#15. “YO SOY MI PROPIA AUTORIDAD”.

Dime si alguna vez has tenido una conversación con tu mamá parecida a esta:

Mamá: Linda, es hora de irnos. Hace diez minutos que te avisé. Por favor baja.

Tú: ¡Mamá! ¡No tengo que estar ahí hasta dentro de quince minutos! ¡Caramba!

Mamá: Toma quince minutos llegar allá. Por favor ponte los zapatos.

Tú: (Sales al pasillo) ¡Mira! ¿Ves mi cabello? ¡Es un desastre! TÚ debiste haberme levantado más temprano para que yo pudiera tomar una ducha. ¡Mi cabello es un asco! ¡No puedo ir así! ¡Por favoooor! (Entras al baño pataleando).

Mamá: Tienes sesenta segundos. Trae tus cosas. Puedes peinarte en el auto.

Tú: (Desciendes por las escaleras pisando fuerte). Es que tú no entiendes. Nunca me entiendes. ¿Qué te pasa? (Azotas la puerta de la casa).

En nuestra opinión, esa conversación revela un espíritu de rebeldía y deshonra que no tiene cabida en un hogar cristiano. Aun así, estamos seguras de que sucede con terrible frecuencia. ¿Cómo podemos estarlo? Bueno, como no tenemos cámaras de vigilancia en tu casa, debe ser que hemos visto algo de eso en nuestros propios hogares.

Satanás odia la autoridad y también nos ha infundido un disgusto especial por ella. La lucha para someterse no es exclusiva de nuestros días y nuestra cultura. De hecho, esa fue la esencia misma del problema de Eva en el huerto de Edén. El desafío de la serpiente en esencia fue: “¿Acaso Dios tiene derecho de gobernar en tu vida?”

En otras palabras, Satanás dijo: “Tú puedes gobernar tu propia vida, no tienes que someterte a la autoridad de nadie más”. Convenció a Eva de que someterse a la dirección de Dios significaba su infelicidad y la pérdida de algo maravilloso en la vida.

Desde ese día hasta hoy, Satanás ha hecho un trabajo magistral convenciendo a las mujeres de que la sumisión es un concepto negativo y limitante… La mayoría de las jóvenes con quienes hablamos reconocieron que actuaban de acuerdo con la mentira “Yo soy mi propia autoridad”.

CÓMO RESPONDER A LOS PADRES CUANDO NO ESTÁS DE ACUERDO CON SUS DECISIONES:

Admitimos que no todas las chicas que leen este libro tienen padres perfectos. (Mmmm, ¡revisemos esa afirmación!). Admitimos que nadie tiene padres perfectos. Entonces ¿cómo respondes cuando sientes que son injustos o que sus decisiones están equivocadas? Estas son algunas sugerencias:

Recuerda que toda autoridad humana responde en última instancia a Dios, y que Él es lo bastante grande para cambiar el corazón de tus padres si es necesario (Pr.21:1). Aprende a confiar en Dios y en su plan soberano. Recuerda que Él es poderoso para contrarrestar cualquier error que puedan cometer tus padres.

Examina tu actitud y pide perdón por cualquier falta de tu parte. Pídele a Dios que te muestre si has sido obstinada, rebelde o irrespetuosa de alguna manera. Si eres culpable de orgullo, o de quejarte y protestar, y reconoces tu mala actitud hacia tus padres, lograrás mucho en lo que respecta a la confianza que tus padres puedan tener en ti. (También podrían mostrarse dispuestos a reconocer sus propios errores).

Invierte en tu relación con tus padres. ¿Cuándo fue la última vez que escribiste una nota a tu mamá o a tu papá, que los invitaste a tomar un helado, o que ofreciste ayudarles con las tareas domésticas? Si tú les demuestras que te interesas por ellos, es muy probable que mejore la comunicación y que sea más fácil resolver los problemas.

Habla con el Señor al respecto. Pídele que cambie el corazón de tus padres si están en un error. Pídele que te dé la gracia para responder con una actitud correcta y sabiduría para responder a las circunstancias. Luego dale tiempo para que obre en tu vida y en la de ellos.

Presenta una apelación. Eso fue lo que hizo Daniel cuando el rey le ordenó comer algo contrario a la ordenanza de Dios. Propuso con respeto un plan alternativo. El rey le concedió su petición y Dios protegió a Daniel de tener que tomar una decisión pecaminosa (Dn.1:5-16). Pregunta con respeto a tus padres si ellos estarían dispuestos a reconsiderar su decisión. A menos que te pidan hacer algo pecaminoso, hazles saber que te someterás a su autoridad sea cual fuere su decisión.

