CANALES DE TENTACION

Estarás mejor preparado para resistir la tentación en tu vida cuando te des cuenta que, según las Escrituras, hay solamente tres canales por medio de los cuales Satanás te tentará a que actúes fuera de la voluntad de Dios. Estos tres canales están expresados en el siguiente pasaje: 1 Juan 2:15-17.

Los tres canales de tentación son la lujuria de la carne, la lujuria de los ojos y la vanagloria de la vida. La lujuria de la carne nos tienta a satisfacer nuestras necesidades físicas «comida, sexo, comodidad, etcétera) en forma mundanamente pecadora. La lujuria de los ojos nos tienta a hacer lo que pensamos que es mejor en lugar de obedecer lo que dice la Biblia. La vanagloria de la vida nos tienta a querer toda la atención y toda la gloria para nosotros mismos.

Satanás tentó a Adán y a Jesús por medio de cada uno de estos canales de tentación. Adán falló miserablemente y seguimos sufriendo los resultados de su fracaso y caída, pero Jesucristo enfrentó la triple tentación de parte del diablo y triunfó por completo. En Cristo tenemos el ejemplo y el poder para resistir cada tentación que Satanás nos arroje.

LOS DESEOS DE LA CARNE

Satanás se acercó primero a Eva por el canal de la lujuria de la carne. Plantó una duda en su mente respecto del fruto del árbol cuando dijo: «¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?» (Génesis 3:1). En realidad, Dios no dijo «de todo árbol» sino solamente ese árbol. Satanás distorsiona la palabra de Dios. Eva también distorsionó la palabra de Dios añadiendo «ni le tocaréis) (versículo 3). Pero Satanás había despertado su apetito por el fruto prohibido, y ella vio «que el árbol era bueno para comer» (versículo 6) y comió. Rendirse a los deseos de la carne contribuyó a la caída de Adán y Eva.

Satanás también desafió a Jesús por medio del canal de los deseos de la carne. Nuestro Señor llevaba 40 días ayunando en el desierto, cuando Satanás Le tentó en la debilidad de Su hambre (Mateo 4:3). Satanás no lo sabe todo pero tampoco es ciego. Él supo que Jesús tenía hambre observándolo pasar cuarenta días sin comer. Él también nos observa, buscando los puntos débiles y los lados flacos de nuestros apetitos físicos de comida, descanso, comodidad y sexo. La tentación es mayor especialmente cuando estamos cansados, hambrientos o solos.

La tentación de los deseos de la carne está diseñada para alejarnos de la voluntad de Dios complaciéndonos a nosotros mismos (Gálatas 5:16-17). Nada de pecado hay en comer. Comer es una necesidad física y Dios creó los alimentos para que pudiéramos satisfacer esa necesidad, pero Dios dijo a Adán y Eva respecto de una sola fruta que había en el huerto, «no la coman» y al comerla Adán y Eva fueron en contra de la voluntad de Dios.

De igual manera, nada malo había en que Jesús comiera pan al finalizar Su ayuno, salvo que no era la voluntad del Padre que Él lo hiciera así en ese momento. Jesús contestó: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4). Sin que importara cuán deseable pareciera un pedazo de pan a Jesús en Su hambre, Él no iba a actuar fuera de la voluntad del Padre aceptando la oferta de Satanás. La vida que Jesús modeló fue una vida totalmente dependiente de Dios Padre (Juan 5:30; 6:57; 8:42; 14:10; 17:7). Toda tentación es un intento del diablo para que vivamos nuestras vidas en forma independiente de Dios.

Cuando Satanás nos tienta por medio del canal de los deseos de la carne, nos invita a satisfacer nuestras necesidades físicas en formas que escapan de los límites de la voluntad de Dios. Comer es necesario y bueno pero es malo comer demasiado, comer los alimentos inapropiados y dejar que la comida mande en nuestras vidas. Dios diseñó el sexo para que fuera bello y bueno pero las relaciones sexuales fuera del matrimonio, la homosexualidad, y el sexo en forma egoísta, están fuera de esos límites y conducen a la esclavitud.

Cada vez que te sientes tentado a satisfacer una necesidad física actuando fuera de la voluntad de Dios, estás siendo tentado por medio de los deseos de la carne. Cuando resistes las tentaciones de los deseos de la carne, estás declarando que dependes de Dios para satisfacer tus necesidades naturales.

LOS DESEOS DE LOS OJOS

El segundo canal de tentación que usó Satanás con Adán y Eva se basó en una mentira. Satanás mintió sobre lo que pasaría si Adán y Eva desobedecían a Dios, el cual había dicho que la desobediencia les conduciría a la muerte, pero el diablo dijo: «Ciertamente no moriréis» (Génesis 3:4), es decir, «no le hagan caso a Dios, hagan lo que ustedes crean que es bueno», y así urgió a Eva. El fruto prohibido era una delicia para sus ojos (versículo 6) así que ella y Adán ignoraron el mandamiento de Dios e hicieron lo que decidieron que era mejor para ellos.

