PUEDES TENER ALGO FRENTE A TUS NARICES…

Cuando tenía diez años mi posesión más valiosa era mi pelota de futbol. Comía con ella, dormía con ella y la lustraba semanalmente (en vez de lustrar mis zapatos). Sabía todo sobre futbol, pero sobre otras cosas, por ejemplo, de dónde venían los bebés, no sabía nada. Una tarde estaba jugando en la calle y perdí mi preciada pelota. La busqué en todas partes. Creí que alguien la había robado. Finalmente vi a una mujer que parecía estar escondiéndola debajo de su chaqueta. Me dirigí hacia ella y le pregunté: “¿Qué cree que está haciendo con mi pelota metida en la ropa?”

Resultó que no tenía mi pelota, pero esa tarde aprendí de dónde vienen los bebés y cómo se ve una mujer con nueve meses de embarazo. Más tarde, ese mismo día, encontré mi pelota. Lo que más me fascinó fue por qué antes de los diez años nunca había reparado en una mujer embarazada, y por qué a partir de entonces parecían estar en todos lados.

En pocas palabras: Hay momentos en nuestras vidas en los que estamos listos para recibir información nueva. Hasta entonces podemos tener cosas frente a nuestras propias narices y no darnos cuenta de ellas.

LEYES NATURALES

Si tomas un elevador hasta el último piso del edificio más alto de la ciudad, te escabulles a la azotea y saltas, ¿qué ocurrirá? ¡Experimentarás la fuerza de gravedad! ¿Y qué ocurriría si no creyeras en la gravedad? ¿También caerías? ¿Qué ocurriría si te escabulleras a la azotea a las tres de la mañana y saltaras? ¿Caerías de todos modos?

La gravedad es una ley natural. No le importa si crees en ella o no. Simplemente ocurre. Las leyes naturales gobiernan el universo y todo lo que hay en él. Estas leyes controlan el movimiento de los planetas, los ciclos de las mareas y los cambios de estación. Y no tienes que creer en ellas.

La mayoría de la gente acepta que todo en el universo está gobernado por leyes invisibles tales como la gravedad, el magnetismo o la electricidad. Pero cuando se trata de sus propias vidas y de sus éxitos y fracasos, empiezan a hablar del destino, el azar y las «rachas de mala suerte».

Existen otras leyes y principios naturales que afectan tu vida tanto como la gravedad. La manera en que las utilices determina tu éxito o tu fracaso. Al igual que la gravedad son invisibles, ¡pero puedes ver sus efectos! Estas reglas se imponen seas un bosquimano de Kalahari o un programador de computadoras. Puedes trabajar con ellas o puedes darte de topes con ellas.

LA LEY DE LA SEMILLA

Observa un manzano. Puede que haya quinientas manzanas en el árbol, cada una con diez semillas. Tal vez te preguntes: «¿Por qué se necesitan tantas semillas cuando sólo crecen unos cuantos árboles?»

La naturaleza tiene algo que enseñarnos aquí. Nos está diciendo: «La mayoría de las semillas nunca se desarrollan. Si en verdad quieres que algo ocurra será mejor que lo intentes más de una vez». Esto puede significar:

  • Que irás a veinte entrevistas para obtener un trabajo.
  • Que probarás diez pares de zapatos para encontrar uno que te quede perfectamente.
  • Que conocerás a cien chicos de la escuela para encontrar a un amigo especial.

También significa que la gente exitosa fracasa más veces: ¡ellos plantan más semillas! Además, la Ley de la semilla nos dice: «Recoges el fruto después de hacer el trabajo». Aras la tierra y riegas la semilla (esfuerzo), esperas un poco (paciencia) y entonces cosechas los frijoles. Esfuerzo + Paciencia = Resultados.

Algunas veces olvidamos este principio. Nos preguntamos: «Si hoy planto frijoles, ¿qué obtendré a cambio mañana?» La respuesta es: semillas de frijol mojadas. La Ley de la semilla dice: «Plantas hoy y cosechas… después». Si siembras frijoles hoy cosecharás frijoles dentro de cuatro meses.

Dice Fred: «Si me gustara la escuela, en verdad le echaría ganas; pero no me gusta, así que no trabajo». ¡Te equivocas, Fred! Uno sólo empieza a disfrutarlo después de hacer el esfuerzo. Es entonces cuando te empiezas a sentir bien al respecto. Primero el esfuerzo, luego la cosecha. Es un principio.

Dice Mary: «Deme un ascenso, entonces dejaré de dormirme en el trabajo».

Dice Frank: «Págueme más y dejaré de enfermarme».

Dice Jane: «Si tuviera una buena relación, sería más considerada con mi novio».

Totalmente equivocados. Necesitamos el esfuerzo primero. Cuando comprendemos la Ley de la semilla no sufrimos tantas decepciones. Dejamos de sentirnos como víctimas. Las leyes de la naturaleza no son para tomarlas de manera personal. Sólo tenemos que entenderlas, y trabajar con ellas.

Extracto del libro Sé Un Adolescente Feliz

Por Andrew Matthews

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