Elige obedecer a tus padres, aun si estás en desacuerdo con ellos, salvo si te piden hacer algo que las Escrituras condenan o si te prohíben hacer algo que ellas ordenan. Recuerda que Jesús, que era el Hijo de Dios sin pecado, también fue adolescente y tuvo que obedecer a sus padres terrenales. Aunque ellos eran pecadores y cometieron errores, él fue obediente (Lc.2:51).

Durante siglos, Satanás ha arruinado familias, amistades y matrimonios con la rebelión. Su arsenal de mentiras sobre la insumisión es infinito. Saquemos a la luz algunas de esas mentiras antes de analizar la verdad.

MENTIRAS ACERCA DE LA SUMISIÓN

A. Solo debo someterme si estoy de acuerdo con mi autoridad. Esto no es sumisión. No es más que acuerdo y cooperación. Efesios 5:21 dice que debemos someternos a las autoridades que Él ha puesto “en el temor de Dios”. Aunque no estés de acuerdo con la autoridad que Dios ha puesto sobre ti, debe motivarte a someterte el amor y el respeto por Cristo.

B. No puedo expresar mis sentimientos ni opiniones a mi autoridad. Someterse no significa que no puedas pensar. En algunos casos puedes incluso expresar tus propias ideas si lo haces con una actitud humilde y respetuosa. Eso no te da licencia para alzar la voz, patalear o desobedecer si tu autoridad no cambia de opinión.

C. Mi autoridad siempre tiene la razón. Esto sucede con la sumisión: a veces tus padres, maestros, pastores o líderes del gobierno estarán equivocados. Después de todo son humanos. Puedes esperar que en ocasiones tomen malas decisiones. Aun en ese caso, tu sumisión debe ser una forma de protección.

LA VERDAD DE DIOS ACERCA DE LA SUMISIÓN:

La sumisión te pone bajo la protección de Dios, mientras que la rebelión te expone a la influencia de Satanás en formas inimaginables. Cuando nos ponemos bajo la cobertura espiritual de las autoridades que Dios ha puesto en nuestra vida, Él nos protege.

En cambio, cuando insistimos en hacer lo que queremos y nos salimos de esa protección, nos volvemos vulnerables y le damos al enemigo otra ocasión para atacarnos.

Nosotras consideramos que la proporción de ataques del enemigo que muchas jóvenes cristianas sufren contra su mente, su voluntad y sus emociones, obedece a su falta de sumisión a la autoridad de sus padres, maestros, y pastores. También sienta las bases del modelo futuro que te llevará a irrespetar y rebelarte contra la autoridad de tu esposo si llegas a casarte.

A primera vista, tu sometimiento a tus padres y a otras autoridades parece un asunto de relaciones humanas, pero en el reino invisible se trata de una batalla mucho más grande por el control de tu vida: ¿someterás tu voluntad a Dios o vas a insistir en ser tu propia autoridad? Cuando estás dispuesta a obedecer a Dios, descubrirás que no es tan difícil someterte a tu mamá, tu papá o tus maestros.

En resumen, nuestra disposición a someternos a las autoridades humanas es la mayor evidencia de la verdadera estima que tenemos de la grandeza de Dios. ¿Crees que Él es mayor y más grande que cualquier autoridad humana? ¿Confías en que Él es lo bastante grande para cambiar el corazón de quienes ha puesto en autoridad sobre ti? Proverbios 21:1 nos promete: “Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina”.

La verdad acerca de la sumisión es que hay una autoridad superior que controla cada autoridad humana, y que la sumisión piadosa es un medio de mayor bendición y protección.

VERDADES PARA EXTINGUIR MENTIRAS

Mentira: Yo soy mi propia autoridad.

Verdad:

  • La sumisión te pone bajo la protección de Dios (Ef.5:21).
  • La rebeldía te expone al ataque de Satanás (1º S.15:23).
  • Tu disposición a ponerte bajo la autoridad que Dios ha establecido es la mayor evidencia de cuán grande crees que es Dios (Prov.21:1).

APLICACIÓN PERSONAL

Las relaciones son un gran regalo de Dios si las vivimos con una actitud sana. Sin embargo, las mentiras acerca de las relaciones pueden convertirlas en algo tortuoso. Puedes detener el ciclo de sufrimiento que éstas pueden ocasionar en tu vida si decides buscar la verdad. Toma tu diario y responde las siguientes preguntas: ¿Qué mentiras he sido propensa a creer acerca de las relaciones? ¿Qué versículos puedo atesorar en mi corazón para refutar esas mentiras con la verdad?

Extracto del libro “Mentiras Que Las Jóvenes Creen”

Por Nancy Leigh DeMoss y Dannah Gresh

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