Los deseos de los ojos nos alejan gradualmente de la Palabra de Dios corroyendo nuestra confianza en Dios. Vemos lo que nos ofrece el mundo y lo deseamos por encima de nuestra relación con Dios. Empezamos a creer más en nuestro propio punto de vista de la vida que en los mandamientos y promesas de Dios. Excitados por todo lo que vemos, agarramos todo lo que podemos obtener. Nos convencemos de que lo necesitamos y que Dios quiere que lo tengamos.

Adoptamos una actitud de «demuéstramelo si puedes» en lugar de confiar de todo corazón en Dios. Esto fue la sustancia de la segunda tentación del diablo para Jesús (Mateo 4:6). Pero Jesús no iba a jugar al juego de Satanás de demuéstramelo si puedes y «Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios» (versículo 7).

Cuando resistes las tentaciones de los deseos de los ojos, optas por seguir la Palabra de Dios en vez de seguir tus propias ideas de cómo manejar tu vida. El justo vivirá por la fe en la Palabra de Dios escrita y no exigirá que Dios se pruebe a Sí mismo cumpliendo nuestros deseos, por más nobles que sean.

LA VANAGLORIA DE LA VIDA

El tercer canal de tentación es la tentación de dirigir nuestro propio destino, de mandar en nuestro propio mundo, de ser nuestro propio dios. Este es el corazón del movimiento de la Nueva Era. Satanás tentó a Eva con el fruto prohibido (Génesis 3:5). La oferta de Satanás apelaba a la habilidad de gobernar que nos dio Dios. Su oferta parecía decir: «no se conformen con gobernar bajo la dirección de Dios, cuando tienen el potencial de ser Dios». Cuando Eva se convenció de «que el árbol era codiciable para alcanzar la sabiduría» (versículo 6), ella y Adán comieron.

La promesa de Satanás de que la pareja sería como Dios no era más que una mentira. Cuando Adán y Eva cedieron a la tentación del diablo, no se volvieron los dioses de este mundo como Satanás les había dicho que serían. Ellos perdieron, en cambio, la posición de gobernar con Dios, y Satanás se volvió el dios de este mundo: exactamente como había planeado.

Satanás usó el mismo truco con Jesús (Mateo 4:8-9). Satanás era el dios de este mundo porque Adán y Eva cedieron ese derecho en la primera tentación. Así que los reinos de este mundo eran del diablo y podía ofrecerlos a Jesús. Cuando uno lo piensa bien, no obstante, la oferta de Satanás fue bastante ridícula. ¿Por qué iba Jesús a ceder a la tentación de adorar a Satanás a cambio del mundo cuando Él era el dueño del universo? así que contestó: «Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás» (versículo 10).

La tentación de la vanagloria de la vida está intencionada para impedir que adoremos a Dios y, así, destruir nuestra obediencia a Dios, urgiéndonos a que nos encarguemos de nuestra propia vida. Cada vez que sientas que no necesitas la ayuda o la dirección de Dios, que tú puedes manejar tu vida sin consultarle, que no tienes por qué someterte a nadie, ¡cuidado! eso es la vanagloria de la vida.

Puedes pensar que te sirves a ti mismo pero cada vez que dejas de adorar y servir a Dios, en realidad sirves y adoras a Satanás, que es lo que él quiere más que nada. Tu vida debe caracterizarse, en cambio, por la humilde disposición a adorar y obedecer a Dios (1 Pedro 5:5-11; Juan 15:8-10). Recuerda que hay tres puntos críticos reflejados en estos canales de tentación:

  • La voluntad de Dios en tu vida vista a través de tu dependencia de Dios.
  • La Palabra de Dios en tu vida vista a través de tu confianza en Dios.
  • La adoración de Dios en tu vida vista a través de tu obediencia a Dios. Toda tentación que te plantea Satanás, desafía uno o más de esos valores. El diablo te observa para saber dónde están tus puntos débiles y te tienta en cualquiera de ellos que dejes fuera de guardia.

¿Por qué contemplamos pensamientos tentadores que son contrarios a la Palabra de Dios y a Su voluntad? Seamos sinceros: porque queremos. No somos tentados a comer en exceso las cosas que no nos gustan, a pensar impuramente en muchachos o chicas nada atractivos, o a robar algo que no queremos. El anzuelo de la tentación es la garantía del diablo de que quedaremos satisfechos con eso que pensamos que queremos y necesitamos fuera de la voluntad de Dios. No le creas. Nunca podrás satisfacer los deseos de la carne. Más bien: Quedarás satisfecho tan sólo si mantienes las relaciones correctas, si vives por el poder del Espíritu Santo y si llevas el fruto del Espíritu (Mateo 5:6).

Extracto del libro Rompiendo Las Cadenas Edición Para Jóvenes

Por Neil T. Anderson y Dave Park

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