17, 2º Co.12:9-10).
  • Por la gracia de Dios puedes llevar cautiva tus emociones, pensamientos y palabras a la obediencia a Cristo (2º Co.10:5).
  • Dios examina cada palabra que hablamos y cada pensamiento que se cruza por nuestra mente (Sal.139:23, 94:11, Mt.9:4).

APLICACIÓN PERSONAL

¿Te han tocado muy hondo algunas de estas mentiras acerca del pecado? No te sientas condenada. Ninguna condenación hay para ti si estás en Cristo Jesús. Sin embargo, fortalece tu convicción. ¿Cómo? Escribiendo en tu diario algo de verdad.

Céntrate en responder estas preguntas: ¿Qué mentiras he sido más propensa a creer acerca del pecado? ¿Qué pasajes bíblicos puedo atesorar en mi corazón para contrarrestar esas mentiras con la verdad?

Extracto del libro “Mentiras Que Las Jóvenes Creen”

Por Nancy Leigh DeMoss y Dannah Gresh

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